sábado, 21 de diciembre de 2013

LECTURA: ENRIQUE ZAS Y LA TESIS DEL COLON ESPAÑOL DE BONILLA SAN MARTIN.





                                                 ENRIQUE ZAS:
                         SOBRE TESIS INICIAL DE "COLÓN ITALIANO" Y
                                     POSTERIOR DE "COLÓN ESPAÑOL"
                                 DE DON ADOLFO BONILLA SAN MARTIN



                        LA TESIS "COLÓN ITALIANO" DE BONILLA

  Ya en prensa nuestro libro Galicia, patria de Colón, llega a nuestras manos Los mitos de la América precolombina,obra de Don Adolfo Bonilla San Martín,catedrático de la Universidad Central y de las Reales Academias Española, de la Historia y de Ciencias Morales y Políticas.Este libro trata de la patria de Colón y otros estudios de historia hispanoamericana.

 Lo dedicado a Colón, son catorce páginas escasas.Pretender—como pretende el Sr. Bonilla San Martín en tan reducido espacio—hacer un estudio sobre la nacionalidad de Colón,es el colmo de la brevedad crítica.Por lo que nos dice sobre tan debatido asunto, también hemos comprendido que carece de preparación suficiente para considerarlo autoridad en la materia; pero es el último libro publicado por la impugnación (Barcelona, 1923) y es nuestro deseo comentarlo en cuanto a Colón se refiere, de igual manera que comentaremos todos aquellos trabajos que se vienen dando a la estampa, combatiendo por sistema la nacionalidad española del Descubridor del Nuevo Mundo.

   Cierto es que el Sr. Bonilla San Martín, no se declara francamente partidario de los laneros de Genova; pero impugna la tesis española incurriendo en gratuitas afirmaciones y graves errores que bueno será destruir, porque las más desastrosas opiniones son aquellas que parecen no inclinarse abiertamente a uno u otro bando empleando para ello cierto barniz de delicadeza, digno del que no queriendo zaherir, ilustra su inconformidad con la pátina contemporizadora de la diplomacia.Vamos, pues, a copiar sus conclusiones, tanto por lo que respecta a la tesis italiana, como a la española.

   Para la italiana, ha tenido en cuenta La patria de Don Cristóbal Colón, según las actas notariales de Italia, estudio publicado por Don Ángel Altolaguirre en el Boletín de la Real Academia de la Historia (marzo de 1918), y el folleto en 8º Cristóbal Colón y Cristóforo Colombo, impreso por Don Ricardo Beltrán y Rózpide (Madrid, 1921).

   De un comedido análisis de ambos trabajos, saca el Sr. Bonilla San Martín las siguientes conclusiones:

    1º Que Colón era extranjero en España.
    2º Que era, además, genovés, si no es apócrifa la institución del Mayorazgo.
    3º Que no existe dato alguno que, de un modo seguro, enlace su familia 
        con la de Cristóforo Columba italiano.
    4º Que aunque sean sorprendentes las coincidencias entre los nombres 
        del padre y de los hermanos de ambos Colones (además de la 
        común referencia a Jerónimo del Puerto) aparecerá siempre 
        esta discrepancia fundamental: el Cristóforo Columbo italiano,
        había nacido hacia 1451,mientras que el Almirante debió 
        nacer hacia 1446 y según Don Fernando Colón (Historie IV), 
        empezó a navegar a los catorce años de edad.

   Añádase a esto—dice el Sr. Bonilla San Martín—que, según el propio Don Fernando Colón declara (Historie II), no encontró en Genova ni en Liguria, persona alguna de su familia. El mismo Don Femando Colón asegura—añade—que el comercio del Almirante y el de sus mayores, fué siempre por mar. ¿ Cómo conciliar esta afirmación con la profesión de lanero, que el padre de
Cristóforo Columbo ejercía?

   De lo que resulta, que el Sr. Bonilla San Martín está persuadido—contra la opinión de los más sesudos biógrafos e historiadores—de que Colón era genovés; pero no el cardador de la tradición.y afirma que era genovés, no obstante reconocer que el tráfico que él ejercía, al igual que sus mayores, había sido siempre por mar, a pesar también de la declaración de Don Fernando, que advierte en su libro no encontró en Genova ni en Liguria, persona alguna de su familia.

   Además, el Sr. Bonilla San Martín oyó campanas... porque nosotros no hemos dicho que era apócrifo el documento de la institución mayorazga, sino el primer testamento atribuido a Colón, en el que dice: De Genova sali y en ella nací.

  Este preámbulo del Sr. Bonilla es una delicada muestra de la razón, repartida entre Altolaguirre y Beltrán y Rózpide, a quienes realmente no quiere agraviar, sino contentar. Escarceos críticos son éstos, que se reducen a la consabida una de cal y otra de arena, porque no arrojando luz y limitándose a poner lo de arriba abajo, y lo de abajo arriba, la disertación queda reducida a una labor de entretenimiento.

  Pero esto se lee, y lo que es más lamentable, se le da crédito,porque lo autoriza persona que debe estimarse como competente en la materia, por sus cargos públicos y su representación intelectual. Por lo tanto, es necesario combatirlo, porque repitiéndose diariamente,la madeja, ya demasiado complicada, no lograríamos desenredarla en toda una eternidad.

  La primera conclusión del Sr. Bonilla San Martín, es terminante:Colón era extranjero en España.

 Veamos en qué se apoya para certificarlo.

   1º En Oviedo, que dijo había sabido por hombres de la nación del Almirante, que era natural de la provincia de Liguria. Agrega Oviedo, que unos decían que era de Saona y otros, de un pequeño lugar o villaje, dicho Nervi, que es a la parte de Levante y en la costa de la mar, a dos leguas de la misma ciudad de Genova; pero que se tiene por más cierto, que fué de un lugar dicho Cugureo.

  Dejamos a la imparcialidad del lector el comentario de estas noticias tan vagas como indeterminadas para que nos diga si con estas referencias puede establecerse el lugar exacto del nacimiento de Colón. Oviedo dice que supo por hombres de su nación que era ligur, pero sin precisar el lugar, porque, efectivamente, todo era confusión cuando se trataba de determinar la localidad.

  De lo que se infiere, que los hombres de la nación del Almirante,que dijeron a Oviedo que era ligur, no lo conocían, ni sabían realmente en qué fundar la apreciación, puesto que unos decían que era de "aquí"; otros de "allá", y otros de "más allá".Decían, pues, por decir, que era ligur. 

    Era el eco de un rumor propalado y lleno de incertidumbre. Porque si su hijo Fernando lo desmintió y el mismo Las Casas no pudo precisarlo, ni Bernáldez pudo sostenerlo, es indudablemente cierta la opinión de Navarrete, al suponer que Oviedo pudo tomar la referencia de ciertos documentos que cita no autorizados.

  El Sr. Bonilla no es, por otra parte, justo al reconocer como buena la referencia, puesto que, según él mismo lo apunta—sin duda por saberlo también de los hombres de la nación del Almirante—, el origen de los predecesores de Colón, era la ciudad de Plasencia, en la Lombardía, la cual está situada en las riberas del río Pó, y provenía por lo tanto, del antiguo y noble linaje de Pelestrel.

  Y el Sr. Bonilla sin duda alguna ha olvidado que Don Fernando Colón inquirió personalmente de los sucesores, noticias de su padre y abuelo y aquellos buenos sujetos que contaban más de cien años de edad, no sabían nada, ni nunca habían oído hablar de Colón el descubridor ni de sus ascendientes. El Sr. Bonilla también nos dice copiando a Don Fernando (Historie II) que no encontró en Genova ni en Liguria, persona alguna de su familia, ni referencias, por supuesto, ya que nada agrega a lo apuntado.

  Por otra parte, Don Fernando niega que su padre hubiera nacido en Genova, al igual que en Nervi, Cugureo y Saona. Y se nos antoja, que la autoridad de Don Fernando, calza algunos puntos más que la de Oviedo, porque Don Femando habla como hijo del descubridor, y Oviedo, como cronista. De lo que se deduce: que Oviedo NO ha podido convencer al Sr. Bonilla de que Cristóbal Colón hubiera nacido en Genova, en Nervi, Saona o Cugureo. So pena, que sea tan elástica la conciencia crítica del Sr. Bonilla, que la vaguedad de Oviedo se anteponga a la firme negativa del escritor más autorizado, si no para decimos dónde nació el Almirante, cuando menos para demostrarnos dónde no nació.

  Se ampara también el Sr. Bonilla, para considerar extranjero en España a Colón, en la institución del Mayorazgo (léase testamento apócrifo), porque en tan valioso documento dice Colón:siendo yo nacido en Genova. ..Demostrado tenemos hasta la saciedad,  que tal documento ni aun los honores de la critica merece.

  El Sr. Bonilla, como todos los escritores e historiadores españoles,confunde lastimosamente la Institución Mayorazga, con el testamento APÓCRIFO, lo que demuestra, cuánta es la perspicacia de nuestros eruditos, y cuánta su diligencia para la investigación histórica.Además, esta famosa Institución tampoco puede ser argumento para convencer al Sr. Bonilla, por cuanto él mismo nos advierte—. y esto se nos antoja un amago de retirada—, "que en tiempos de Fernández de Navarrete no existia original ni copia legalizada alguna del testamento otorgado por Colón el 22 de febrero de 1498".

  No teniendo, pues, el Sr. Bonilla una base cierta en qué ampararse,porque él mismo nos lo demuestra, la afirmativa de que Colón era extranjero en España, no es fruto del convencimiento, sino testarudez tradicional, y esto habla muy poco en favor de un crítico, que a más de crítico, es español.

  Pasemos a otro argumento.

  En cuanto a que Colón, en carta a los Reyes Católicos, escrita desde Santo Domingo, se califique a sí propio de invidiado extranjero,y que en la carta rarísima, escrita en 7 de julio de 1503, diga:

         ¿ Quién creerá qne un pobre extranjero se hobiese de alzar en tal
            lugar contra V. A. sin causa, ni brazo de otro Príncipe, y estando solo
            entre sus vasallos y naturales y teniendo todos mis fijos en su real
            corte ? . . .

  Nos remitimos al capítulo dedicado al Sr. Tejera, en nuestro libro Galicia, patria de Colón donde el Sr. Bonilla podrá informarse de todo el alcance de la palabra extranjero o extraño y la interpretación que daba el Almirante al adjetivo. Por lo que atañe a las palabras "estando solo entre sus vasallos y naturales", que el Sr. Bonilla cita con letra bastardilla, queremos suponer sea un simple recalcamiento de la oración, puesto que para nosotros no tiene importancia alguna.

   Lo que el Almirante expresa es muy lógico, al significar que sería absurdo pudiera alzarse siendo todos sus compañeros españoles y subditos, es decir:
 "que pudiera rebelarse,cuando nadie habría de secundarle, careciendo por otra parte de apoyo de otro Príncipe,  más locura aún: "teniendo a todos sus hijos en la Corte". Creemos no pudo ser más esplícito, "porque si no tenía brazo de otro Príncipe" para rebelarse, era sencillamente porque no dependía de otro soberano, y por lo tanto, no
había por qué sospechar en una traición.

  Está visto que a todo se trata de sacar punta. Una palabra por candorosa que sea, si se presta a otra interpretación, es acogida seguidamente con reservas y da motivo a una polémica interminable. Pongamos esas mismas palabras en boca de Cortés o Pizarro y a nadie seguramente hubieran llamado la atención, y, sin embarg, Cortés se alzó de la dependencia de Velázquez, y por lo tanto del Rey, y Pizarro se alzó igualmente contra la autoridad del monarca.

  El Sr. Bonilla cita también como prueba, a Andrés Bernáldez,Cura de los Palacios, porque en su Historia de los Reyes Católicos, dice así: "Ovo un hombre de tierra de Genova"..., pero el Sr. Bonilla sin duda ignora que este escritor, al dar cuenta de la muerte de Colón, afirma que era de la provincia de Milán. De lo que resulta, que Bernáldez estaba tan enterado como los demás de la verdadera cuna del Descubridor.

  Otra razón de peso cita también el Sr. Bonilla.Es la de la declaración de pruebas para cruzar a Don Diego Colón, información en la cual Méndez declara

        que el padre del dicho Virrey se llamaba Don Christoval Colón,
        ginovés.
        e que era natural de la Saona, ques una villa cerca de Genova, e que
        la madre del dicho Virrey, mujer del dicho Don Christoval, 
        se llamaba dona Felipa Monyz Perestrelo e que era natural
        de la dicha cibdad de Lisboa.

 Dice el Sr. Bonilla, que Méndez era testigo de la mayor excepción y efectivamente, así lo reconocemos; pero a esta declaración vamos a oponer otra de más excepción todavía.Se trata de Pedro de Arana, hermano de Beatriz de Enríquez, y por lo tanto cuñado del Almirante, de quien Las Casas dice que lo conoció muy bien y que era hombre muy honrado y cuerdo.

  Si Diego Méndez sirvió con energía y lealtad al Almirante, con igual energía y lealtad lo sirvió Arana. Queda, pues; a favor de éste el parentesco, y de haber conocido Beatriz de Enríquez el pueblo y país de su esposo o amante, es indiscutible que Pedro de Arana,su hermano, lo hubiera sabido igualmente.

  Pedro de Arana fué otro de los testigos de excepción en la declaratoria de pruebas para cruzar a Don Diego Colón, de que nos nabla el Sr. Bonilla, de manera que, no puede ser recusado, porque se trata de un mismo hecho. Pues bien: Pedro de Arana, pariente del Almirante, hermano de Beatriz de Enríquez, declara que no sabe de dónde era natural Cristóbal Colón.

 Que Diego Méndez, por otra parte, no había conocido a Doña Felipa Monyz, será innecesario apuntarlo, y, sin embargo, afirma

               "que la madre de dicho Virrey, mujer del dicho Don Christoval,
                 se llamaba Doña Felipa Monyz".

 El juramento de las pruebas exigía la expresión de la verdad o de lo que se creía verdad.Diego Méndez declaró, pues, que la madre de Don Diego se llamaba Doña Felipa Monyz, y como quiera que este apellido no corresponde al de la primera mujer del Almirante, es indudable que mintió a sabiendas o que así lo creía y tenía por cierto y si en esto no fué exacto, tampoco pudo serlo en lo otro.

 Para la comprobación de la inexactitud del apellido de Doña Felipa, remitimos al Sr. Bonilla para la debida justificación al Archivo de Indias (Patronato. Est. I, Caja 1, Legajo 4/II).En la consecuencia 4ª y última que cita el Sr. Bonilla como conclusiones de la tesis italiana, habla de la común referencia de Jerónimo del Puerto tomada del estudio del Sr. Altolaguirre.

  La particularidad de figurar en las mandas que dejó Colón en su testamento una para los herederos de Jerónimo del Puerto, no es exacta, por cuanto el Sr. Altolaguirre dice del Puerto y el italiano de las actas genovesas es de Porta; pero ya apartándonos de esta discrepancia, hemos de advertir al Sr. Bonilla San Martín, que hemos tenido la fortuna de aclarar este error, de lo que resulta que famoso chanceller (en gallego guarda sellos) resulta todo un granadino o, cuando menos, vecino de Granada.

 Tenemos la pretensión de que, en cuanto a la primera parte del trabajo del Sr. Bonilla, no ha salido muy bien librado que digamos; pero antes de enfrascarnos en la segunda, o sea en la tesis gallega, bueno será volver al testamento apócrifo. El Sr. Bonilla se bate en retirada y si no lo da por cierto, se inclina resueltamente a favor de nuestra denuncia y esto nos halaga grandemente, puesto que parece se va tomando en consideración lo que publicamos en el Diario Español de La Habana el 7 de agosto de 1922, esto es:

     que el testamento de fecha 22 de febrero de 1498,que han dado por
     cierto y válido todos los escritores e historiadores españoles,
      es un documento APÓCRIFO.

 Dice así el Sr. Bonilla en la página 94 de Los mitos de la América
precolombina y en la nota puesta al pie:

       Aun suponiendo que fuese apócrifa la Institución del Mayorazgo por Colón [volvemos
       a repetir al Sr. Bonilla, que no se trata del Mayorazgo,sino del testamento] institución 
       de la que, en tiempos de Fernández Navarrete, no existía original,ni copia legalizada 
       alguna...

y agrega en la nota:

       Es extraño además, que no la cite, ni la conozca Don Fernando Colón.Y no deja de 
       sorprender la evidente burla que de semejante institución hace Diego Méndez de 
       Segura, el fiel criado y escribano de Cristóbal Colón, en su testamento, otorgado en 
       Sevilla el 6 de junio de 1536, donde funda un mayorazgo cuyo capital consiste en un 
       mortero de mármol y varios libros, diciendo: ítem: en el arca grande que está en Santo
       Domingo, quedaron los libros... Estos libros dejo a mis hijos por mayorazgo.

  Está visto que el Sr, Bonilla no da una en el clavo. El Sr. Bonilla debe saber, porque así lo ha indicado el mismo Navarrete,que este testamento apócrifo o lo que él llama mayorazgo..., apareció setenta años después de haber fallecido el Almirante, con motivo del pleito entablado por la sucesión de los privilegios, una vez extinguida la línea masculina de Colón. De ser así: ¿Cómo podía referirse a él, Méndez de Segura, que había fallecido en 1536? Veamos si en la segunda parte de su trabajo, el Sr. Bonilla San Martín es más afortunado que en la primera.

         
                  LA TESIS "COLÓN ESPAÑOL" DE BONILLA.

Dice así en los comienzos el Sr. Bonilla San Martín:

           Ha sido su principal propugnador, don Celso García de la Riega, en varios artículos 
           que recogió en su libro: Colón Español. Su origen y Patria (Madrid, 1914). Sus
           argumentos fueron reforzados por don Fernando Antón del Olmet, Marqués de
           Dosfuentes,en cierto estudio publicado en La España Moderna (junio de 1910),y han
           sido ampliados,últimamente, en el libro de don Rafael Calzada La patria de Colón
           (Buenos Aires, 1920) y resumidos por el mismo Sr. Calzada, en su articulo:El idioma
           de Colón, inserto en la revista Nosotros, de Buenos Aires (noviembre de 1922). 
           También por Prudencio Otero Sánchez, España,patria de Colón (Madrid, 1922).

  Veamos la argumentación—dice el Sr. Bonilla—según la cual,"la patria del insigne navegante es Pontevedra".

     A). Colón emplea en sus escritos algunas voces genuinamente galaicas.Así, en una de 
       sus cartas describe la isla Española, y dice que alli

                       "los rayos solares tienen espeto."

         Ahora bien: espeto, dice el Sr.Garcia de la Riega, es nombre antiguo de un
         asador,muy vulgar, principalmente en la costa de Galicia, que consiste en una
         pequeña varilla de hierro, aguzada en un extremo y con ojo o abertura  en el otro lado
         para colgarlo; en este espeto, se ensartan los peces pequeños, para asarlos con 
         brevedad y limpieza. En el mismo país, cuando en algún dia el sol quema más 
         de lo ordinario, como suele suceder en marzo o en octubre,se dice:

                        "hoxe o sol ten espatos".

         En otra ocasión (en la carta que Colón escribió a doña Juana Torres,nodriza del
         Príncipe don Juan, el año 1500), aparece la palabra FAN, genuinamente gallega, que 
         es tercera persona del plural del presente de  indicativo del verbo FACER—Hacer.

    B). Algunos de los nombres impuestos por Colón a las regiones por él descubiertas, son
         idénticos a los de ciertos lugares pontevedreses o gallegos. Así, bautizó con la
         denominación de Porto Santo, a la bahia llamada de Miel, en Baracoa (Cuba), que 
         tiene en efecto gran parecido con la ensenada pontevedresa de Portosanto. Dio, 
         además, el nombre de Santiago, a un río de la isla Española que desemboca
         cerca de Montecristo, y además a la isla Jamaica. Llamó La Gallega a una isla.La 
         Gallega era también nombre popular de la nao Santa María,capitana de las tres 
         carabelas que llevaba Colón en su primer viaje.Aplicó asimismo Colón, los nombres 
         de cuatro cofradías o gremios pontevedreses (los de Santa Catalina,San Miguel, San 
         Nicolás y San Juan Bautista, patronos,respectivamente, de sastres, mareantes, 
         armeros y carpinteros), a otros lugares de las tierras descubiertas. Llamó Cabo de la
        Galea, al primer promontorio de la Trinidad; y Punta de la Galea,se llama el extremo 
        meridional de las islas Ons, situadas a la entrada de la ría de Pontevedra, como se
        denominaba Puerta de la Galea, una de las salidas de cierto terreno inmediato 
        a la casa que en Pontevedra tenía un Domingo de Colón,el viejo. Gallegos son
        igualmente, los nombres de Fano y Boto, aplicados por Colón a dos cabos.

   C). Documentos hallados en Pontevedra (trece de los cuales publica en facsímile el Sr.
        García de la Riega), demuestran "la existencia en ella de los apellidos paterno y 
        materno del ínclito navegante en el siglo XV, con nombres personales, los unos
        hebreos y los otros iguales a los de su familia conocida."

 Al llegar aquí, el Sr. Bonilla, determina algunos de los documentos que no reproducimos, porque ya en nuestro libro los hemos relacionado y son perfectamente conocidos.

    D). Si el Almirante pertenecía a la familia Fonterosa (puesto  que va muy poca distancia 
          de un matrimonio realizado  por personas de ambas familias, a la asociación para
          negocios entre estas úíltimas a que alude el documento Nº. 7, hebrea sin duda "
         ¿no habríamos de disculparle y declarar plenamente justificada su resolución de
          no revelar tales antecedentes, dado el odio a dicha raza que existía a la sazón,
          y dadas las iras que contra ella se desencadenaron en la segunda mitad del siglo
           XV?"."No merecería examen, en este caso, la decidida inclinación de Colón a las 
          citas del antiguo testamento?" (García de la Riega, ob. cit., páginas 109 y 161.)

Y añade ahora el Sr. Bonilla San Martín:

         Con tales elementos, el Sr. de la Riega llega a concluir: que Cristóbal Colón nació
         en Pontevedra en el año 1436 o en el 1437;que "fueron sus padres Domingo de
         Colón, llamado el mozo, hermano de María,y Susana Fonterosa;que el 
         Almirante hubo de estudiar la lengua latina,en alguno de los conventos
         de Pontevedra";que se embarcó poco más o menos, en el año de 1451; 
         que, emigrados de Pontevedra sus padres y su hermano Bartolomé a fines de 1452
         o principios de 1453,"se reunió con ellos en Portugal, marchando posteriormente
         toda la familia a Italia, estableciéndose desde luego en Genova, y trasladándose
         más tarde a Saona (Savona))";que andando los años, se trasladó a Lisboa, y que, 
         finalmente rechazado por el rey de Portugal, vino a España para realizar su 
         pensamiento de llegar a las regiones de la India Oriental,navegando hacia Occidente.


        La mayor parte de esta ingeniosa biografía—agrega el Sr. Bonilla—descansa en 
        hipótesis arbitrarias. Si no hay prueba fehaciente, de que el Cristóforo Columbo
        italiano sea el Almirante, y si este último no menciona jamás el nombre de su madre, 
      ¿qué fundamento existe,para decir que Cristóbal Colón era hijo de Susana Fonterosa?. 
       ¿Qué pruebas, directas o indirectas, para afirmar que nació en 1436 o 1437?

Al llegar a esta pregunta, anota el Sr. Bonilla lo siguiente:

      Andrés Bernáldez (cap. 131) dice que el Almirante murió en Valladolid en 1506, in 
      senectute bona, de edad de 70 años, poco más o menos según lo cual, habría nacido 
      Colón hacia 1436. Pero el "poco más o menos", da a entender que el Cura de Los 
      Palacios se guiaba por conjeturas, y no por ningún dato decisivo.

Y  continúa el Sr. Bonilla con estas preguntas:

      ¿Cómo probar que se embarcó hacia 1451, si existen indicios de otra fecha muy 
     distinta, como hemos visto? ¿Con qué fundamento sostener que la familia de los
     Colones pontevedreses emigró a Genova? Una hipótesis no puede servir para 
     convertir en hecho cierto otra hipótesis,ni una suma de indicios, cada uno de los cuales,
     aisladamente considerado ,no arguya demostración, puede tener la virtud de probar 
     en conjunto una conjetura determinada.Los argumentos del Sr. de la Riega, siguen 
     siendo los más importantes que se han aducido para demostrar la tesis galaica.
     Nada fundamental se ha añadido,después de su patriótico libro.Insistamos sobre ellos.

   Hemos llegado al punto culminante de la crítica del Sr. Bonilla;'pero antes de que continúe su trabajo, bueno será advertir,que tanto el Marqués de Dosfuentes, como el Dr. Calzada y el sr. Otero Sánchez, sin omitir al Dr. Rodríguez y nuestro modesto trabajo publicado el 7 de agosto de 1922 en Diario Español de La Habana, se nos ocurre que algo han modificado los principios fundamentales de la tesis.

   No discutiremos las particularidades que se relacionan con el apellido materno del Descubridor y el traslado de su familia a Italia,porque precisamente, son éstos los puntos en que tampoco nosotros convenimos con el ilustre investigador; pero hemos de advertir que no hay tesis que en sus comienzos no adolezca de graves defectos.Obsesionado La Riega por la revelación, su entusiasmo lo precipitó en errores disculpables, viendo en los documentos apellidos que concordaban con lo de las actas genovesas.

   Los nombres propios de origen judío que llevaban determinados individuos que ostentaban aquel apellido, fueron otra indicación fatal para la teoría tan brillantemente comenzada. Si el Sr. Bonilla hubiera leído todo lo que se ha publicado posteriormente, no insistiría en un punto que ya fué atacado sin compasión por los más furibundos censores de La Riega. Pero a La Riega se debe esta importantísima rectificación histórica, puesto que sus indicios han sido tan preciosos, que es imposible existan ya dudas sobre el origen GALICIANO de Colón.

  Dejemos ahora al Sr. Bonilla, hacer gala de su penetración en la censura. Refiriéndose a los capítulos que ha señalado con letras dice:

A). Espeto es voz gallega ciertamente; pero también portuguesa, y lo que es más,
     castellana. La usa, por ejemplo, el Arcipreste de Hita, en su Libro de Buen Amor
     (estrofa 1175, ed. Ducamin). En las tres lenguas tiene el significado de asador.
      En cuanto a la frase gallega: "hoxe o sol ten espetes", confieso que no ha sabido 
      darme razón de ella ninguno de los gallegos (alguno de ellos muy conocedor de su
      lengua) a quienes he preguntado. Pero si el modismo se usaba en Galicia, también 
      podía usarse en Portugal, puesto que el gallego es dialecto portugués. 
      No hay que olvidar que Colón permaneció, según da a entender, catorce años 
      en Portugal, y que gallegos le acompañaron en sus descubrimientos (el piloto
      de la Pinta Cristóbal García Sarmiento,era gallego).

   Cuando por primera vez leímos lo que antecede del Sr. Bonilla,tuvimos el propósito de silenciar esta refutación. Los contrasentidos son tantos y tantos los despropósitos, que para combatirlos con la extensión que merecen, se necesitarían muchos capítulos, porque abarcan consideraciones tan importantes, prejuicios tan arraigados y errores tan manifiestos, que para desconceptuarlos,no es bastante el límite corriente de un artículo.

    Pero como alguna vez hemos de acometer esa labor, porque no es solamente el Sr. Bonilla quien hace tales afirmaciones, como es la de que la lengua gallega es dialecto del portugués, vamos resueltamente a combatir esa intencionada provocación, con fundamentos históricos y opiniones de autores únicos, por su extraordinaria inteligencia y autoridad, y no con apreciaciones sueltas, ignaras vulgares, propias de la pedantería de un siglo que todo lo subordina al renombre.

Antes vamos a distribuir los motivos, uno por uno, del párrafo que tales absurdos contiene:

         1º Sobre la palabra "espeto".
         2º Sobre el Libro de Buen Amor del Arcipreste de Hita.
         3º Sobre el desconocimiento que tienen los gallegos de la palabra
             "espeto".
         4º Sobre que el gallego es dialecto del portugués.

   El Sr. Bonilla reconoce que La palabra "espeto" es voz gallega;pero añade, que también lo es castellana y portuguesa. No sé en qué se funda el Sr. Bonilla para decir que "espeto" es voz castellana. Sin duda porque la ha visto en el Diccionario de la Lengua. 

    De ser así, el Sr. Bonilla no debe ignorar que la Academia recoge todos aquellos vocablos que sus individuos aportan al acervo del idioma, recogidos en los antiguos manuscritos. Espeto es una de tantas voces que por este motivo ingresaron en sus columnas; pero la voz, aunque la cite Covarrubias, jamás estuvo su uso en Castilla. 

   Jamás ha sido modismo castellano. Ni en el Fuero Juzgo, ni en las Partidas; ni en los vocablos arábigos recopilados por López Tamarid, ni los anotados por Alderete entresacados asimismo del arábigo y de la Historia del rey Don Alfonso I y del infante Don Manuel, ni en el vocabulario de Germania anotado por Juan Hidalgo, ni en las consideraciones gramaticales de Enrique de Villena; ni en los Orígenes de la Lengua Española Mayans y Sisear, ni en ninguno de los libros que tratan del idioma llegados a nuestras manos; ni aun en los mismos vocabularios germanos, de los que según dice la Academia proviene la voz "espeto", o sea del bajo alemán, hemos hallado la constancia de que "espeto" sea una voz castellana.

 Esta libertad del Sr. Bonilla para afirmar lo que no puede probar, implica una ligereza censurable.El mismo Lebrija nos cuenta que el principio, progreso y perfección de la lengua castellana data del reinado de Don Alfonso el Sabio, aquel rey por cuyo mandato se escribieron las Siete Partidas, la General Historia y en cuyo tiempo comenzaron a ser trasladados los libros de latín y arábigo al romance, romance que era el antiguo gallego que hablaba Don Alfonso, y con el que escribió sus admirables composiciones poéticas,que aun hoy reclaman la atención del erudito.

   Prueba de que la voz "espeto" no es castellana ni portuguesa,lo es el hecho de que no haya prevalecido en Portugal ni en Castilla. El Sr. Bonilla afirma que después de haber solicitado noticias de la frase "Hoxe o sol ten espetos" de algunos gallegos (alguno de los cuales era muy conocedor de esta lengua), no pudieron darle razón alguna. Esto es incierto, y conste que no atestiguamos con imposibles, porque ahí están la región y sus habitantes para desmentir al Sr. Bonilla. Y desde luego también para desmentir a esos gallegos que aseguran desconocen el modismo. Probablemente los gallegos a quienes consultó el Sr. Bonilla tienen tanto conocimiento de la lengua regional como el mismo impugnador.

 No es en la ciudad donde se conocen estas particularidades, propias de la gente campesina y trabajadora. El campo y la ribera son los lugares a donde debe dirigirse la investigación. Pregúntese a uno de estos gallegos expatriados, y no ya los de las rías bajas, sino los de tierra adentro, sabrán dar razón de esa locución que tanto ha intrigado al Sr. Bonilla.En cuanto a que la voz sea también portuguesa, nada tiene de extraño, porque el portugués es lengua que tuvo su origen en el gallego, lo contrario de la enormidad dicha por el Sr. Bonilla,quien afirma con toda la seguridad del mundo, que el gallego es dialecto portugués.

   Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita, no sabemos dónde nació aunque lo insinúen Catalina García Ambles, que comentó sus obras, José Julio de la Fuente y otros. Alguno también lo hace de Alcalá de Henares.Hacemos estas observaciones, porque el Sr. Bonilla pretende seguramente, considerar el romance de sus escritos, como castellano, lo que equivaldría a titular también castellano el estilo de la lírica de Berceo.Se supone al Arcipreste de Hita, contemporáneo de Alfonso el Sabio. En tiempos de este rey, hacían las delicias de la corte los trovadores gallegos, y el gallego era entonces el idioma oficial, decretado por el mismo rey Alfonso el Sabio—no olvide esto el Sr. Bonilla—,fué el introductor de nuestra lírica y esto, en gallego,como lo comprueban sus famosas cantigas a la Virgen.

   ¡No en balde el Arcipreste de Hita, contemporáneo, llamaba "espeto" al asador! Con semejantes ejemplos, convence a cualquiera el Sr. Bonilla San Martín.

  Razón tenía Don Antonio de la Iglesia, cuando al tratar de la antigüedad del gallego, se expresaba en la siguiente forma: "Su antigüedad es tan grande, que su principio aun no puede totalmente definirse."

   Para que el Sr. Bonilla no vuelva a titular dialecto al gallego,considerándolo un derivado del portugués y para que no vuelva a incurrir en tan imperdonables errores, vamos a proporcionarle algunas noticias que no tienen desperdicio.

  En el siglo XI no sólo aparece ya formado el gallego en las Cantigas de Hermíguez, sino que también en la escritura de foro de la Abadesa del monasterio de Arnoya a Fernán Pérez, de la heredad y viña de Soberal. A esto, podemos agregar la de la tierra de Agromallo, de la monacal posesión de Areiro. Su fecha, 1054 o 1016 después de Cristo.Pero aun antes, en el siglo X, aparecen los Diálogos de San Gregorio, traducidos al gallego, legados por San Rosendo.

  Y alejándonos algo más, observamos que el poema hecho a la pérdida de España, por la invasión de los sarracenos, fué escrito en gallego en el siglo IX y en octavas de arte mayor, según puede verse en los Comentarios a las rimas de Camoens.

  Y si, como dice muy bien Lebrija, el principio, progreso y perfección del castellano, data del reinado de Alfonso el Sabio y este monarca reinó del año 1252 al 1284, el gallego no es tan sólo anterior al portugués, sino que también es idioma madre del castellano.

  Y tan cierto es esto, que si queremos hallar un signo de cultura en España, de la España primitiva y colonial, necesariamente hemos de ir a parar a Galicia, y estudiar en sus castros y mamoas su constitución primitiva,y si la antigüedad de una nación se funda en sus reliquias históricas, en Galicia hay que buscarlas, porque celtas son las maravillosas hachas de piedra, los torques, los brazaletes y otros utensilios que hoy podemos admirar en el museo arqueológico nacional.

  Y si en Galicia están los más antiguos vestigios de la civilización ibera, allí hemos de ir a buscar el origen del idioma. Y si pues, la civilización romana, y por consiguiente la lengua y literatura latinas, tomaron carta de naturaleza en España, ¿a qué negar a Galicia la prioridad, demostrada con miles de ejemplos? Y aun dentro de la civilización romana, ¿no está en Galicia su más antigua y valiosa reliquia? ¿Qué otra puede compararse con las murallas de Lugo, de puertas flanqueadas, de grandes torres semicirculares, fiel trasunto de la fortificación romana del Bajo Imperio?

 Y recurriendo a las piadosas tradiciones, ¿no es a Galicia a donde viene, el año 38 o 39, el apóstol Jacobo el Mayor y no es en Galicia donde predica la fe de Cristo y elige sus discípulos? De Galicia parte a fundar las iglesias de Ávila, Cartagena e Illiberes, y siendo el Cristianismo la Civilización, en el foco de esa civilización,necesariamente, fué a buscar Santiago el campo más ventajoso para sus predicaciones.

  Está reconocido por todos los historiadores, que el primitivo cultivador de la inteligencia, tanto en lo intelectual como en lo artístico, fué el clero católico. El clero fué también el que se impuso a la monarquía, que buscó en la Iglesia un apoyo, y de ahí la famosa legislación contenida en el Fuero Juzgo. Pues bien: ese clero salió de Galicia y ese Fuero Juzgo, dictado bajo la monarquía goda, que refleja fielmente la sociedad para cuyas necesidades
se dictaba, está redactado en romance, o lo que es lo mismo,en gallego.

  Y el Fuero Juzgo forma una de las épocas más señaladas de la historia patria, tanto en los anales jurídicos, como en el estado social del país. Es más: ha sido también el símbolo de la unidad nacional .Pasando de España a Portugal, el Sr. Bonilla no debe ignorar que los portugueses son los antiguos galaicos, porque esta referencia se halla en los más vulgares compendios de historia. Son, pues, descendientes de gallegos y de raza celta en su origen. No hablamos de los portugueses de hoy, que en sus condiciones
físicas y morales, y por razones que no son del caso mencionar aquí,forman una raza en la actualidad, que es la menos española de toda la Península ibérica.

  Sepa, pues, el Sr. Bonilla, y si lo desea, puede informarse en los libros de uso corriente, que el idioma portugués, es un dialecto del gallego, más nasal y menos armonioso y sonoro que éste. El mismo Teófilo Braga, el historiador inimitable de la literatura portuguesa, declara, que no sólo son idénticas en su esencia las lenguas gallega y portuguesa, sino que las formas arcaicas y populares, que en los escritores de las mismas épocas clásicas se encuentran, han de calificarse de verdaderos galleguismos; galleguismos que resistieron el influjo de la cultura erudita, y que todavía viven en labios de los pueblos de las provincias de Miño y de la Beira.

Creemos que esto está muy claro.Pero por si ello no fuera suficiente, vamos
 a agregar la siguiente apreciación de Menéndez y Pelayo (Antología de poetas líricos, T.III, prólogo). Dice así Menéndez y Pelayo:

          Desde tiempos muy remotos, que coinciden casi con la independencia del Condado, 
          el gallego de Portugal sufrió cierta modificación en la parte fonética, llenándose de 
          sonidos oscuros y nasales, por influjo francés directo.

 Esto, como se ve, tampoco está muy oscuro. Y ateniéndonos a la Historia oficial de España, también hallaremos la testificación siguiente:"Portugal es parte de la antigua híspania galaica".Y vea el Sr. Bonilla, cómo el reino de los suevos, que abraza toda la Gallecia, tenía por capital a Brácara Augusta (Braga). Las otras capitales importantes, comprendidas en los límites de Portugal, eran Lisboa (Olisipo) y Coimbra (Conimbriga). Estos rtos apuntes conviene divulgarlos, porque parece que se quiere olvidar la primitiva Historia de España.

  No hemos de seguir en esta labor, completamente opuesta a la índole de nuestro trabajo, porque con lo dicho basta y sobra, para llevar al convencimiento del lector que si la palabra "espeto", la usa el Arcipreste de Hita en su Libro de Buen Amor, es sencillamente porque está escrito en romance, y lo que ha dado en llamar se romance castellano, es sencillamente lengua primitiva o gallega.

  Volviendo a nuestro asunto, o sea a la crítica que el Sr. Bonilla hace del libro de La Riega, agrega lo siguiente:

   En cuanto a "fan", será todo lo gallego que se quiera; pero también es provenzal, y aragonés antiguo, y así se encuentra en el libro de Marco Polo , que seguramente conocía Colón. Decididamente, la crítica del Sr. Bonilla, es de lo más original que se ha visto.Asegurar que la tercera persona del plural del verbo "facer" (hacer), que en gallego es "fan", sea también provenzal y aragonés antiguo, es de lo más cómico que hemos oído.

   El Sr. Bonilla probablemente ignora que, siendo el monumento más antiguo de la lengua provenzal, el fragmento de un poema sobre Boecio, al que se asigna el año 1100, no puede hacer fe ciertamente ante los testimonios que nosotros presentamos de los siglos IX, X, XI, etc. Además, el provenzal es una de las lenguas neolatinas y compuesta de numerosos dialectos.Nada diremos sobre lo de aragonés antiguo, porque equivale a decir castellano antiguo.

  Por otra parte, si el Sr. Bonilla tuvo que recurrir a la estrofa ¡mil ciento setenta y cinco! del Libro de Buen Amor del Arcipreste de Hita, para buscar un ejemplo de la voz "espeto", que al fin resulta gallega, para hallar otro de "fan", tuvo que recurrir al libro del célebre viajero italiano Marco Polo, libro extranjero editado nada menos que en ¡Leipzig!. Es el primer caso de tan extremada agudeza crítica que recordamos en nuestra larga vida de disquisiciones históricas.

  Y nosotros retamos al Sr. Bonilla para que nos demuestre que ese "fan" del libro de Marco Polo de que se muestra tan ufano, corresponde a su verdadera aplicación gallega, esto es: a la tercera persona del plural del verbo "facer".Continúa el Sr. Bonilla su crítica para afirmar, por último, "que boto y fano, son asimismo vocablos castellanos."Esta crítica del Sr. Bonilla, viene a ser como la del Sr. Tejera.Afirmación magistral; pero nada de pruebas.

  Recurrir al Diccionario, tiene sus ventajas; pero también sus inconvenientes.En tan socorrido libro, el Sr. Bonilla leyó:BOTO, (del lat. buít, cuerpo obtuso): adj. ROMO DE PUNTA. Pero en castellano, según los ejemplos que aduce, "boto" es gastado, porque Ercilla, ya lo dijo:

        Unos, BOTAS espadas afilaban;Otros, petos mohosos enlucían

Y a esto, agrega Lope de Vega:

        Sin tener en romperos mi osadía,Torpes las manos y los dientes BOTOS.

  Como vemos, no es aplicado para lo verdaderamente romo, porque refiriéndose a los dientes en el ejemplo de Lope de Vega, quiere expresar embotados, que equivale a decir: enervados,... bolles. Además, los dientes humanos no son puntiagudos para considerarlos romos de punta.

    Por lo tanto, esa palabra no estaba en uso en Castilla y fué una de tantas voces incorporadas al léxico, de las recogidas como extrañas por los filólogos. Claro está que la voz es castellana en lo obtuso; del latín butt; pero no como romo en la aceptación del adjetivo gallego.

 Y lo propio ocurre con la palabra "fano" que el Sr. Bonilla vio en el Diccionario.

      FANO (del lat. fanum): m. ant. TEMPLO.

  Se denominaba "Fano" el templo consagrado a Hércules. Por lo tanto, la voz latina es antiquísima. Podemos asegurar que no encuentra en el castellano antiguo; pero sí se halla en Galicia en códices anteriores al siglo XV.

  Con referencia a los nombres gallegos impuestos por Colón en las Antillas, dice el Sr. Bonilla:

  1º  Que el número de esos nombres es bien escaso (no pasan de diez), en comparación con el total de los que Colón menciona en su diario.


  2º  Que no hay uno solo de esos nombres cuya procedencia necesariamente galaica, 
        no sea discutible. Así, llamó a un puerto de Santa Catalina, porque llegó a él el día
        de esa santa (25 de noviembre). El nombre de Porto Santo lo llevaba ya una
        isla portuguesa, de la que su suegro fué gobernador. Si denominó a un puerto de 
        San Nicolao.fué porque era día de San Nicolás, por honra suya, como escribe el
        Padre Las Casas. Si llamó a una punta de la isla de la Tortuga,Punta Lanzada 
        (como a otra Punta Aguda y a otra Punta Pierna), fué en vista de su forma. 
        Cabo de la Galea existe en Ons; pero tambien al oriente de la ría de Bilbao.

        Los nombres de San  Salvador, de Santiago, de San Juan Bautista y de San Miguel, 
        no son tan específicamente galaicos, que no pudieran ocurrírsele con la mayor 
        facilidad a cualquier navegante,español o extranjero. Y en cuanto a la
        denominación de La Gallega, aplicada a una isla,no hay que olvidar que así se
        llamaba una de las naves que llevó Colón en su primer viaje, y otra de las que
        figuraron en el cuarto.

  3º  Que había gallegos, como hemos observado, en la tripulación del Almirante, y que 
       de ellos pudo proceder la imposición de algunos  nombres.

  4º Que Colón, en esto de los nombres, se acordó también de otras regiones; así bautizó
      a una isla con el nombre de Saona (cuya procedencia italiana no puede negarse), 
      en el cuarto viaje; y en el primero llamó a un río Guadalquivir, acordándose 
      de Andalucía.

      Por otra parte, no deja de recordar paisajes españoles en su Diario;
      y así dice   que la boca del puerto de la Mole de San Nicolás, en la isla Española,
      era como la bahía de Cádiz, y que las sementeras de la isla de la ortuga parecían 
      como trigo en el mes de mayo en la campiña de Córdoba;y que tierra adentro de 
      Puerto Escudo, vido... todo a semejanza de Castilla, y que había montañas 
      más altas que la isla de Tenerife en Canaria; y que cierta isla, la estimaba por
      mayor que Inglaterra;y que el Cabo Samaná era asi como el Cabo de San Vicente 
      en Portugal; y hasta habla de que pescaron muchos pescados COMO LOS 
      DE CASTILLA. (¡ !). Ahora bien; ¿no es  verdaderamente excepcional y chocante, 
      dada la hermosura de las costas y de la tierra gallega,que ni una sola vez
      se le ocurriese al Almirante establecer comparación con la topografía de su hipotética 
      región?

  Como se ve, hay aquí tela larga donde cortar.Dice el Sr. Bonilla, que el número de nombres gallegos puestos por Colón en las Antillas es bien escaso (no pasan de diez) en comparación con el total de los que Colón menciona en su diario.

  Leyendo esto, se nos ocurre que el Sr. Bonilla no pudo leer nuestro trabajo publicado en el Diario Español, de La Habana,fecha 7 de agosto de 1922; pero como en otra parte, cita las Pun tas Pierna y Aguda, que corresponden a nuestra probanza, no sábemos a ciencia cierta qué pensar.

  Queremos suponer que, efectivamente, el Sr. Bonilla no lo haya leído, pues de otra manera, no aseguraría que no excedían de diez los tópicos que por otra parte cita y que corresponden en su mayoría a la investigación de La Riega.En su consecuencia, no abrumaremos al Sr. Bonilla con el peso de una prueba tan decisiva y esperaremos su rectificación o impugnación para proceder en consecuencia. Nos limitaremos, pues,a refutar los argumentos que este segundo articulado o párrafo señala.

  Dice en la segunda consideración, que no hay uno solo de esos nombres, cuya procedencia necesariamente galaica no sea discutible.Veamos si efectivamente es cierto. Dejaremos sin réplica los de Santa Catalina, San Nicolás, San Juan Bautista y San Miguel, que perteneciendo a cofradías gallegas,no vale la pena de comentarlos, porque, como ya hemos manifestado en otra parte, son pruebas de escaso interés y los alegatos abundan 
para la demostración.

  En cuanto a Porto Santo, si bien es cierto que este nombre lo tenía una isla portuguesa, no es menos cierto que lo llevaba y lleva un puerto de la ría de Pontevedra, cercano a la aldea de San Salvador, en que fundadamente se supone nació el Almirante. Y como quiera que el nombre impuesto por Colón, fué a un PUERTO y no a una ISLA y lo que bautizó en América fué un puerto, debemos dar la primacía a la localidad gallega, porque ésta se ajusta en un todo a la probanza y aquélla resulta un justificante irregular.

  Que el gobernador de aquella posesión portuguesa, fuera suegro del Almirante, es una de las tantas fantasías de la tradición,y como sobre ello ya hemos remitido al Sr. Bonilla para su comprobación al Archivo de Indias, donde se guarda el documento aclaratorio, pasaremos a otro asunto.

     Si llamó a una Punta de la isla de la Tortuga—agrega el Sr. Bonilla -Punta Lanzada (como a otra Punta Aguda y a otra Punta Pierna) fue en vista de su forma.

  Hemos de aclarar que Punta Lanzada pertenece a la probanza de La Riega y las otras dos a la nuestra. Veamos eso de la forma, porque pudiera ser que el Sr. Bonilla no nos convenciera; pero sí es muy posible que convenciera a nuestros lectores. Para aplicar la interpretación a la forma, tenemos tres denominados, que son: Punta Lanzada, Punta Aguda y Punta Pierna.Así, pues, la forma de la Lanzada, debe ser a manera de amagar con una lanza, o cuando menos y para los efectos del símil,la punta de esa misma lanza. 

  Que exista un cabo en América, que a simple vista y aun  con catalejo de gran alcance, aparente la punta de una lanza, creemos...¡Dios nos perdone! que no lo ha visto nadie. Y que otro, aparente una pierna, creemos que tampoco pudo verlo nadie en América.

  Queda, pues. Punta Aguda y aquí, sí que el Sr. Bonilla nos pone en un verdadero aprieto. Porque una punta de tierra, puede ser aguda; pero en este caso, cabe la misma denominación para la de La Lanzada, porque bien mirado, tanto vale Punta Lanza como Punta Aguda: las dos son puntas y por consecuencia agudas. Ahora bien: La Tortuga, algo elevada en su centro, desciende considerablemente en sus extremidades y por el N. E. S. que corresponde al reconocimiento de Colón, o sea la extrema que avanza hacia la isla de Cuba y que nosotros conocemos perfectamente; las puntas o salientes, son contadas, porque en toda su extensión es roca tajada con buen número de arrecifes.

  Por allí no hay punta que sea aguda y mucho menos que tenga la apariencia de una lanza; y con la apariencia de una pierna, no lo han visto nuestros ojos, ni los del Almirante, ni los de los infinitos marinos que anclaron en el fondeadero de Bajatierra y que cruzaron el canal que separa a esta isla de la de Santo Domingo.

 Entonces, y puesto que lo que demostramos es de fácil comprobación, el Almirante, no bautizó aquellas puntas en vista "de su forma" como dice el Sr. Bonilla. Dejemos hablar al Almirante, que será quien habrá de confundir con su relación a nuestro impugnador. Dice así el Diario de aquél:

      Después vino viento Levante; navegó con él al Nornosdeste; llegó a la isla de la
     Tortuga, vido una punta della que llamó la Punta Pierna,que estaba al Lesnordeste 
     de la cabeza de la isla, y habría doce millas, y de allí descubrió otra punta que
     llamó la Punta Lanzada, en la misma derrota del Nordeste, que habría dieciseis
     millas. Y así,desde la cabeza de la Tortuga hasta la Punta Aguda, habría cuarenta
     y cuatro millas, que son once leguas al Lesnordeste.

   Agrega el Almirante, que en aquel camino había algunos pedazos grandes de playa, lo que efectivamente es cierto. Dice también Colón, que esta Isla de la Tortuga, es tierra muy alta; pero no montañosa.Es decir, que Colón tan pronto como llegó a la punta extrema de la Tortuga, bautizó un cabo con la denominación de Punta Lanzada. Al divisar otra, saliente, la tituló Punta Pierna y como más adelante percibiera otra avanzada de costa, la puso por nombre Punta Aguda. Bautizó, pues, las tres puntas, una a continuación de otra, puesto que bien claro se expresa en el Diario de navegación,y esas tres puntas corresponden a otras tantas de la costa pontevedresa, que llevan la misma denominación. 

  Son, pues, tres accidentes geográficos de Galicia, de la exclusiva pertenencia de PONTEVEDRA. De ser esto, una coincidencia, habría que convenir que era la coincidencia más estupenda de que tenemos noticia.

   Pues bien, a pesar de todo ello, el Sr. Bonilla nos dice muy serenamente que tan extraordinario bautizo fué debido "a la forma" de las puntas.Ahora bien; hemos de agregar que tanto Punta Aguda, como Punta Lanzada, de los accidentes geográficos gallegos, son más romas que agudas. En cuanto a la Punta Pierna, tampoco tiene la de Galicia esa configuración; pero sí la isla (mayor de las Cíes), según puede comprobarse por el primer plano que venga a mano.

   Poco afortunado ha estado el Sr. Bonilla, al buscar para su refutación una de las pruebas más abrumadoras para reconocer el origen galiciano de Colón.En cuanto a que los diez nombres de los bautizos que cita son escasos para una probanza, por lo discutible, hemos de añadir que si correspondieran a la costa de Genova, basta con desdén se hubiera mirado la fe de bautismo de Colón, si hubiera sido posible hallar en una parroquia gallega tan  interesante documento.

  Dice también el Sr. Bonilla, que Colón bautizó una isla con el nombre de Saona, cuya procedencia italiana—agrega—no puede ser discutida. Repetimos lo dicho a Tejera: que en Italia, no existe tal denominado geográfico y que se ha confundido lastimosamente una palabra indígena, con la villa italiana. Saona hay que interpretarla por oro, que era como llamaban los indios de Santo Domingo al precioso metal. Una cosa es Saona y otra Savona, como una cosa es Montiel y otra Mantilla.

  Además, no consta que esta pequeña isla fuese bautizada por Colón. Este ya había interrumpido la relación de su diario al pasar por esta isla, y si bien otros suponen que la bautizó Don Bartolomé, no hay quien pueda demostrarlo, porque no hay constancia de que el hermano del Almirante bordeara aquella parte de la Tierra.

  En cuanto a que hubiera bautizado un río con el nombre de Guadalquivir, y que haga comparaciones en su Diario para enaltecer la campiña de Córdoba y las tierras de Castilla, nada tiene de particular; al contrarío, es una demostración más que agregar para la certificación de su españolismo.

  Dice el Sr. Bonilla que es verdaderamente extraño y excepcional que, después de citar tantas localidades españolas, ni una sola vez se le ocurriera al Almirante establecer comparación con la topografía de su hipotética región. Eso es incierto, y prueba que el Sr. Bonilla no leyó el Diario del Almirante, extractado por Las Casas, pues de haberlo visto, hubiera observado que se sirve, para una comparación de distancia, de la ciudad de la Coruña y señala en otro lugar el Cabo de Finisterre. Además, según podrá reconocerlo
por nuestra demostración geográfica. Puerto de la Mar de Santo Tomé, Cabo del Boy, Punta de la Guía, Punta Petis, Punta de Cas, y otros muchos accidentes geográficos gallegos, que seria ocioso repetir y que son de procedencia necesariamente galaica, como lo requiere el Sr. Bonilla, son a nuestro juicio, más que sobradas demostraciones para pulverizar los argumentos del autor de Los mitos de la América precolombina.

  Ya ve, pues, el Sr. Bonilla, cómo no "es chocante que ni una sola vez se le ocurriera a Colón establecer comparación con la topografía de su hipotética región", como nos lo dice con tanto énfasis.

   Todo esto se evitaría, si antes de hacer aseveraciones tan desprovistas de base como las que hace el Sr. Bonilla, los impugnadores estudiaran con detenimiento las fuentes de información de que disponemos y que al desconocer en absoluto, dan pie, para que nos mostremos algo severos con quienes tenemos que serlo, necesariamente, puesto que invocan para la impugnación, títulos que debieran hacerlos más cautos cuando se entregan a sus apasionadas teorías.

  Todo lo apuntado es nada comparado con el paréntesis admirativo de que hace uso el Sr. Bonilla, cuando copia aquellas palabras del Almirante: "pescaron muchos peces como los de Castilla". A esto el Sr. Bonilla estampa una admiración (!.. !), que equivale al colmo de la sorpresa. Este paréntesis incidental quiere expresar poco más o menos lo siguiente: ¡Como si en Castilla, que no tiene puertos de mar, se pudieran pescar peces de la magnitud
de los del Océano!

  Y esto, lo da a entender el Sr. Bonilla, creyendo seguramente que la Castilla de ayer se reducía a los límites de la de hoy.

  Y naturalmente, puso en duda con una silenciosa admiración,que en el Manzanares pudieran pescarse entonces pixotas y sardinas.En cuanto a que Colón llevaba gallegos en sus viajes, es cosa por demás sabida; pero que esos gallegos hubieran podido bautizar con denominativos gallegos algunas localidades, es inadmisible, porque el Sr. Bonilla debe saber también que Pinzón se permitió el lujo de bautizar un río con su nombre y el Almirante se apresuró a descalificarlo, llamándolo de Gracia. Hay, además, constancia documentada en una carta de los reyes, de que los nombres impuestos a las tierras de las indias occidentales, se debieron exclusivamente a Colón.

  Que Colón hubiera tomado como ejemplo a Inglaterra para significar el tamaño de una isla, es otra prueba a nuestro favor, porlue siendo  los marinos del Norte de España, y no los del Mediterráneo, los que traficaban y pescaban en los puertos de la Gran Bretaña, es de suponer que tuviese Colón como mareante gallego más conocimiento de las tierras del Norte por haberlas visitado con más frecuencia. Que cite por otra parte el Cabo de San Vicente, las montañas de Tenerife, la bahía de Cádiz y otras localidades de España,todo ello sirve para reforzar nuestra tesis, puesto que, si para ejemplos recurre a España, y NO a Italia, con mayor abundancia, demuestra más conocimiento y atención a lo nuestro que a lo extraño.

  Vamos ahora al tercer considerando, separado por la letra C).Asegura el Sr. Bonilla que en cuanto a los documentos pontevedreses,prueban de un modo inconcuso que había Colones en aquella comarca y que algunos de ellos llevaban los mismos nombres que el Almirante y que personas de su familia; "pero desgraciadamente—prosigue—no autorizan para afirmar que el Descubridor del Nuevo Mundo procediese de allí, o tuviera pariente alguno." Y termina de esta enfática manera: "En el siglo XV había también Colones en Tarragona y en Cáceres."

  Nos va a permitir el Sr. Bonilla que no aceptemos su conclusión,puesto que hay necesidad de demostrar que había Colones en Tarragona y en Cáceres. Esto es de poca monta, si bien es un argumento más en favor de la tesis española; pero no basta decir había; porque francamente, siguiendo este método de crítica iríamos nosotros a parar muy lejos. También había en Córdoba un Bartolomé Colón "gallego", que se presume muy justificadamente, era hermano de Domingo de Colón el viejo y por lo tanto, tío segundo del Almirante. De modo, que si había Colones gallegos en Córdoba en el siglo XV, nada tiene de extraño que los hubiera también en Tarragona y en Cáceres.

  En lo que se refiere a que los Colones que figuran en los documentos pontevedreses, no autorizan desgraciadamente, para afirmar que el Descubridor del Nuevo Mundo procediese de allí, ya nos dirá el Sr. Bonilla cuáles son a su juicio los elementos de prueba. Probablemente,el Sr. Bonilla es uno de los que necesitan la fe de bautismo de Colón, para convencerse de que el Almirante era gallego. Desgraciadamente, decimos ahora nosotros, el Concilio de Trento había de tardar bastantes años en celebrarse y las mismas disposiciones sobre la materia empezaban a encajar con grandes dificultades, después de dictadas por el Cardenal Cisneros. En conclusión, añade el Sr. Bonilla,no hay por ahora, fundamento sólido  para afirmar que Cristóbal Colón naciese en tierra española.

  Lo que hay, es una contundente afirmación suya: la de que era extranjero, y por tal lo tuvieron sus hijos, descendientes y amigos íntimos. Quizá fué italiano (y así ha de afirmarse, si la Institución del Mayorazgo es auténtica); quizá portugués; pero desde luego, no hay dato seguro que nos certifique el lugar y fecha de su nacimiento.

  Después de leída esta final declaración del Sr. Bonilla, se saca sn consecuencia que la tesis española va ganando terreno, y esto a pasos agigantados.

Los que hoy hacen estas afirmaciones, decían ayer:

    1º Que era insensato, pretender que Colón fuese español.
    2º Que ante el formidable testimonio de los documentos italianos,
         era locura asignar otra patria a Colón, que la de Genova.
    3º Que al afirmarlo los historiadores antiguos y modernos, era
        razón más que sobrada para rechazar todo intento de rectificación.
    4º Que otra razón más poderosa aún se oponía, como era la
       declaración personal e incontrovertible en su testamento, de que
       habia nacido en Genova.
    5º Que había constancias sobradas en los escritos y cartas de
       Colón, para negar hasta la posibilidad de que el Descubridor del
        Nuevo Mundo hubiera tenido otra patria que la de Italia.

 Que ahora, queda reducido a lo siguiente:

  1º Que Colón, puede o no puede ser italiano y que desde luego,
      no pertenece a la familia de los cardadores. Que también pudo
      haber sido portugués; pero ¡nunca! español.
  2º Que muchos de los documentos de Genova son falsos, o
      cuando menos, que se refieren a otros Colombos. Eso ya está
      completamente admitido.
  3º Que los historiadores han sufrido graves errores y que,
      unos por parcialidad y otros por desconocimiento de causa, han
      interpretado ciertos actos y escritos del Almirante, en sentido muy
      contrario al espíritu de la verdad.
  4º Que el testamento o institución mayorazga del Descubridor
      (desde el momento en que nosotros denunciamos el documento
      como APÓCRIFO), ofrece dudas con respecto a su autenticidad y que en
      tiempos de Navarrete, no existia original ni copia legalizada alguna
      y  que no se duda pueda ser apócrifo.

  5º Que si de las cartas y escritos del Almirante, se saca la
       consecuencia de que el Almirante era extranjero, no es menos cierto
       que los documentos pontevedreses prueban de un modo inconcuso
       que había Colones en aquella comarca, cuyos nombres llevaron
       el Almirante y personas de su familia.

  A esto, hemos de agregar que La Riega, ya no es el intruso, el logrero y el arrivista; antes al contrario, su libro Colón Español, es un erudito y bien intencionado alegato.Queda, pues, admitido que la impugnación se bate en retirada. El Sr. Bonilla aun se enfrasca en otras consideraciones, antes de dar por terminado su trabajo.

  Dice que Colón escribió en estilo llano y popular; pero a veces con torpeza y confusión extraordinarias. Probablemente, no hablaba bien ningún idioma, y conocía superficialmente varios (propia condición de navegante profesional). Esto dice el Sr. Bonilla; pero se dispensa el probarnos esa torpeza y confusión extraordinarias, que advierte en los escritos de Colón. Somos enemigos de los críticos doctorales que no sostienen sus afirmaciones con pruebas y ejemplos, sino con declaraciones vacuas y personales apreciaciones.

  Colón, escribiendo, podría dar lecciones de estilo a muchos que critican la forma de su lenguaje. Humboldt, que se nos antoja autoridad por sus incomparables conocimientos, es de nuestro mismo modo de pensar.El Sr. Bonilla, también nos dice que, según toda verosimilidad (?) su origen era plebeyo, puesto que como él dice, escribiendo a los Reyes Católicos, éstos "me anoblecieron que dende en adelante yo me llamase Don". Tampoco aquí está muy afortunado el Sr. Bonilla, puesto que en la solicitud o contrato de recompensas que precedió a las capitulaciones de Santa Fe, ya el futuro Almirante se hacía titular Don.

  No es menos cierto, que cuando los reyes le concedieron el escudo de armas, ya Colón tenía armas propias, cosa que tampoco debía ignorarse.Copiando a La Riega, dice también el Sr. Bonilla:

      Si su origen era humilde, humildísimo—escribe La Riega—o su familia tenía alguna 
 condición que fuese obstáculo, o por lo menos entorpecimiento para la realización
 de su grandioso proyecto,que le rebajase ante la altiva nobleza española, 
¿por qué habremos de censurar que ocultase tales condiciones, y usase para
 ello inexactitud tan excusable señalando cuna distinta y aun opuesta a la verdadera, 
 a fin de hacer infructuosas las indagaciones de la curiosidad?

 A esto, replica el Sr. Bonilla:

      Es verdad: si tales condiciones hubiesen existido, sería explicable la falsedad(que una 
      vez probada ésta) cometida por Colón. Pero ¿cómo probar que esas condiciones 
      concurrieron, si nada sabemos fehacientemente acerca del origen y patria 
      del Almirante, como no sea lo que él mismo dice? No pudiendo comprobar que sea 
      el Columbo de los documentos italianos,ni el Colon de los gallegos,¿no es 
      un contrasentido razonar sobre la hipótesis cualquiera de las dos procedencias,
      para echar por tierra una declaración positiva que el propio Colón hizo 
      terminantemente? ¿Para qué esforzarnos por buscar explicación de la mentira
      del Almirante, cuando no podemos asegurar que mintió?

Estas son las últimas palabras del trabajo del Sr. Bonilla.

 Vayan pues, también, las últimas nuestras.Hablando la Riega de las razones que pudieron haber existido  para que Colon ocultara su origen, replica el Sr. Bonilla:

        "Es verdad; si tales condiciones hubiesen existido, sería explicable la                  falsedad"

  Y preguntamos nosotros: ¿En qué se funda el Sr. Bonilla para que aquellas razones no hubieran concurrido? Porque la misma ley que lo amapara para imponer su criterio, ampara seguramente a la Riega para exponer el suyo.

 Dice el señor Sr.Bonilla que es un contrasentido razonar sobre la hipótesis de cualquiera de las dos procedencias, para echar por tierra unad eclaración positiva que el propio Colón hizo terminantemente. Claro está que se refiere a la declaración del testamento en que dice el Descubridor: "De Genova salí y en ella nací." Pero nosotros decimos al Sr. Bonilla que eso no es verdad,Le decimos asimismo, que ese documento es APÓCRIFO.

  Si tan autorizado parece para hacer hacer prevalecer su opinión y considerar auténtico un documento, como es aquel risible y ridículo escrito ,pruébenos que tiene la razón y que nosotros estamos en un error.Medios le sobran para cerciorarse de la verdad y confundirnos con testimonio de tanto peso.

Pero tenemos la certidumbre de que el Sr. Bonilla no se tomará ese trabajo y que sabrá reguardarse tras un prudente silencio, porque sería más que desairada su posición, después de tratar honrada y noblemente, de rectificar una impostura.

                                            ENRIQUE ZAS.



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