jueves, 10 de julio de 2014

PEDRO ALVAREZ DE SOTOMAYOR : RELATOS (VIII):"BAYONA DEL MIÑOR" ( 1918 ).


                                                       



     En el limite del solar español, cerca de la risueña y amable tierra portuguesa, donde la gran visión de las montañas contrasa con la llanura inquietante del mar, hay un valle maravillosamente verde, que se abre por uno de sus lados sobre la costa; y al extremo de este Valle, una blanca villa al pie de una península coronada por viejas murallas: Bayona del Minor.


    El recinto defendido avanza en el agua, y el caserío que se extiende á sus dos lados se retrata en el cristal de la bahía, y llega hasta las rocas batidas eternamente por las olas. Y las piedras altivas y guerreras separan dos modos de paisaje: el blando y femenino del interior, con sus playas suaves en que el agua suena armoniosamente, con sus montes cuajados de pinos que llegan a la orilla del mar, y el bravo y violento de la costa acantilada y desnuda, de las islas grises que se hacen borrosas en la neblina de las rompientes... 

   Hoy, Bayona del Miñor es una humilde villa de pescadores, que descansa de su vida legendaria y evoca su pasado azaroso y brillante. Testigos de él son las murallas de Monte Real, doradas por los siglos; su bella colegiata romántica, y [as casas solariegas y silenciosas que encontramos en las calles torcidas, en las plazas que comentan 

amente nuestros pasos... 
                                               

     La actual Bayona se llamo Erizana en la antigüedad, y fué señorío de los monjes de Santa María de Oya por privilegio de Alfonso VII, fundador de este monasterio, á mitad del camino del poblado á la frontera portuguesa. Poco tiempo después, á principios del siglo XIII,Alfonso IX de León concedió fueros á los habitantes de Erizana y de Báredo, aldea próxima, y dio á la nueva villa el nombre de Bayona

    Para ella empezó una era de prosperidad, siéndole concedidos otros privilegios, fueros y franquicias, por Fernando III el Santo y Alfonso XI, deseosos de fomentar el aumento de las poblaciones marítimas. Don Juan I, en el siglo XIV hizo merced de Bayona á Vasco Pérez de Camoens, pariente del gran poeta lusitano, quien no supo defenderla de los ingleses del duque de Lancaster, y cuando éste abandonó sus pretensiones á la corona de Castilla y se hicieron las paces con el rey de Portugal, D. Juan I, hizo perder su señorío á Camoens y ordenó que los habitantes abandonasen la villa y habitasen en el Monte de Boy, para su seguridad.

   
                                         

     En 1425, D. Juan II señala como únicos puertos dei reino de Galicia para comerciar con el Extranjero los de Coruña y Bayona; pero tanto bienestar y prosperidad acabarían pocos años más tarde, pues las guerras de sucesión á la Corona, á la muerte de Enrique IV, y las luchas de los siervos contra los señores iban á destrozar la región, sumiéndola en la obscuridad y en la ruina. 

      Y en este momento, de tanto interés para la historia de España, y para la historia gallega particularmente, se dibuja la figura violenta y feudal del más ardiente defensor en Galicia, de la Beltratneja: Don Pedro Alvarez de Sotomayor, conde de Camina por merced de D, Alfonso V de Portugal, que apoyaba los derechos de Doña Juana. 

    Vasco de Aponte, en su Tratado de linajes de Galicia, que escribió en 1333, dice que la Casa de Sotomayor <de las nueves casas que en el reino son las más sabidas desde la muerte del rey Don Pedro, es la mas antigua de todas >, y que <para mandar la Casa de Sotomayor todo el Obispado de Tuy, sólo le faltaba el Condado de Ribadavia y la villa de Bayona y la casa de Sabroso, y aun en esta algo mandaba .

     Al fallecimiento de Fernán Yáñez de Sotomayor, que, según Vasco de Aponte, «nunca fué vencido ni preso>-, le sucedió su hijo Alvaro Páez, «ía cuya muerte, sin hijos ni hermano legitimo, quedo un hermano suyo bastardo, que habia de ser clérigo, que se llamaba Pedro Alvarez de Sotomayor,que era bastardo natural que lo hubiera su padre Fernán Yañez de una hermana, prima ó sobrina de la condesa de Ribadavia, la que murió a lanzadas». 
   
                      
   Llegó la época de las revueltas aldeanas, cuando los villanos gallegos hicieron Hermandad y se levantaron contra los señores y derrocaron todas las fortalezas de Galicia, con excepción de la de Pambre, y Pedro Alvarez se acogió á Portugal, donde el rey le casó con Doña Teresa de Tabora. Allá pidió á sus parientes y amigos auxilio para recuperar sus tierras, lo que consiguió, recuperando también las de los demás señores que le acompañaron en la cruzada, derrotando siempre á los villanos capitaneados por Alonso de Lanzós y el hijo del conde de Trastamara; y cuando el arzobispo de Santiago, D. Alonso de Fonseca, quiso deshacer á los caballeros gallegos, luchó contra él y le tomó á Padrón, Pontevedra, Vigo, Redondela, Caldas y Castro do Monte, y á la Corona Real tomó Bayona con el Monte de Boy, y arrebató Túy al obispo, y además de tomar otras fortalezas, mató á Gregorio, de Valladares y á Tristán de Montenegro, en cuya sepultura, en el convento de Santo Domingo, de Pontevedra, grabaron: Aquí yace Tristán de Montenegro; murió de un espingardazo. 

  Le llamaban entonces Pedro Madruga, porque madrugaba mucho para hacer sus cabalgadas y sus hazañas; nos dicen que era un aventurero audaz que hacia la guerra por mandato imperioso de su temperamento. En poco más de dos años logró todos estos éxitos, hasta que, preso a traición por gentes del conde de Benavente, y tomada por asalto Bayona por las tropas de Ladrón de Guevara, su fortuna empezó á declinar. 

    Sin embargo, poco después, y habiendo pasado otra vez la ciudad de Túy al obispo D. Diego de Muros, éste, con gran fuerza de escuderos y peones, fué á Bayona, y creyendo que era aquel lugar seguro, por haber allí un corregidor de los Reyes Católicos, despidió á los suyos á la llegada, riñendo con ellos por cuestión de las pagas. Sabido esto por el conde de Camina, envió á la villa una noche sesenta criados suyos, que cercaron la casa del obispo, y encomendaron —dice Vasco de Aponte—a meter cinco apellidos: Solomayor, Villamayor, Ulloa, Andrade y Moscoso y otros apellidos, y aunque en los de la villa había diez para cada uno, nunca osaron salir de su casa, y los del conde echaron fuego á la casa del obispo y lo sacaron preso por la barba encima de una mula ó macho, y traíanlo de monte en monte, de bal en bal y de fortaleza en fortaleza. 

  Quince meses duró el cautiverio del prelado, hasta que el de Camina, temiendo de los Reyes Católicos, lo mandó libertar, y se acogió al monasterio de San Leonardo, en Alba de Tormes, para solicitar el perdón Real, que no llegó, pues fué ajusticiado allí por el alcalde de Proyano en 1486. 

  Bayona empieza nuevamente á florecer. Un suceso feliz viene á dar más brillo á sus blasones; Pinzón, con la carabela Pinta, fondea en su puerto, haciendo la primer escala en la tierra española, al regreso del descubrimiento de las Indiasoccidentales. Los Reyes Católicos fortifican Monte de Boy, conceden privilegios á los vecinos que en número de doscientos ó más vayan á poblarle, y le dan el título de Monte Real. Esta carta-puebla está expedida en Burgos el 15 de Enero de 1497. Al amparo de esta nuevo orden de cosas, la' villa de Monte Real llego á contar setecientos vecinos; pero el pueblo marinero y pescador no abandonó la villa vieja, que también prosperó á la par.    

 A la puerta de Monte Real se llega por un camino orillado por árboles centenarios, entre una playa de pescadores y un campo donde las mujeres marineras cosen las redes mientras cantan las viejas canciones del país. Dos garitas de piedra dan guardia á la entrada, de donde arranca, bajo el túnel de la fronda, la carretera que sube al palacio. A poca distancia, y en una revuelta brusca, aparece la puerta del primer recinto de murallas. Esta puerta monumental, flanqueada por dos columnas, está coronada por una bella piedra de armas con el escudo de los Austrias, y debajo una inscripción reza que fué construida reinando Felipe IV, en el año de 1656. 

    Más allá, y dejando á la derecha un baluarte llamado «El Cantiño», el camino domina la bahía y el valle, á cuyo fondo se levanta el palacio de los condes de Gondomar, que fueron gobernadores de esta plaza.* Detrás dejamos la masa imponente Qe la torre del Reloj, por cuyos flancos trepa la hiedra, que conmueve los sillares. En esta torre estaba la campana que servía para anunciar la llegada de enemigos, campana que costó diez ducados, y tenía la fecha de 1510. Al lado se abre la puerta del Sol, y UN poco más arriba, y pegada á la cortina que mira hacia la villa, se levanta, restaurada, la casa de Pedro Madruga. 

   Siguiendo el camino almenado, frente al horizonte sin limites, llegamos á la torre del Príncipe, atalaya situada en la parte más saliente de la fortificación, frente á las islas y á la entrada de la bahía de Vigo. Desde este sitio corre la muralla, á gran altura sobre las rocas, hasta la prisión de la Terraza, torreón imponente, de esbelta linea, que flanquea con el Cantiño una playa de arena fina y de suave pendiente, sombreada por pinos y animada por un gran bosque de geranios. 

   Si continuamos por la carretera principal, abandonada antes al pasar la primera puerta, hallamos una segiuida de muy bello dibujo, defendida por una barbacana y coronada, como la anterior, por las armas españolas. Al otro lado, la clave del arco ostenta el escudo con las trece roelas de los Sarmientos. En este sitio el bosque se hace más espeso todavía, y el camino sube ondulando, bajo el ramaje que oculta el cielo, hasta salir frente al palacio que, cimero y luminoso, se alza á su finalI.

     Así es en la actualidad el castillo de Monte Real, Su mole gris, que arranca en partes del agua misma, parece oponer un poder de eternidad á la eterna fuerza del mar y guarda, á través de los siglos, un aroma caballeresco y legendario. La historia de este monte es la historia de Bayona, toda llena de ruido de armas, de desembarcos de piratas, de incursiones de tropas abigarradas y crueles. La sombra del conde de Camina pasa por el adarve al morir el día, meditando nuevas algaras, mientras la campana de la colegiata invita á la oración de la tarde y los bravos pescadores de antaño se recogen al puerto después de las faenas de la jornada.

     Para ellos la Historia sigue abierta siempre, inexorablemente, por la misma página, una página que dice de privaciones y dé peligros, de resignación y de humildad. 
                  


FUENTE:

  CONDE DE SANTIBÁÑEZ DEL RÍO

LA ESFERA AÑO 1918





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