jueves, 19 de diciembre de 2013

OS IRMANDIÑOS . REVUELTA POPULAR GALICIA 1467 -1469( EMILIO QUIÑONES GIRÁLDEZ ).






COMO SE AHONDÓ EN EL CONOCIMIENTO DE LOS “IRMANDIÑOS”

De esta revuelta popular de “Os Irmadiños” del S. XV, desarrollada en Galicia entre 1467 y 1469, se tenía referencias pobremente documentadas, conociéndola sobre todo por los historiadores siguientes:

Vasco de Aponte, vasallo de Freire de Andrade, en cuya casa de Puentedeume debe escribir su obra en el primer tercio del S. XVI. Conoció la revolución por él mismo o por testimonios dados a él por protagonistas y testigos directos, y por lo tanto escribe de primera mano.

Bartolomé Sagrario de Molina, Canónigo de Mondoñedo de origen malagueño,aporta datos de la revuelta en su obra “Descripción del reino de Galicia”, impreso en 1550 en Mondoñedo.

Fray Felipe de la Gándara Asimismo se tienen noticias por este primer Cronista de Galicia, nacido el Allariz en 1596.




D. Benito Vicetto Pérez, historiador, 1824/1878, nacido y muerto en Ferrol, en su “Historia de Galicia”.

D. Antonio López Ferreiro, Canónigo compostelano, Licenciado, nacido en 1837 en Santiago, y que falleció en Vedra en 1910. En 1896 publica la “Historia de Galicia en él ultimo tercio del S. XV”, tomando como referencia rioritariamente a Vasco de Aponte,y con documentos del archivo de la Catedral de Santiago, ahondando más en el tema, al descubrirse la primera documentación del proceso Fonseca/Tabera.

D. José Couselo Bouzas, Conónigo, nacido en 1869 en Santiago y fallecido en
Santiago en 1962. Alumno y discípulo, de López Ferreiro. Publica en 1926 “La guerra hermandina-siglo XV”, después de conocer las declaraciones de los testigos del pleito.

D. Salustiano Portela Pazos, nacido en Cotobad en 1877, y fallecido en Santiago en 1976. Numerario de la Academia de la Historia, Diácono de la Catedral de Compostela, trata el tema de los “Irmandiños” en su obra “Galicia en tiempo de los Fonsecas”.

Es sin embargo a caballo entre el S. XIX y S. XX, a partir de D. Antonio López
Ferreiro, cuando aconteció el hallazgo de las declaraciones de los testigos en el Pleito Fonseca/Tabera, y después del estudio de los documentos de las mismas, cuando más se supo de esta revuelta del puebuez Varelalo gallego.

HALLAZGO DOCUMENTOS DEL PLEITO TABERA-FONSECA

Es en 1889 en la revista “Galicia Diplomática IV”, donde Bernardo Barreiro de
Vázquesz Varela da a conocer la existencia en San Martiño Pinario de Santiago, de unos documentos del S. XVI, que hablan de un pleito entablado entre los Arzobispos Fonseca III y Tabera en el año 1526. Son 17 pliegos los encontrados.

Pero es en el año 1922, cuando el archivero Pablo Pérez Constanti encuentra en el “Archivo secreto” del Palacio Arzobispal unos atados, (46 y 47), con el texto completo del pleito.

Sin embargo quien ahonda en este tema es el Presbítero compostelano D. José
Couselo Bouzas, que analiza las actas de ese proceso y estudia lo ocurrido 400 años antes. 

En 1926 el Sr. Couselo Bouzas publica su obra “LA GUERRA HERMANDINA.
SIGLO XV” basándose prioritariamente en el estudio de esa documentación del pleito.

MOTIVO DEL PLEITO

El 26 de Abril de 1526, Alonso III de Fonseca (hijo y sucesor de Fonseca II) que ese momento era Arzobispo de Compostela, es nombrado Prelado de Toledo.Pasa a sustituirle como Arzobispo de Compostela, D. Juan Tabera el 12 de octubre del mismo año.

El 26 de Diciembre de ese año de 1526, el nuevo Arzobispo reclama a Fonseca III diez millones de maravedís como indemnización por los daños sufridos en los castillos, fortalezas y casas pertenecientes a la Mitra compostelana, durante el gobierno de Fonseca II y del propio Fonseca III. 

Esos daños eran fruto de las revueltas de los “Irmandiños”,y de los enfrentamientos de Fonseca II con sus enemigos los Nobles gallegos, y a la
negligencia de los dos Fonsecas en el arreglo de lo dañado, con lo cual todo se fue deteriorando y derrumbando.

La ocupación de la Mitra de Compostela por Fonseca II fue de 1463 a 1506, ciclo coincidente con la revuelta “Irmandiña”. Su hijo, y sucesor como Arzobispo de esa misma Diócesis, Fonseca III, ocupó el Arzobispado de 15O7 a 1526, o sea, durante el comienzo del proceso.

PRESENTACIÓN DEL PLEITO

Nombran cada parte jueces, árbitros, procuradores, y peritos en tasación de
desperfectos. Los jueces y procuradores recorren Galicia preguntando a los que vivieron la revuelta 50/60 años antes, indagando sobre lo derrumbado y lo reconstruido. Los procuradores de Tabera hacían más hincapié con los favorables a la “Santa hermandad”,mientras los de Fonseca a la parte contraria.

Arbitraron en el litigio por parte de Fonseca el letrado Simón Rodríguez, y por parte de Tabera el letrado Juan Bernal, siendo por parte del Concejo del Rey, el licenciado Santiago. Como técnicos que auditaron el estado de los bienes del Arzobispado santiagués, los arquitectos Juan de Álava y Juan Gil (o Mozo). Y como canteros Joaquín de Auñón y Pedro Muros.

En este pleito declararon como testigos por ambas partes personas de todas las clases sociales y edades, que ofrecieron datos y hechos solo conocidos por esta fuente, que además de describir la arquitectura de edificios hoy en día desaparecidos, dan referencia de leyendas y mitos relacionados con hechos clave, y que de una u otra manera habían participado, o fueron testigos de los hechos acontecidos durante la formación y revolución “Irmandiña”.

Es interesante el análisis minucioso que el historiador Carlos Barros hace en su libro “A mentalidade xusticieira dos irmandiños”, en donde confirma, como consecuencia de las declaraciones de los testigos, hasta que punto el pueblo estaba oprimido por el Clero y la Nobleza en Galicia en esa época.

Los testigos eran personas que cuando se desarrolló la revolución eran niños o muy jóvenes. Hacía más de 50 años que habían ocurrido los hechos. Según el estudio de Carlos Barros, en cuanto a formación, el 73 % de los testigos que declararon eran analfabetos,(siéndolo entre los marineros y labradores el 100 %). 

En cuanto a su dedicación, el 41% eran campesinos, y los marineros y oficiales artesanos el 12 %. El 47% restante serían de la clase dominante, el clero y villanos.

RESOLUCIÓN DEL PLEITO

Se sabe que 8 años después de la denuncia, el 28 de Enero de 1534, siendo por
entonces Arzobispo de Toledo, Fonseca III se reafirma en su posición inicial, pero acepta hacer un pago de 200.000 maravedís.

Ese pago no llegaría a realizarse, por que fallecería a los pocos días de aceptar el pago reducido, el 4 de febrero de ese mismo año.Es nombrado para ocupar la vacante en la sede de Toledo (curiosamente), el titular de la sede compostelana Juan Tabera, por lo que las diferencias habidas en el pago se desvanecen definitivamente. Se supone que se archiva.

PARTE POSITIVA DE ESE PLEITO

Aunque no sacó nada positivo Galicia en ese pleito para la recuperación del legado monumental, sí con las declaraciones documentadas, que recogidas y archivadas en folios, sirvieron para estudiar y recuperar el conocimiento de una etapa de la historia de Galicia, como es la revolución de los “Irmandiños”, 400 años después de ocurridos los hechos.

SITUACIÓN SOCIAL DE LA ÉPOCA

CLASES DOMINANTES

Cuando Ordoño II (910-924) fija la capital del Reino en León, el alejamiento de
Galicia del centro del Reino de Castilla/León, y de la influencia de sus reyes, (ocupados éstos en la lucha contra los moros, o en asentar y conservar su trono, casi siempre amenazado), fueron causas que contribuyeron a dar mayor independencia y un poder más grande a los señores feudales gallegos.

 Éstos, sintiéndose poderosos, y escasamente controlados por el Rey, ejercían sobre sus súbditos un poder absoluto e ilimitado. Ese estado de cosas perduró hasta finales del S. XV.La Galicia que comienza con el S. XV, estaba dominada por dos grupos de poder:

la Iglesia y la Nobleza.

La Iglesia tenía el poder en las zonas “Abadengo”, que comprendía las cinco sedes obispales: Santiago, Orense, Lugo, Mondoñedo y Tuy. La de Compostela era con mucho la que tenía más bienes y poder, al ser sede Episcopal.En esas ciudades, (así como en los Monasterios y su entorno), el Obispo tenía el poder absoluto sobre sus moradores que solían ser artesanos, comerciantes, negociantes, etc. 

En las aldeas y en los Monasterios, los moradores eran labradores. En teoría, los Nobles no podían disputarles su poder, cosa que en Galicia a veces lo hacían, con enfrentamientos en los que tenía que intervenir el Rey para dirimir esas diferencias. En sus demarcaciones, los Obispos disponían de los habitantes de sus Sedes para la lucha contra sus enemigos. Eran éstos los señores espirituales y materiales de sus súbditos.

Además los Monasterios y Abadías tenían grandes zonas de dominio, con las
mismas atribuciones sobre sus moradores que tenían las sedes Episcopales
Los Obispos de las Diócesis, en especial la de Santiago, solía estar muy enfrentada con la Nobleza. 

Ésta trató siempre de disputarle el poder. Durante la época “Irmandiña”, Fonseca II en algún momento incluso tuvo que abandonar la sede compostelana, obligado  por el Conde de Altamira. En Tuy, durante noventa años, los Sotomayor impidieron que los cinco Obispos designados consecutivamente por el Papa pudieran sentarse en la Silla Obispal. 

En las otras Diócesis algo semejante.

La Iglesia incluso tenía en arriendo castillos y tierras a Hidalgos, en especial el Arzobispado de Santiago, que era muy rica. Los Consejos municipales de las cinco sedes episcopales gallegas, fueron solos, y a veces apoyados por la Nobleza, los que intentaban frenar el poder de los Obispos,con los que mantuvieron una lucha constante durante siglos, por ser estas ciudades de su
jurisdicción (Abadengo). 

Los Obispos hacían lo que los Nobles en sus dominios: cobraban
tasas, impuestos, tributos. Controlaban el funcionamiento del Consejo, nombraba a sus regidores, y elegía el Alcalde de la ciudad.En cuanto al resto de Galicia estaba repartido como un coto de caza. La Nobleza,que por entonces ostentaba el poder, tenía dos orígenes:

LA VIEJA NOBLEZA

Por un lado la “Vieja Nobleza”, que eran los señores de cuna muy antigua, algunos con raíces de origen de los reyes godos, en cuyas casa se criaron algunos de los primeros Reyes de León y Castilla siendo niños.
En 1460 había en Galicia tres personajes que eran los Nobles de primera clase, y como tales eran reconocidos en la Corte:

D. Pedro Alvarez Osorio de Villalobos, Conde de Trastámara. (Sus scendientes fueron los Traba). El titulo le fue concedido por D. Juan II en 1445 por su lealtad y ayuda en la batalla de Olmedo contra los insurgentes. Fue envevenado en la Corte en 1461, al oponerse a que el Arzobispo Fonseca I ocupase la Silla de Compostela a su llegada, pues pretendía esa dignidad para su hijo el Deán del Cabildo, D. Luis.

D. Pedro Alvarez Osorio de Cabrera, Conde de Lemos. (No confundir los personajes del mismo nombre).

D. Diego Pérez Sarmiento, Conde de Santa Marta, y dueño entre otros bienes de Ribadavia, que se casa con Dª. Teresa de Zúñiga. En esa época era el Adelantado Mayor de Galicia Después de estos había también otros personajes, que aunque poderosos, no tenían el rango de Nobleza otorgado por el Rey, pero después, ante la debilidad del rey Enrique IV, se fueron atribuyendo títulos sin el consentimiento Real.

Estos Nobles, que eran de solera y raigambre, solían tener con sus vasallos un
comportamiento humano dentro del poder absoluto que sobre ellos ostentaban, un trato más bien paternal. Los vasallos a pesar de tener que contribuir con su trabajo y sus impuestos a su señor, y acompañarlo en sus campañas guerreras, exponiendo su vida en causas de las que ellos no sabían nada, les tenían casi veneración, y les eran fieles.

Los Nobles eran sus señores, y como tales se comportaban, aunque podía haber alguna excepción.En la segunda mitad del S. XIV, la “Vieja Nobleza”, salvo esas raras excepciones, siempre fue fiel a Pedro “el Cruel”, incluso después de su muerte. Tal es así, que antes de que Galicia cayese en manos de su hermanastro y asesino Enrique II “el de las Mercedes”,prefirieron y apoyaron al Rey de Portugal, Fernando I, al que nombraron Rey de Galicia
de 1369 a 1371, siempre con la esperanza que después se independizase Galicia en la persona le la hija del fallecido Pedro “el Cruel”, Constanza, casada con el ingles Juan de Gante, Duque de Lancaster.

Cuando Enrique II sofocó la rebelión en Galicia, parte de esa Nobleza que estaba en su contra, tubo que exilarse, sobre todo en Portugal, perdiendo su patrimonio, pero con el paso del tiempo fueron retornando, y les fueron restituyendo estos bienes perdidos. El Rey Enrique II y su sucesor Juan I fueron magnánimos en ese sentido.

CLASE NUEVA

La otra Nobleza de Galicia o “clase nueva”, se originó a la muerte de Pedro I “el Cruel”, y fue fomentada por Enrique II el de las “Mercedes”.
A la muerte de Alfonso XI en 1350, le sucede en el Trono su hijo Pedro I “El Cruel”, que es quien tiene derecho a la Corona. Desde el momento de ser nombrado rey de Castilla, su hermanastro Enrique, el de “las Mercedes”, intenta usurparle el puesto.

 Para esto busca aliados por todo el Reino, y como Pedro I “el Cruel” da motivos de odio en general, (por que parece que su comportamiento es cruel en realidad), Enrique encuentra muchos aliados en Castilla, haciendo ofrecimientos de favores a quien lo apoye. Lo que trata Enrique es que se fomente el descontento en Castilla contra su hermanastro, y que Pedro abandone el Trono. 

Hay momentos que Pedro solo encuentra apoyo en Galicia y el sur del reino. Reinaban a la vez, y no de una manera clara los dos: Pedro y Enrique.
A la muerte de Pedro I a manos de su hermanastro en Montiel en 1369, la Nobleza gallega seguía siendo fiel al Rey asesinado, y Enrique II al no poder contar con ella, hizo en Galicia que venía haciendo en el resto de su reino de Castilla, recurrir a Nobles de segunda fila e Hidalgos, con favores y “mercedes”, sabiendo que estos estaban ansiosos de poder y riquezas, y ponerse a la altura de los Nobles de casta y raigambre.

La ambición de la nueva Nobleza gallega era mucha, y no duda ponerse al lado del nuevo Rey Enrique II. Esta fue la “clase nueva” en la que se apoyó en Galicia Enrique II de Trastámara. Cuando se afianzó en el trono una vez hubo asesinado su hermanastro, fiel a su palabra,recompensó a los que le habían ayudado.Estos nuevos Nobles en su ansia de poder, quisieron hacerse ricos en poco tiempo.

Para esto comenzaron a cargar con impuestos y gravámenes a sus vasallos, de manera desmesurada. Con su avidez y osadía, unida a su desconsideración, crearon primero la inquietud, y después el resentimiento y el odio de las clases populares. Siguieron con esta manera de actuar de opresión a los vasallos los descendientes de los favorecidos un siglo antes por Enrique II, y esto fue la simiente en la cual nació la inquina y el odio acumulado durante tanto tiempo hacia los poderosos, y en donde iba a brotar la rebelión del pueblo.

Para D. José García Oro, la insurrección “Irmandiña” de 1467 que se extendió por toda Galicia, se originó por la reacción popular en contra el expansionismo señorial de la “nueva clase”, o más bien sus descendientes. El pueblo estaba harto del abuso de esos señores, que los estaba exprimiendo, y que muchos de ellos albergaban y apoyaban a los malhechores.

VASALLOS

Los señores tenían todos los derechos. Los vasallos no tenían ni siquiera el derecho de nacer o morir.Al nacer un niño, el vasallo tenía que pagar la “goyosa”. Al morir el vasallo tenía que pagar la luctuosa”, y consistía en que el señor se apropiaba de la mejor cabeza de ganado de su cuadra. La ”mañeira” por heredar de sus padres. La “encila” si vendía alguna finca Al casarse pagar las “osas” o “calzas”. 

Pagar el “fonsado”, que era la obligación de presentarse armado cuando su señor se iba de campaña a la guerra. El deber de aprovisionar de alimentos en caso de guerra, o si el señor pasaba por sus tierras y que se denominaba “yantar” o “conducho” u “hogaza”. Si quería conseguir un trabajo la “fanceira”. El mejor animal de su cuadra era para el Señor. Si hacía una casa o vendía la
que tenía, también debía tributar y se llamaba “imposición” o “fumaje”. Si cambiaba de domicilio el “movicio”. 

Estaba obligado a trabajar gratis las tierras señoriales, y reconstruir
sus fortalezas y castillos varios días a la semana. Naturalmente también pagaban foros o tributos en especie. Las mejores muchachas las beneficiaban los Nobles. Y así más. Dentro del comportamiento tan inhumano, cabe pensar que algunos Nobles actuarían con cierta humanidad y no fuesen tan tiranos. Sobre todo la “Clase vieja”

ABUSO DE PODER DE LA NOBLEZA

Dado el estado social, con el exceso de abusos y violaciones de los derechos del pueblo por parte de los Nobles, se trató de buscar una unión, y poner un dique a tanta opresión. Por eso era necesario, entre el pueblo, que los que tenían diferencias, o alguna cuestión pendiente, las cortasen y se pusieran en completo acuerdo. De eso hay un notable ejemplo de avenencia y conciliación:

 En Junio de 1467, (debía ser al inicio de la revuelta),se reunieron el Cabildo de Santiago con el Arzobispo y los moradores de los cotos de Caamouco, Lubre y Cervás, en que hicieron una alianza firmada por el Procurador del Arzobispo Pedro González de Cesuras, y los procuradores del Cabildo Luis de Páramo y
Fernán Suárez, donde la Iglesia reconoce el esfuerzo de muchos años de los habitantes de esos lugares para pagar en especie de pan, gallinas y dinero, dispensándole la Iglesia con ese acuerdo del pago en especie, quedando solo el pago en dinero. 

A las viudas una gallina al año. La Iglesia comienza a reconocer la opresión sobre el vasallo.Hubo un tiempo por esa época, que a los Nobles tenían muchos enfrentamientos entre sí o con la Iglesia. Se dedicaron a hacer grandes obras defensivas, sobre todo en construcción de fortalezas y castillos. La aportación de los vasallos fue primordial.

Los villanos y campesinos estaban exasperados por las vejaciones de sus señores. No bastaba que contribuyesen con su pedido a la construcción de sus fortalezas, sino que además debían contribuir con su esfuerzo personal, y poner su ganado a disposición para el acarreo de los materiales. Levantada la fortaleza empezaba para el vasallo otra serie de vejaciones: cuando pasada por las cercanías habría de pagar el pasaje, o portazgo, y pontazgo para la conservación de las fortalezas.

Pero era de esa fortaleza, a que ellos habían contribuido a su construcción, de donde salía el señor o sus secuaces a robarlos, y después regresaban a ella a guarnecerse. Más que los señores, (ellos no estaban en todas y cada una de las suyas), eran los Alcaldes de esas fortalezas los que dirigían los robos y secuestros, de ahí la saña que con ellos emplearon los “Irmandiños” durante la revuelta.

Los señores solían luchar entre sí por territorios u otras cuestiones. Entonces de la fortaleza salían los señores a hacer la guerra contra otra fortaleza de otro señor, y los pecheros o vasallos pagaban casi siempre los costos de esas guerras fratricidas, de las que ellos no obtenían nunca beneficio alguno, y a veces perdía la vida.

La formación de las “Hermandades, y después de los “Irmandiños”, fue como consecuencia de la reacción de los oprimidos. Las antiguas “Hermandades” creadas y apoyadas por el Monarca en todo el Reino para perseguir a los malhechores, derivó en los llamados “Irmandiños”, creadas en Galicia para seguir persiguiendo también a los malhechores de todo tipo, como los que abrigaba y protegía la Nobleza en su seno.Querían erradicar la injusticia de la Nobleza.(En casi todas declaraciones del pleito Fonseca/Tabera, el pueblo muestra un odio total a las fortalezas).

ANTECEDENTES DE LOS “IRMANDIÑOS”

PRIMERAS REVUELTAS EN GALICIA

El poder excesivo de los señores feudales, civiles y eclesiásticos vienen de
principios del S. XII. Ya se formó entonces en tiempos de Dª. Urraca (1109-1126-1140) en Compostela una “Hermandad” de vecinos que tuvo una participación muy activa en las luchas civiles de ese tiempo, aliándose la “Hermandad” con Dª. Urraca contra el Arzobispo Gelmírez y el Conde de Trava, o aliándose la “Hermandad” con estos señores contra la Reina. Según le convenía a la “Hermandad”, cambiaban de aliados.

La “Hermandad de vecinos” estaba integrada por el vecindario y acaudillados por los Regidores. (que en el caso de Santiago, al ser una ciudad de  “Abadengo”, serían nombrados por el Arzobispo)En las principales ciudades y villas del reino de Galicia, que eran de “Realengo”,fueron los Concejos municipales los que propiciaron la formación de las “Hermandades”.

En la Sedes Episcopales (Santiago, Lugo, Orense Mondoñedo y Tuy), en que los Concejos eran nombrados por los Obispos, frecuentemente se aliaban estos Concejos con la Nobleza para frenar el poder y la ambición eclesiástica. Como se ve, son los propios órganos de poder (Concejos) el que trata de frenar el abuso de quien lo nombró.

Estas “Hermandades” estaban muy desarrolladas en Europa en el S. XII. Porque los burgos tenían un gran crecimiento, al desarrollarse enormemente el comercio, la industria y el artesanado. Pero Galicia aun tenía un gran atraso en ese sentido. (Quizás fuesen las peregrinaciones a Santiago el único nexo de unión de Galicia con el mundo exterior, en especial del pueblo llano).

Fue Galicia una de las primeras regiones del Reino de Castilla en que se manifestó el movimiento comunal contra el excesivo poder de los señores feudales, civiles y eclesiástico. Como lo vimos anteriormente, es en la primera mitad del S. XII cuando formó en Compostela una “Hermandad de vecinos”, que tubo una gran influencia y una participación muy activa en las luchas civiles de su tiempo.

En la “Hermandad compostelana”, entraban todos los vecinos de Santiago
agrupados en torno al Consejo de la ciudad, y eran los regidores de estos Consejos los que aparecían como sus caudillos. En estos Consejos tenían como principales valedores a los comerciantes y artesanos, y a la vez habían surgido también tanto en Segovia como en Toledo, donde por entonces eran los principales centros del comercio y de la incipiente industria textil, como Santiago lo era de Galicia. Hasta aquí el objeto de las “Hermandades” era equilibrar el poder Eclesiástico y el de la Nobleza.

Pero ya en el S. XIV las “Hermandades” se formaron prioritariamente con el
objeto de perseguir malhechores en distintos puntos de Castilla. En Valencia y Mallorca le llamaban “Germanías”. Ya Juan I en 1386 en las Cortes de Segovia, había editado un Decreto dando el acuerdo a su creación. En Compostela se formó la primera en 1418 basado en este Decreto, y con el consentimiento del Rey Juan II.

La realidad es que la Corona estaba entonces interesada, hasta cierto punto en la creación de las “Hermandades ciudadanas”, para aprovechándose de ella, contrarrestar así de algún modo, la fuerza e independencia de los señores feudales, que frecuentemente estaban enfrentados al poder real.

Esta “Hermandad civil compostelana” de 1418, totalmente voluntaria, a la cual el Concejo de la ciudad autorizaba, los Alcaldes ordenaban, y los Cuadrilleros (pertenecientes a las diez parroquias de la población) capitaneaban, (y como dice un historiados), representaban una nueva fuerza. Al recibir ordenes directas de los Municipios, y al crear su propia milicia popular, la “Hermandad” pasaba a ser un importante elemento para jugar un papel decisivo en la lucha antifeudal. Como así ocurrió.

Sin embargo en 1420 en una reunión en el Consistorio de Santiago, se denuncia que los señores feudales, los Merinos y los justicias del Rey bloquearon la misión que tenían las “Hermandades”. Trataban de impedir su desarrollo, y que éstas no puedan cumplir el objetivo que tenían encomendadas en su fundación.

Un año después, en 1421, debido a la presión le los ciudadanos compostelanos, el Rey Juan II acusa al Arzobispo de Compostela de haber llamado gentes sin su licencia y mandato “para imponer juntamente con los Nobles, a los vasallos y ciudadanos grandes contribuciones en dinero, como donaciones, empréstitos, etc.”. Se debe entender que obligaban por la fuerza a que contribuyesen los ciudadanos y vasallos a sus señores, como donaciones y empréstito, para que no figurase como impuesto.

LOS BURGUESES Y VILLANOS CONTRA EL PODER DE LA IGLESIA

Sin embargo, la oposición del pueblo a esos abusos no fue una reacción repentina.Las concesiones o “mercedes enriqueñas” comenzaron a darse en el tercer tercio del S. XIV, pasado el año 1380, casi un Siglo antes de la gran rebelión. En ese intervalo de tiempo, hubo varios levantamientos antiseñoriales y anticlericales, siendo contra este ultimo poder más frecuentes. En 1385/8 contra el Obispo de Orense; en 1386 contra el Obispo Salcedo de Lugo; en 1403 también otro levantamiento contra el Obispo de Lugo.

Recién estrenado el S. XV, siendo Rey de Castilla Enrique III “el Doliente”, en
Lugo se ocasionó un enfrentamiento entre el Obispo D. Lope y la burguesía. La protesta fue tan violenta, que un grupo de burgueses asesinó al Obispo. Los culpables de la muerte de Obispo fueron ejecutados.

Años más tarde, en 1419, reinando Juan II, los vecinos de Orense se alzaron aliados con algunos hidalgos de la villa contra su Obispo Francisco Alonso que fue arrojado al río por varios criados del hidalgo Pedro López de Mosquera, muriendo el Obispo ahogado en el Miño.

“SOMOS GALEGOS E NON NOS ENTENDEMOS”

En 1410 reinando en Castilla Juan II, (1406-1454) y teniendo éste 5 años, sus Regentes que eran su madre Catalina de Lancaster y su tío el Infante D. Fernando, pidieron ayuda para la toma de Antequera al Arzobispo de Santiago, D. Lope de Mendoza, (que llegara de Sevilla en 1400, y ocupó la Mitra compostelana 45 años). Este se dispuso a participar contando con la ayuda de los Srs. de Andrade, Ulloa y Moscoso.

 Reunieron un ejercito de nueve mil hombre. Durante la marcha hacia el frente de batalla, a medio camino entre Sanabria y Benavente, los tres capitanes comenzaron a discutir por el mando de las tropas. Al final no se ponen de acuerdo y abandonaron la marcha, regresando cada uno a
sus posesiones, quedando solo el Arzobispo Lope de Mendoza que estaba inflamado de espirito guerrero. Siguió solo con sus tropas, y cooperó en la toma de Antequera, siendo herido por una flecha enemiga en un pié.

De esta falta de entendimiento queda la frase de Payo Gómez de Barbeita: “Somos galegos e non nos entendemos. . . ”En esa batalla de la toma de Antequera, (24 de Septiembre de 1410), participó el Noble gallego D. Fadrique Enríquez de Castro, Conde de Trastámara y Duque de Arjona,acompañando al jefe del ejercito castellano el Infante D. Fernando (de Antequera),(después Fernando I de Aragón), que era corregente del Rey Juan II, y con quien D. Fadrique tenía lazos de amistad.

REBELIONES CONTRA LA MITRA COMPOSTELANA DE 1418 y 1445

Durante la ausencia en Antequera del Arzobispo D. Lope de Mendoza, se formó en Santiago un Consejo o Hermandad para acabar con los privilegios de la Iglesia. En una carta que el Arzobispo Mendoza envía al Papa Martino V, se queja de esa insurrección,denunciando que Santiago y su señorío pertenecen desde tiempo inmemorial a la Iglesia de Santiago, y acusando a los dirigentes del Gremio y en especial a Ruy S. Moscoso,“el Tuerto”, caballero, que en su juventud fue canónigo del cabildo, N. Carneyro, sastre, Gutierre Fernández, carnicero, Jacobo, guarnicionero, Fernando Fresno, sastre, Diego Pérez, zapatero... y otros más. Estos encabezaron la rebelión negándose a pagar los tributos habituales, formaron un Consejo, e impusieron sus propios impuestos.

Los eclesiásticos les amenazaban con la excomunión, a lo que ellos les respondían encogiéndose los hombros: “¿qué es la excomunión? ¿es blanca o negra?.Por miedo a Ruy de Moscoso “el Tuerto” y a su “Hermandad”, el Arzobispo D. Lope de Mendoza buscó el apoyo del Conde de Trastámara, D. Fadríque Enríquez de Castro, nombrándole Pertiguero Mayor de la Catedral. Esta protección duró hasta 1429,en que D. Fadrique fue reclamado por Juan II para que le ayudase en la campaña contra Aragón.

En esa campaña, iba D. Fadrique al mando de las fuerzas de Galicia acompañado entre otros por Nuño Freire de Andrade, Ruy Sánchez Moscoso, Arias Pardo, etc. Las inclemencias del tiempo y los malos caminos retrasaron su llegada a Burgo de Osma que era donde le esperaba el Rey. Juan II no pudo atacar a los ejércitos de Aragón y Navarra como estaba previsto al no reunir a todo su ejercito.

 El válido de Juan II, D. Álvaro de Luna (que tenía gran envidia al gallego), achacó el fracaso de la campaña al retraso en la llegada de D. Fadrique, y el Rey, que estaba muy influenciado por su valido D. Álvaro,ordenó su prisión. El Conde de Trastámara fue encarcelado en el Castillo de Peñafiel.Después de un tiempo murió en el calabozo del Castillo de pesar.  Otra vez en 1445 se ven libres los compostelanos legalmente y temporalmente del Arzobispo. D. Lope de Mendoza, que había llegado de Sevilla en 1400, que deja la Mitra
compostelana después de 45 años.

Como los bienes del Arzobispado de Compostela son muchos, Juan II extiende una Cédula, en donde éste se reserva para sí y para sus herederos y sucesores el señorío jurisdiccional de la ciudad de Santiago. Los santiagueses se ven libres temporalmente, pero debieron haber reclamaciones de la Iglesia por mediación del Papa, y el nuevo Arzobispo vuelve a recuperar la sede y toma posesión del Arzobispado. Pero pasados 3 años, y debido al abuso del nuevo Arzobispo, se amotina el pueblo. 

El prelado huye de Santiago y el pueblo se erigió soberano. La “Hermandad compostelana” fundada en 1418 apoyó aquel movimiento popular.

PRIMERA REBELIÓN “HERMANDADES” DE 1431
PROTESTA DE LOS VASALLOS DE NUNO FREIRE DE ANDRADE ANTE JUAN II
  El señor de Ferrol, Puentedeume y Villalva, Nuno Freire de Andrade II, era hijo de Pedro Fernández de Andrade, 3º señor de Puentedeume, y según algunos en su tiempo “el señor más rico de Galicia”.A este Andrade le denominaban “o Mao” (el Malo) por la presión que ejercía sobre sus vasallos. Administraba la justicia en su feudo, “y gozaba de llevar al tormento a los ferrolanos”. 

Era Freire de Andrade un personaje ostentoso y cruel. Ejercía sobre sus
vasallos represión total. Se recuerda que en el año 1427 visitaron Santiago de Compostela el Infante D. Enrique de Aragón y el conde de Haro. Pues bien, Nuño Freire de Andrade los llevó a su palacio de Puentedeume, y los obsequió con numerosas fiestas y banquetes, cuyos gastos tuvieron que sufragar sus vasallos. Al año siguiente decidió participar en la campaña de Aragón, y para el abastecimiento de sus tropas impuso un nuevo tributo en todos sus dominios, que colmó la resignación de los hasta entonces sumisos vasallos.

Ante eso se rebelaron las clases populares, que enviaron una comisión a buscar apoyo al poder Real. La comisión que presidía Pedro Padrón, se desplazó a Zamora, una de las capitales itinerantes, (nunca en Galicia), en donde por entonces estaba el Rey Juan II, para recordarle de los privilegios concedidos a las villas por Sancho IV, y después en 1350 ratificado por su nieto Alfonso XI.

Era el año 1432. Juan II se negó a recibirles, y Pedro Padrón llegó a levantar acta notarial del hecho de que el Rey no los recibiese, ante las mismas puertas del palacio real de Zamora, en Enero de ese año 1432, dejando constancia de la petición que al Rey hacían los vasallos de Nuno Freire de Andrade, de los abusos de dicho señor, y acusando al Rey de traición por no apoyarles. Pedro Padrón basaba su protesta en el privilegio que Sancho IV (1284-1295) había concedido a Ferrol, y según el cual, ”si algún Monarca sucesor suyo atentase contra mi derecho de villa Realenga, me ampare y me defienda hasta contra él o contra quien fuese”.

Fracasada la reclamación ante el Rey, la comisión muy descorazonada regresó a Galicia. Esta protesta enérgica de un representante de Ferrol ante la Corona en defensa de sus derechos de “villa realenga”, fue la forma pacifica más elevada de expresar la razón que asistía a los ferrolanos. Fueron capaces de acusar al Rey de traición, por no apoyar un privilegio dado por un antepasado suyo a una villa. (En ese momento, no pisaba en suelo de Galicia un Rey 56 años) 

Cuando el pueblo supo del abandono en que los seguía teniendo la Corona, y antes de que el Concejo se reuniese y tomase ninguna decisión, ya se había desatado todo el odio acumulado en el pueblo. Los artesanos y burgueses de Ferrol salieron a la calle armados con lo que encontraban a mano. A la vez los campesinos y marineros que sufrían la misma opresión, se habían encaminado hacia la villa. Villanos y campesinos fraternizaron en una Hermandad. 

Sumaban éstos pre “Irmandiños” tres mil personas. Se unieron en Ferrol a esta fuerza los villanos de Betanzos, Puentedeume y Coruña,que conocieron el desprecio a que fueron sometidos los representantes de Ferrol por
el Monarca de Castilla, siendo estas fuerzas capitaneados por el hidalgo coruñés Ruy Xordo. Con ese refuerzo, él número de personas sobrepasaba de diez mil. De este modo nació la “Hermandad Fusquenlla”, convirtiéndose en un movimiento de emancipación de campesinos, marineros, burgueses y artesanos. Su enemigo era el Noble Nuno Freire de Andrade, que los oprimía de manera extrema.

El hidalgo coruñés Ruy Xordo se convierte en el líder de esta primera revuelta
“Irmandiña”. Cuando todas estas fuerzas llegaron a Puentedeume, comprobaron que Nuno Freire de Andrade temeroso, por que supo del alcance de lo que se le venía encima, había abandonado su ciudad, refugiándose en Monferro. Quedaron la mitad de las tropas rebeldes luchando con fuerzas que dejó el de Andrade en Puentedeume, y la otra mitad salió en persecución de Nuno Freire. Llegaron a Monferro, pero al temer no resistir, y ser apresado, Nuno Freire de Andrade se había escapado a Santiago, a acogerse bajo la
protección del Arzobispo Lope de Mendoza.

Regresó a Puentedeume Ruy Xordo. Sus fuerzas habían tomado la villa, y estableció ahí su cuartel general. Destruyeron cuanto pertenecía a Nuno Freire de Andrade, y calibraron lo que podían hacer después de pasar los revoltosos de siervos a dueños. Era una situación rara para ellos. (Algo parecido a lo que ocurrió más tarde en la Gran Revuelta).

El objetivo inicial de los sublevados ferrolanos, que era la defensa de sus derechos comunales que habían sido despreciados por el señor feudal, se había logrado. Los revoltosos tenían como prioridad defender sus derechos, que eran bien pocos. Lo que nunca pensaron era ostentar el poder.

Por eso este cambio de poderes era algo extraño en la época. Es que la rebelión de los “Irmandiños” de Ferrol, que había hecho huir el señor feudal de su territorio, era un aviso de lo que podía ocurrir en otros señoríos, y hacía temblar a la Nobleza feudal, por que podía asestar un duro golpe al sistema social de la época.

REACCIÓN DE JUAN II

Esta amenaza se la hicieron notar a Juan II. Éste, que no había concedido audiencia a los procuradores de Ferrol cuando acudieron a él en demanda de justicia, encargó al Obispo de Cuenca, que era el gallego originario de Mondoñedo, Álvaro de Isorna,hombre bondadoso y de carácter débil, y al Arzobispo de Santiago D. Lope de Mendoza que hiciesen de intermediarios entre Andrade y sus vasallos sublevados. 

El Rey quería que “se llegase al sosiego con los “Irmandiños” sin rompimiento ni escándalos”. Pero esto implicaba que los sublevados tenían que renunciar a la lucha, y volver al estado humillante de vasallos oprimidos.

Las conversaciones entre Ruy Xordo y los dos prelados se desarrollan en Betanzos, que era terreno de los rebeldes. Ruy Xordo pone como condición indispensable para el establecimiento de una paz duradera, la entrega del señor de Andrade. Los Obispos se negaron, pues presumían que podía ser el fin de Andrade, rompiendo Xordo las negociaciones. 

Éste, con la cantidad de gente que le respaldaba se creía lo suficientemente fuerte, y se comprometió con la “Hermandad”, para con esa alianza intentar la conquista de Santiago, y así apresar al de Andrade, que seguía refugiado en esa ciudad bajo la protección del Arzobispo. Ruy Xordo amenazó incluso al Arzobispo de Compostela de llevar la rebelión a su ciudad si no le entregaba la cabeza de Nuno Freire de Andrade. Dio el plazo de un mes para su entrega.

FIN DE RUY XORDO

Pero el objetivo de Ruy Xordo y las tropas de la “Hermandad Fusquenlla” que mandaba ya no era solo apresar a Freire de Andrade, sino apoderarse de Santiago, y quitarle la jurisdicción al Arzobispo Lope de Mendoza.
Pasados los 30 días dados de plazo para la entrega de Andrade sin que se llevase esta al efecto, cumpliendo con lo dicho, los diez mil “Irmandiños”, llevando al frente el pendón del Apóstol Santiago, llegaron hasta las puertas de Compostela. 

Les esperaban tres mil hombres bien armados y pertrechados. Eran las fuerzas del Arzobispo y parte de las de Andrade. Aunque inferiores en numero, las fuerzas feudales y eclesiásticas, tenían una formación militar y un armamento moderno para su época, que nada podían hacer los “Irmandiños” con sus hoces o azadas. La pelea duró varios días, con perdidas mayores en los atacantes 

Estos viendo la fuerza que tenían enfrente, y que estaban en desventaja en
armamento, abandonaron las hoces y se batieron en retirada. Ruy Xordo comprendió su imprudencia y abandona el intento de tomar Santiago.
Se retiran las fuerzas rebeldes a Betanzos con la intención de rehacerse. Se enteraron que la esposa de Nuno Freire de Andrade había vuelto con sus dos hijos a Puentedeume, y se había metido en el Castillo que los revoltosos habían dejado al marcharse a sitiar Santiago.

 Ésta lo había fortalecido. Deciden los revoltosos ir a atacarlo y conminándola
a que se entregase. Al no acceder ésta a su requerimiento, pretenden intentar el asalto a la fortaleza.Pero en su exilio en Santiago se entera Andrade del cerco a su fortaleza, y de la amenaza que pende sobre su familia. Forma un ejercito mixto con las tropas episcopales, su propia guardia, y una fuerza castellana que había enviado Juan II, mandadas por el Corregidor Hoyos para restablecer el orden en Galicia.

Este ejercito con formación militar, coge por la espalda a las fuerzas rebeldes, que además carecen de conocimientos guerreros, y apresados entre dos fuegos y sin posibilidad de escape, los últimos “Irmandiños, con su líder Ruy Xordo se batieron heroicamente.Los unos murieron acuchillados, otros ahogados en el río Eume, y a los supervivientes les aplicaron el tormento y la muerte.

Por lo acontecido, las fuerzas que envió a Galicia Juan II al mando del Corregidor Hoyos, no eran para restablecer el orden en Galicia, sino para dominar la rebelión del pueblo.

LEYES QUE NO SE CUMPLEN

Alarmado por el levantamiento de la “Hermandad Fusquenlla”, Juan II convocó en Zamora en 1432, (debía ser a finales de ese año), una reunión con los representantes de las ciudades y villas gallegas, la nobleza y el clero. (No vino a Galicia) Dictó dos leyes después de escuchar las quejas de los “Irmandiños”: Una, que se castigaba a todo funcionario real que se pusiese al servicio de un magnate. 

Otra, que imponía sanciones a quienes fueran caballeros o escuderos y cohechasen a un labrador o cualquier vecino.Más fueron las dictadas, pero solo sirvieron para justificarse ente el pueblo gallego.A Juan II le gustaba más la música, los juegos, la caza, y los torneos caballerescos, que ocuparse del bienestar de sus súbditos. Las cosas del gobierno se lo dejaba a sus validos.
Pero el tiempo pasa, y los cambios favorables al pueblo no se producen.

ENFRENTAMIENTOS IGLESIA-NOBLEZA

LOS FONSECA

Son los Fonseca una estirpe de origen de Salamanca, muy posesionados e instalados en la Corte, aunque ejerciendo Eclesiásticamente en Sevilla, Compostela y Toledo. Fueron 3 Arzobispos de Compostela consecutivos.

Fonseca I. 

Nace en Toro en 1418. Siendo éste Arzobispo de Sevilla, en 1460 es
nombrado por petición de Enrique IV al Papa Pío II, como Arzobispo de Compostela su sobrino Alonso Fonseca II. Éste era un joven muy brillante pero sin experiencia, y el tío le propone ser su sustituto, intercambiando las Sedes de Sevilla por Santiago, por un tiempo de cuatro años, dado los problemas que creaban los Nobles gallegos a la Mitra compostelana. 

Era Fonseca I hombre de mucho carácter, y en su juventud había sido Canónigo en Compostela, motivo por el cuál sabía como se las gastaban los Nobles galaicos.

 El Papa Pío II muy preocupado por la cuestión gallega, que parece la conocía,da su acuerdo. Su estancia en Compostela es de 1460 a 1464.

Fonseca II. 

Es hijo de una hermana viuda de Fonseca I, Catalina. Es joven inteligente y muy atractivo. Había ido a Roma a ampliar estudios, y allí se graduó en Cánones y Leyes. Desempeñaba el cargo de Deán en el Cabildo sevillano cuando fue nombrado Arzobispo de Santiago en 1460 con 20 años, a petición del Rey Enrique IV.

Como Compostela era una plaza muy difícil, dado el enfrentamiento entre el
Arzobispado y la Nobleza gallega, acepta que su tío Fonseca I ocupe su lugar durante esos cuatro años, quedándose él en Sevilla.Pasados los cuatro años de plazo acordados con su tío de intercambios de Sede,tiene que intervenir en 1464 el Rey Enrique IV, para que se haga cargo de la Mitra de Compostela, que oficialmente era la suya. 

Se negaba a abandonar Sevilla, donde ejercía muy placenteramente su dignidad, muy relacionado con la juventud de la ciudad, teniendo
su tío Fonseca I que recurrir al Rey para que cada uno se siente en su Sede. Estaba muy protegido en la Corte por su primo Pedro de Castilla “el Mozo”, biznieto de Pedro “el Cruel”, que mantuvo un romance con Juana “la Beltraneja”, y al que ésta le había nombrado heredero.

Fonseca II ejerce en Compostela de 1464 hasta 1506, año que pide la renuncia a la Mitra, al ser nombrado Patriarca de Alejandría. Fallece en 1512. Fue durante su estancia en Santiago cuando se desarrolló la rebelión “Irmandiña”. No solamente fue un hombre de la Iglesia, sino que también fue un hombre de armas.

Al finalizar la reconquista a los “Irmandiños, y aposentarse en Santiago, Fonseca II comenzó a relacionarse con familias de la ciudad. Conoció entonces a María de Ulloa, viuda sin hijos de Álvaro Pérez de Sotomayor (hermanastro de Pedro Madruga), señora de Cambados y hermana de Sancho Sánchez de Ulloa, conde de Monterrey. Tenía y moraba en una casa donde hoy está el colegio Fonseca. 

El Arzobispo se acostumbró a frecuentar su casa, y parece que se enamoran. Tienen primero un niño, Diego de Acevedo,y a los tres años, en 1476 tienen otro, que es el futuro Arzobispo de Santiago, Fonseca III.Durante el mandato de Fonseca II, se desarrolló la revuelta de “Os Irmandiños”.


Ésta aconteció de 1467 a 1469. Fonseca II tuvo frecuentes enfrentamientos con parte de la Nobleza gallega por la posesión de fortalezas y tierras. Su más encarnizado enemigo fue Pedro Alvarez de Sotomayor, Conde de Camiña y también conocido por “Pedro Madruga” Este enfrentamiento duró hasta la muerte de éste en 1486. Sin embargo, fueron aliados cuando “Pedro Madruga” comenzó su andadura política, y ellos dos con D. Juan Pimentel, hermano del Conde de Benavente, reconquistaron Santiago en manos de los “Irmandiños” en 1469.

Fonseca III.

 Sucede a su padre en 1507, y es a quien Juan Tabera entabla pleito por los bienes de la Iglesia compostelana derruidos en las guerras con la Nobleza y los “Irmandiños”.El año de intervalos entre los dos Fonsecas 1506/7 es nombrado para el puesto el Cardenal Marcelo, que era Pedro Luis de Borja, sobrino del Papa Alejandro VI, pero que nunca llegó a pisar el suelo de Santiago.

ENFRENTAMIENTO FONSECA I – OSORIO, CONDE DE TRASTÁMARA

Es en 1460 cuando comienza la dinastía de los Fonseca en la administración de la Sede de Santiago.Previa petición al Papa Pío II, Fonseca I Arzobispo de Sevilla se hace cargo de la Mitra compostelana temporalmente, por el trueque con su sobrino Fonseca II por un período de cuatro años.Al llegar Fonseca I a Santiago de Compostela no pudo entrar en la Catedral, porque Pedro Alvarez Osorio, Conde de Trastámara estaba acuartelado en ella.

 Haciendo caso omiso a las ordenes reales, el Conde de Trastámara, quería hacer Arzobispo a su hijo Luis, que por entonces era Canónigo de esa Catedral. Ese era el motivo por que se negaba entregarla.Había otro personaje también muy belicoso, Bernal Yáñez de Moscoso señor de Altamira, que tenía la pretensión de hacerse nombrar él mismo Arzobispo de Compostela,
porque su matrimonio con Juana de Luna, iba muy mal. 

Era esta dama sobrina del anterior Arzobispo de Compostela, Rodrigo de Luna, que era asimismo sobrino del antiguo valido de Juan II, D. Álvaro de Luna. Al señor de Moscoso le temía toda Galicia, excepto Fernán Pérez de Andrade, que estaba casado con una tía suya, y además solía prestarle dinero.Al llegar a Santiago, y no poder entrar en la Catedral por estar tomada por Alvarez Osorio, a Fonseca I no le preocupó demasiado. Sabía que en Galicia era fácil dividir a los gallegos. 

Con promesas y dádivas atrajo a su bando a los señores de Lemos, Moscoso,
Sotomayor y Ulloa. Hicieron una alianza, y formando un gran ejercito cercaron la Catedral.Un año resistió el acoso en Compostela el Trastámara, Alvarez Osorio, antes de abandonar, estando sus días contados, pues exilado en la Corte a donde había huido buscando refugio, el 11 de Junio de 1461 unas hierbas ponzoñosas acabaron con su vida,mientras Alonso de Fonseca I entraba en la Catedral.

La grandeza de los Osorio declinó, perdiendo el Condado de Trastámara. El hijo mayor Álvaro Pérez Osorio, Marques de Astorga, se exiló de Galicia. Su segundo el Canónigo Luis, se marchó de Galicia, y después de deambular por Castilla, terminó siendo Obispo de Jaén. Solo Pedro Alvarez Osorio, el tercero de los hijos permaneció en Galicia, muy amargado por la derrota y muerte de su padre, y viviendo a cuenta de su mujer, que era una Moscoso. Durante la gran revolución de los “Irmandiños” de 1467 fue el dirigente principal de los rebeldes.

ENFRENTAMIENTO FONSECA II - BERNAL YÁÑEZ MOSCOSO, SEÑOR DE
ALTAMIRA

Pacificado Santiago, en 1464, a los 4 años, el Arzobispo Fonseca I quiere volver a su sede de Sevilla, pero su sobrino Fonseca II no está dispuesto a abandonar Sevilla con su vida placentera. Se hace fuerte en la Catedral, y hace oídos sordos a los mandatos de Enrique IV y a las monitorias del Papa Paulo II, que recientemente había sido elegido Papa. Al fin las presiones reales, eclesiásticas y familiares se impusieron, y el Arzobispo se resignó a salir para Santiago 

Lo hace acompañado de su madre Catalina viuda, y tres hermanas pequeñas, con abundante tropa, y muchos familiares.La gente que trae consigo Fonseca II, era arrogante y altiva, campando por el campo con arrogancia y osadía, despreciando a los gallegos a quienes consideraban inferiores. En la villa de Muxía que era propiedad de Bernal Yáñez de Moscoso, Conde de Altamira (que había sido un colaborador de su tío Fonseca I), un capitán del nuevo Arzobispo detuvo a un criado de Bernal. 

Al tener conocimiento de esa detención, éste se presentó en Noya que es donde estaba Fonseca en un palacio (Tapal), que la Mitra allí tenía, y agarrándola por la barba lo sacó fuera y detuvo, llevándolo prisionero a su fortaleza de Vimianzo, encerrándolo en una jaula, y después en una chimenea. Era a principios de 1465. Bernal Yáñez Moscoso pide como recate 500 doblas de oro. Como la madre del Arzobispo, Catalina (mujer de gran carácter), no tenía dinero, ésta recurre al tesoro de la Catedral, a lo que se oponen los Canónigos compostelanos, mandando la señora prender a 17 de ellos.

 Pero una vez comprobada la arca, se vio que esta estaba casi vacía.Moscoso que bajo cuerda fomentaba la rebelión de los Canónigos, en Julio de 1466
se presenta en Santiago con una fuerza de 4.000 hombres, exigiendo la liberación de los Canónigos. Le responden del interior disparando un trabuco.
A ciertas peregrinaciones que acudían a Compostela a visitar el Santo, Yáñez
Moscoso solía concederle que entrasen en el interior de la Catedral a cumplir con el jubileo.

Pasado un tiempo, en un momento que Bernal Yáñez, que no conocía el miedo, se quitó la armadura para arengar a sus hombres, es cuando percatándose de esa imprudencia,el escudero del Arzobispo Fonseca II, Pedro de la Torre, (que acabó siendo fraile en Pontevedra), que estaba de guardia en una torre, dispara su ballesta, acertándole en el cuello. Fue asistido por el médico que acompañaba a un Barón bohemio que había venido de peregrinación a Compostela, quien le arrancó la flecha. Resistió 30 días antes de morir.


Le sustituye su hermano Alvar Pérez de Moscoso. A los 5 meses de asedio,
(Diciembre de 1466), Catalina de Fonseca capitula, y acuerda liberar a los Canónigos y aceptar que su hijo el Arzobispo tenía que abandonar la Sede compostelana por un mínimo de 10 años, retirándose a Redondela, villa de la diócesis de Tuy, pero limitando con la de Compostela.

Pero el Arzobispo Fonseca II al ser liberado y antes de ir al exilio quiso entrar en Santiago, pero ya no pudo hacerlo. Los “Irmandiños se habían apoderado de la ciudad, rechazando el poderío del Arzobispado, así como el de los demás señores feudales. Aunque en principio Fonseca estaba poco dispuesto a renunciar a ninguna de sus prerrogativas, consideró poco prudente exponer su vida con tan pocas posibilidades de éxito, y visto que le era imposible llegar a un entendimiento con las fuerzas populares,entre las que había bastantes Canónigos que simpatizaban con la “Hermandad”, creyó prudente retirarse en una espacie de huida. Montado en una mula y acompañado por un solo criado consiguió llegar al Monasterio de Lérez, y de allí pasar a Portugal.

 Fijó primero su residencia en Monzon, y pasando después a Castilla en espera de la ocasión para reconquistar de sus bienes.La Iglesia gallega estaba dividida. Mientras el Arzobispo de Santiago y los cuarto Obispos (Tuy, Orense, Lugo y Mondoñedo) se emplazaban con los señores feudales, la mayoría del bajo clero estaba con los rebeldes “Irmandiños”.

DESPROTECCIÓN DE LA CORONA

ALEJAMIENTO DE LA CORTE DE GALICIA

En esa época de la historia, los Reyes de Castilla estaban alejados de Galicia. La tenían segura. En caso de cualquier revuelta o insubordinación contra el poder de la Corona, solo tenían que aparecer por allí con un gran ejercito, y sofocarían la rebelión. No ocurría lo mismo en el resto del reino de Castilla. Tenía fronteras con Aragón, Navarra, Portugal, y por el sur los árabes, siendo éstos una amenaza constante para Castilla, y a los cuales trataban de expulsar de la Península. Estaba Galicia un poco olvidada y alejada de la Corte. 

(Téngase en cuenta que mientras las capitales itinerantes de los distintos
Reyes fueron Valladolid, Zamora, Salamanca, Medina del Campo, Palencia, Tordesillas,Segovia, León, etc., nunca lo fue ninguna ciudad gallega)Por otro lado, los Reyes que ejercieron en esa época, Juan I, Enrique III, Juan II y sobre todo Enrique IV fueron de los peores de la Baja Edad Media. En general se preocupaban más de sus fiestas, saraos y placeres, que del bienestar del pueblo. Estaban manipulados por la Nobleza de Castilla o por sus Validos.

Ese alejamiento Real lo aprovecha la Nobleza gallega para cometer desmanes y campar por sus fueros. La última visita Real a Galicia, fue la de Enrique II en 1376. Cien años aprox. sin presencia real. Ya en la Cortes de Segovia de 1431 se puso de relieve que en Galicia desde hacía 3 años no se pagaban los impuestos que el rey había ordenado. Los Nobles se insubordinaban frente al Rey, llegando alguno a atribuirse títulos de Nobleza sin contar con la autorización Real. Había entre ellos una disputa por quien de ellos es el que mayor poder tenía.

El nuevo Rey, Enrique IV el “Impotente” o “Liberal”, que había sucedido en 1454 a su padre muerto, Juan II, trata de contrarrestar el poder de la Nobleza feudal gallega, (“vieja Nobleza”), elevando a títulos de Nobleza a caballeros de segundo grado (“clase nueva”). La situación no mejoró. Mas bien fue a peor. La “clase nueva” quiso en poco tiempo adquirir el poder económico de los antiguos, y para conseguir esos objetivos, oprimían más a sus vasallos.Muchos de los malhechores son soldados licenciados que hacen del pillaje su modo de vida.

DESPROTECCIÓN DEL PUEBLO

A mediados del S. XV, la actividad de los forajidos protegidos por los señores en Galicia era tan grande, que su eco llega hasta el mismo Papa Calixto III, que era de la familia de los Borja y nacido en Xativa, que debe conocer también la que pasa en Galicia, y que emite una Bula expedida en 1455, recién nombrado Papa, excomulgando a los hombres que “como asesinos, en el reino de Galicia alquilan a otros para asesinar a seglares y clérigos para apoderarse de sus bienes, cometer robos en Iglesias, ganados y otras maldades, y que por ausencia del Monarca o de los gobiernos temporales, quedan impunes”. 

Posteriormente, Pablo II en 1466 ratifica las penas de Calixto III puesto que los hechos que este había ordenado siguen si remediarse. Los sacrílegos y criminosos del reino siguen manteniendo su ley, apropiándose de bienes y vasallos de los monasterios, robando sus tierras y animales en la más completa impunidad, incluso con el rapto de gente. 

El objetivo de los Papas era proteger los bienes eclesiásticos, y conservar sus posesiones. Si los bandidos y los señores de las fortalezas que los protegían hacían esos males a la Iglesia, a pesar del temor al Cielo, ¿Qué no harían con las indefensas gentes de las villas, y los vasallos campesinos, labradores, pescadores, etc. que estaban desprotegidos en el campo?

El control de Galicia se ha escapado a la Corona. El ineficaz Enrique IV intenta paliar un poco la situación con cartas a los señores principales, recomendándoles paz y concordia. Mantiene una estrecha relación con el Conde de Lemos, el señor más importante de Galicia en esa época, y le pide en ocasiones que trate de mediar entre los Obispos y las principales casas solariegas. En 1464 le encarga la guarda de toda la tierra de Galicia.

Pero su jurisdicción no abarca las ciudades, porque estas eran de Realengo
o Abadengo y los Corregidores de éstas escapan a los poderes de los Nobles, por lo que Enrique IV envía al Corregidor de La Coruña, García de Busto, que se ponga a las ordenes del Conde. Pero la medida fue un fracaso, pues los funcionarios del gobierno real quedaron sometidos al Conde y a sus intereses.

El mando de éste sobre las principales ciudades fue honorífico, pues los villanos
siguieron como siempre. La Cédula dada por el Rey al Conde de Lemos no fue suficiente para que este pudiera o quisiera evitar las guerras entre los de una misma posición como eran los Obispos y los Nobles.

NACIMIENTO DE LA GRAN HERMANDAD GALLEGA.

LA MONARQUÍA EN ENTREDICHO

La Gran revuelta “Irmandiña” de 1467 a 1469 se desarrolla durante el reinado en Castilla de Enrique IV el “Impotente” o “Liberal” (1454-1474). Parece que es bondadoso y de buen corazón pero con poca capacidad para gobernar una nación. Tuvo problemas con catalanes y aragoneses, y en mayor medida con los árabes por el sur. Muy cuestionado con la Nobleza en Castilla, y también por la vieja Nobleza gallega, como el Conde de Lemos, (a pesar de colaborar a veces con él), con Juan de Zúñiga o el Conde de Santa Marta. 

Los Nobles de Castilla le obligaron (y él aceptó en principio) a abdicar en su
joven hermanastro D. Alfonso, aunque da marcha atrás rápidamente. Queman su efigie en un acto publico en Ávila. Se ríen de él. Pero con los Nobles que se mantiene fieles a su persona crean la “Hermandad General” en 1467. Ese mismo año derrotan a los rebeldes en Olmedo, perdona a su hermano D. Alfonso, que tenía 15 años, quitándole el Maestrazgo de Santiago. Al siguiente año de 1468 fallece D. Alfonso, y las cosas vuelven a su sitio.

Pero en ese año de 1468 le conminan a que nombre como heredera a su hermanastra Isabel (la Católica) en detrimento de su cuestionada hija Juana (la Beltraneja). Es el Tratado de Toros de Guisando, pero Isabel se niega a ocupar el Trono mientras viva Enrique. Solo lo hará el fallecimiento de éste.Enrique IV fomenta la creación de las “Hermandades” como freno del poder y ambición de la Nobleza, que a él tantos problemas le está causando.

AUTORIZACIÓN REAL PARA LA CREACIÓN DE LA “HERMANDAD GALLEGA”

Años antes, el líder del pueblo de Betanzos, que después sería Diputado y
Capitán general de los “Irmandiños”, Juan Blanco, conjuntamente con otros de Coruña, Puentedeume, Ferrol, y As Mariñas, había logrado carta de Enrique IV para la constitución de la “Santa Hermandad del Reino de Galicia”, que sería pregonada en calles y plazas. En 1465 aparece Juan Blanco representando a Galicia en las Cortes de Salamanca. 

Por otra parte está haciendo su labor Alonso de Lanzós, al que algunos autores le dan a éste el mérito de haber sido quien consiguió la autorización Real.
El Movimiento de la “Hermandad gallega” del reinado de Enrique IV fue la
rebelión comunal social más importante de la Castilla del S. XV. Fue superior al de las ”Comunidades de Castilla” y a las “Germanías” de Valencia y Baleares del S. XVI.

La nueva “Hermandad gallega” tenía algo de las dos que le habían precedido en la propia Galicia. (1418 y 1431). Era el espíritu de la emancipación social, campesina y urbana, que había tenido la “Hermandad Funquenlla”, y la cooperación de algunos señores o hidalgos de Santiago que habían colaborado con ella en la formación de los Consejos de esa comarca contra la Mitra compostelana. 

Pero había algo nuevo, que era la colaboración esta vez de la Corona de Castilla en la formación de la “Hermandad gallega”, como anteriormente ésta ya lo hiciera con otras Hermandades formadas en Castilla y otras regiones del resto del reino. Después de haber abierto Juan Blanco el camino para la implantación de la “Hermandad” en Galicia, sigue la gestión en la Corte en 1465 para potenciar la “Hermandad gallega” el hidalgo Alfonso de Lanzós. 

Aprovechando un momento en que Enrique IV sostenía una grave lucha con los grandes magnates de Castilla, y viendo que el momento era el propicio para poner freno a la excesiva fuerza y poder de la alta Nobleza, no le fue difícil a Alonso de Lanzós obtener en la Corte de Enrique IV carta de autorización para establecer una junta o asociación de defensa, a la manera de cómo
se había practicado en casos semejantes en otras partes del reino. 

Estableciéronse, pues, en virtud de la Carta citada ciertos capítulos que sirvieron a la asociación de base y de norma. Para su otorgamiento por parte del cabildo de Santiago, se nombró apoderado al Canónigo compostelano Vasco Martínez. Coincidieron sus gestiones en la Corte con la que estaban haciendo los procuradores de Coruña, Orense y Pontevedra, que aspiraban terminar con la alta Nobleza y la Iglesia que amenazaba por distintas razones a las principales ciudades gallegas. 

La amenaza de Coruña y Orense procedía de un Noble: el Conde de Benavente, mientras que Santiago era la cuestión eterna de librarse de la intromisión del Arzobispo en las cuestiones municipales.La llegada de las “Hermandades” a Galicia, es la llama que aflora en el sentimiento
del pueblo por el avasallamiento que han tenido que sufrir los campesinos y ciudadanos por parte de los señores que habían transformado sus fortalezas en nidos de malhechores y ladrones, que amparándose de su poder, robaban, asaltaban, violaban y secuestraban a sus vecinos.

La venida de la “Hermandad” con el apoyo real, daba al pueblo la razón legal para organizarse y defenderse, y de esa manera liberarse del miedo colectivo ejercido hasta entonces por la Nobleza, con posibilidades de éxito, y el derecho a la resistencia a la tiranía, convirtiéndose en una fuerza justiciera.(La colaboración de la Corona de Castilla en la formación de las hermandades,
se debió a que ésta quería poner un freno al poder feudal de los magnates, que de siempre cuestionaban su autoridad y supremacía. Estos frenos podían ser en principio las “Hermandades”).

Colaboraron juntos al principio la Corona y los vasallos, pero a medida de que el movimiento “Irmandiño” fue tomando un sentido social más fuerte, la Corona se fue distanciando, porque incluso podía poner en peligro el poder de la Corona de Castilla en el gobierno de Galicia, al ir perdiendo los señores el control de las masas campesinas y urbanas, (que eran las que formaban el grueso del ejercito de las “Hermandades”). Alfinal de la revuelta, terminaron yendo por un lado la Corona, y por otro “Os Irmandiños".

Enrique IV, para dar formalidad a la formación de las “Hermandades”, aprobó la Carta de Hermandad o Capítulos en Fuensalida (Toledo) siendo su fecha incierta,(aunque el Sr. Portela Pazos estima que sería hacia 1465), y envía a Galicia corregidores y representantes suyos, acompañados por gentes a pie y a caballo, para dar simbolismo alos actos constituyentes de los “Irmandiños”.
(A pesar del problema que estaba germinando en Galicia, una vez más el Rey no ponía los pies en ella, para solucionarlo. Hacía noventa años que un Rey de Castilla no pisaba Galicia).

En las cartas enviadas por el Rey a los dirigentes de las “Hermandades” gallegas, no se tiene noticia cierta del contenido de todos los “Capítulos”, aunque es dado suponer que no discreparían mucho de las otorgadas a las otras “Hermandades” medievales de Toledo,Talavera y Villareal, en lo referente a represión de crímenes y atropellos, otorgadas a finales del S. VIV y consideradas con carácter permanente desde el reinado de Alfonso
XI (1311 – 1350).

Se hace hincapié que las autorizaba a la destrucción y derrumbamiento de las
fortaleza, que servían de refugio a muchos malhechores que estaban amparados por los Nobles. Las fortalezas eran odiadas por el pueblo. Representaban el poder nobiliario y represivo. Por eso su obsesión para derribarlas. Lo que parece claro, de quien primero recibió quejas el Rey Enrique IV, de manera oficial, fue de los delegados de Lugo/Betanzos.

NACIMIENTO DE LA “HERMANDAD GALLEGA”

De este modo se formó la “Hermandad gallega”: La componían los Concejos de las villas, los señores o hidalgos, (enemigos de los magnates), y la Corona de Castilla.Conseguida le autorización para la creación de la “Hermandad gallega” dada por el Rey Enrique IV, el Cabildo compostelano nombró el canónigo Vasco Martínez, (que estaba marcado por el radicalismo), para que creara unas normas, “os capítulos da hermandade”. Redactadas éstas, se mandó remitir a las demás “Hermandades” por acuerdo capitular el 23 de septiembre de 1467. (¿No sería un año antes?). 

Aunque el movimiento de la “Hermandad gallega” tenía el beneplácito de la Corte, su crecimiento en numero de afiliados se hacía reservadamente, como con cierta cautela por el pueblo, pero hacia finales de 1466 toda Galicia popular estaba encuadrada en ese movimiento. La sincronización de los mandos era perfecta. Con una orden se ponía en movimiento en cualquier rincón del país, o en todo el territorio a la vez. En el momento más álgido, se dice eran 80.000 sus miembros.


APOYO DEL CLERO A LA REVOLUCIÓN

Los Obispos gallegos, y especialmente el Arzobispo Fonseca II, colaboraron
activamente con los Nobles en la derrota de los sublevados. Pero por otro lado hace contribución económica a la caja de la “Hermandad”.Algunos cargos menores eclesiásticos, integraron la cúpula de mando de los revoltosos, como el canónigo de Santiago Pedro Méndez Formiga, que fue uno de los Alcaldes de la provincia de Lugo, o el mismo canónigo bachiller Vasco Martínez, que 
escribió los Capítulos de la Hermandad. Está la Iglesia en la disyuntiva de perder el poder sobre sus vasallos, (“Irmandiños”), o perder sus bienes ante los Nobles. 

De ahí su ayuda económica a los rebeldes.Las cuatro sedes Obispales: Mondoñedo, Tuy, Lugo y Orense estaban bajo poder señorial por ese tiempo. (Los Obispos estaban expulsados por la Nobleza. La ley del más
fuerte). A pesar de ser de Abadengo esas ciudades, los Nobles gallegos hacían caso omiso a esa atribución, y a la fuerza eran ellos, cada uno en su demarcación, quienes cobraban las rentas que legalmente pertenecían a los Obispados. (En Tuy lo cobraba Álvaro Pérez Sotomayor).

Es por eso, que en Enero de 1466 el Papa Pablo II ratifica las Bulas de Calixto III y Eugenio IV de los años 1431 1447 contra los Nobles sacrílegos que usurpaban las rentas eclesiásticas, y hacían otros males a la Iglesia en el reino de Galicia. Se comprende la simpatía de la Iglesia con los rebeldes.Por otra parte, y en contrapartida, los “Irmandiños” no desplegaron ninguna barrera
antirreligiosa, ni atacaron las instituciones eclesiásticas durante el período que gobernaron Galicia, y los actos y cultos religiosos siguieron celebrándose normalmente.

En Tuy, el Cabildo envía representantes para la constitución de la “Hermandad  en la ciudad, cuando antes defendía el derecho de la Nobleza. Esto se explica por sus fuertes discrepancias con Álvaro Páez de Sotomayor, y la creencia del obispado de que la “Hermandad” le libraría del encomendero, que le disputaba el poder. Es el deseo de librarse de injerencias y poder de la Nobleza, que quiere mandar en los asuntos de la Iglesia, la causa fundamental de que el bajo clero apoye la revuelta contra la Nobleza.

CAUDILLOS DE LA REVUELTA

Entre los Nobles que apoyaron la revuelta “Irmandiña”, el que más prestigio tenía por cuna, era el tercer hijo del fallecido Conde de Trastámara, D. Pedro Alvarez Osorio Los otros lideres principales que le secundaban eran Alonso de Lanzós y Diego de Lemos.Pedro Alvarez Osorio, señor de Villalobos, tercer hijo del asesinado Conde de Trastámara. Casado con Urraca de Moscoso, de la casa de Altamira. Era hermano del Marques de Astorga, Álvaro Pérez Osorio, y que contaba con todo su apoyo de su otro hermano D. Luis, canónigo de Santiago y más tarde Obispo de Jaén.

Era enemigo irreconciliable del Conde de Lemos. (No perdonaba que había sido éste, que con otros Nobles había colaborado con Fonseca I y ayudado a que su padre y su hermano D. Luis fuesen arrojados de Santiago, y más tarde su padre fuese envenenado en la Corte, perdiendo su casa los bienes y el titulo de Conde de Trastámara). También tenía cuentas pendientes por el mismo motivo con los Sotomayor, Moscoso y Ulloa.

 Él, que fue testigo de esos hechos, era un resentido, y un oportunista, y parece que obraba más bien como venganza, y también para hacer recuperar poder a su casa decadente. Vivía a cuenta de su esposa que era una Moscoso. Operaba en Compostela.Al ser un personaje de elevada alcurnia, puesto que era hijo del Conde de Trastámara,y tal vez por ser segundón de una de las casas más principales, le pusiera al frente del movimiento popular.

Alonso de Lanzós. Era de Betanzos, señor de Louriña, nacido probablemente en
Villalba, casado con la hija de Pedro Bermúdez de Castro, llamada Dª María de Castro.Primo del señor de Puentedeume, Fernán Pérez de Andrade a quien había servido, y del cual cobraba un sueldo a pesar del odio que tenía a la casa de los Andrade. Ya su padre y su abuelo habían estado bajo la órbita de los Andrade Había tenido problemas por cuestiones de heredad. Había jurado destruir los bienes de los Andrade, a pesar de que como sus antepasados habían vivido a la sombra de ese Noble. 

Era un hidalgo modesto con 20 de a caballo, y 400 vasallos.Se da el caso, de que Fernán Pérez de Andrade con otros señores, entre los cuales estaba Pardo de Cela, se levantaron en contra de él, derribándole el castillo de Serantes.
Después fueron contra la villa y Castillo de Mesta en donde estaba su mujer. La cercaron, y la hicieron gastar todos los alimentos, teniendo que comer los sitiados noventa cueros de bueyes que tenían secos. Tuvo que rendirse por hambre, y le derribaron todo por el suelo.

Después de este hecho, había sido de los primeros en acudir al Rey Enrique IV
recabando su atención para resolver el problema del abuso de la Nobleza gallega.Era un idealista, y se movía por un afán reformador de su país. Tuvo como principal obsesión la destrucción de la casa de los Andrade.
Posteriormente se pasó a servir a Gómez Pérez das Mariñas. Su campo de
operaciones era Betanzos, y el obispado de Mondoñedo.

Diego de Lemos era hijo segundón de Alfonso López de Lemos, señor de Amarante,Sober y Ferreira y de su segunda esposa Dª Berenguela de Ribadeneira.Durante la revuelta estaba soltero, y se sentía profundamente agraviado por Juan de Zúñiga, hermano del Conde de Benavente, y por cuantos prestaron ayuda a éste para correr las tierras de Lope Sánchez de Ulloa, en represalia, por que D. Lope no había accedido a la pretensión de D. Juan de Zúñiga a la mano de su hija Dª Mayor, que a la vez la pretendía Diego de Lemos, y con quien al final se casaría en 1471. (Juan de Zúñiga fallecería en un incendio en una casa llena de pólvora en donde se había refugiado acosado por Álvaro Pérez Sotomayor, que había acudido en ayuda de su suegro Lope Sánchez de Ulloa)

Era también otro oportunista que quería crecer con el movimiento. (O era un
romántico). Su área de actuación era del Ulla al Limia. Tenía cuentas pendientes con varios caballeros, y en especial con los Andrade.
La dinastía de estos Lemos era de “pura raza sueva”, que quiere decir de muy
antigua estirpe, según el historiador Benito Vicetto. 

De la “Vieja Nobleza”. 

Por entonces se conservaba “la escritura más antigua de casa solariega” en Galicia, y que menciona al privilegio dado por Alfonso I a Vasco de Lemos concediéndole las tierras de Lemos por acompañarle en el año 740 en la conquista de Lugo. 

No confundir con los Condes de Lemos.

Estos tres lideres principales infundieron en las masas “Irmandiñas” una pasión y un odio a todo lo que ellos odiaban, que eran los Nobles poderosos.

LA GRAN REVUELTA IRMANDIÑA

DESARROLLO DEL SEGUNDO MOVIMIENTO “IRMANDIÑO”

(La fecha del comienzo de la rebelión, para la mayor parte de los autores que la estudiaron, entre ellos el muy autorizado López Ferreiro es de 1467 a 1469. Sin embargo el Presbítero D. José Couselo Bouzas es de la opinión que el comienzo es a principios de 1466. Pero en las declaraciones de casi todos los testigos del pleito Fonseca/Tavera de 1526, dicen que la “Hermandad” se levantó hace sesenta años. Coincide con los datos de López Ferreiro, de 1467 a 1469)

La primera mención documentada del funcionamiento de esta organización en
Galicia es del 13 de marzo de 1467, donde se juran los Capítulos de la Santa Hermandad. Pero la organización y formación comenzó dos años antes, en 1465, manteniendo en secreto la elaboración de los planes.No se conoce la fecha de las dos juntas generales de Mellid, así como en Lugo y
Santiago que fueron las más importantes y multitudinarias, todas ellas anteriores al asalto de las fortalezas.

Hay declarantes en el pleito Fonseca/Tabera, que mencionan una reunión de la “Hermandad” en Mellid con los Nobles, entre ellos Fernán Pérez de Andrade, Gómez Pérez das Mariñas y Sancho de Ulloa, en que les piden que les entreguen las fortalezas para derribarlas, por los muchos males que se hacían y planeaban desde ellas. Se sabe que solo D. Sancho Sánchez de Ulloa, más tarde Conde de Monterrey, hizo entrega a los “Irmandiños” de la fortaleza de Juvencos.


DESTRUCCIÓN DE FORTALEZAS

Debido al odio que el pueblo les tenía, donde con más saña actuaron fue en la
destrucción de las fortalezas. En la asamblea celebrada en Mellid antes mencionada, los dirigentes de la “Hermandad” requirieron a los magnates gallegos, a que entregaran sus castillos y fortalezas Pero hay otras declaraciones de fuentes más cercanas en las que se advierte
indecisiones y diferencias de criterio entre los mismos revoltosos, pues algunos plantean conservarlas y entregarlas a un caballero adicto al concejo. Hay casos como el de Orense, en que los vecinos y el concejo creen que lo mejor sería darlas a los moradores de las ciudades, y declinan toda responsabilidad si las derrumban. No hay un criterio unánime.

La mayor parte de los Nobles se niegan a entregar la fortaleza, pero otros sí acceden. Las que son entregadas, en algunos casos las mantiene intactas, (las menos), pero todas que acogieron malhechores fueron las primeras en ser derruidas.

En alguna fortaleza tuvieron que rendirla por la fuerza, como la de Bareira, la de Insoa de Souto de Vea, y la misma de Allariz a la que a pesar le de los muchos desperfectos causados no fueron capaces de rendir. Otras cayeron fácilmente. Se conoce la fecha de 25 de Abril de 1467 de la destrucción de la Fortaleza de Castelo Ramiro, en las cercanías de Orense. De manera general es en la primavera de este año cuando comienza la acción en toda Galicia.
En el derrumbamiento participaban no solo los “Irmandiños” revoltosos, sino los que por allí pasaban, aunque fuesen ajenos a la revolución, incluso religiosos, de grado o a la fuerza, bajo amenazas. 

Todos debían poner parte de su esfuerzo en esa acción.Un experto en la técnica de la destrucción de las fortalezas fue el maestro deobras de la Mitra compostelana, Gonzalo “O Bispo”. Este constructor instruyó a otras
personas, preferentemente canteros, para este menester de derrumbe de castillos. Cuandola reconquista, vuelve de nuevo a la Mitra de Compostela a rehacer lo derribado.Una de las técnicas empleada, consistía en sostener los muros de una parte de lafortaleza con puntales de madera. Después abrían brechas en los muros, que estabansostenidos por el entramado de madera.

 Les prendían fuego, y al ser dicho entramado de fácil combustión, ardían fácilmente, y las pared es venían a tierra sin peligro para los asaltantes.
Se estima que durante la revuelta se destruyeron un mínimo de 130 fortalezas. Una vez acabado el movimiento, casi todas ellas volvieron a ser levantadas, y por los mismos que las habían destruido

FRENTES DE ACTUACIÓN DE LA REVUELTA

Gran parte de los datos aquí reflejados son conocidos debido a las declaraciones de testigos del pleito Fonseca/Tabera. Unos son testigos directos de los acontecimientos en su niñez, y otros por referencias recientes a su época.

FRENTE DE PONTEVEDRA

En la zona sur/oeste de Galicia fue Pontevedra el centro “Irmandiño”. No solamente los rebeldes de Pontevedra actuaron en su área, sino que cuando les requerían en otro lugar, fueron en auxilio de sus compañeros de Santiago, Coruña, Tuy y otros sitios. Fueron elegidos como Diputados, Pedro García de Cangas, pescador; Alonso de Camba, zapatero y Lopo Pérez Mariño. Como Alcaldes, Alonso de Camba, Juan Rodríguez y Pancho Gómez, barbero. Cuadrilleros: Diego, zapatero, Juan Cabaneiro, pescador, y otros Todos portaban varas de justicia, y mandaban a la gente de la “Hermandad”. 

Hacían justicia y asaeteaban, (ejecutaban).Comenzaron derrocando la fortaleza de Pontevedra, siguiendo con la de Tenorio que era de Gregorio Tenorio de Godoy. Parte del grupo siguió con las de Castro de Montes, de
la Iglesia de Santiago; la de Peña Flor de Bermúdez de Castro; Lantaño de Suero Gómez de Sotomayor. Parece que también derrumbaron Lobeira propiedad del Arzobispo, y la de Gondar de Pedrades de Aldao.

Se reagruparon todos los grupos, porque tenían que enfrentarse con un enemigo sagaz y valiente, uno de los Nobles más poderosos de Galicia: D. Álvaro Paez de Sotomayor.

Reunidos los componentes de la “Hermandad” de la provincia, a la que se agregaron otras fuerzas venidas de fuera, estando al mando de este ejercito Pedro Alvarez Osorio. Atacaron el Castillo de Sotomayor, al que derrocaron totalmente, aunque no quedan datos de las circunstancias y accidentes de la lucha. Sotomayor escapó y se refugió en Tuy,ciudad que había tomado anteriormente. Fue cercado por 5.000 “Irmadiños” entre peones
y caballeros. Se puso D. Álvaro en trance de muerte, (no sabemos las causas).

 Antes de expirar, como no tuvo hijos, dejó como heredero a su hermanastro Pedro (futuro Pedro Madruga), que estaba en un Seminario, próximo a ser Sacerdote. Previamente D. Álvaro había pedido autorización al Rey Enrique IV, para que permitiese que Pedro fuese su heredero. Después dispuso a su esposa María de Ulloa, (que sería la madre de Fonseca III), que a su muerte abriese las puertas de la ciudad a los “Irmandiños” de Pedro Alvarez Osorio. Falleció Sotomayor, y la ciudad de Tuy pasó a manos de los “Irmandiños”.


A su hermanastro y sucesor de todos sus bienes Pedro, le aconsejó que se refugiase en Portugal para burlar la persecución de los “Irmandiños, y procurase interesar al Rey Alfonso V, y a la Nobleza portuguesa en la restauración del feudalismo galaico. Pedro obedeció a su hermano. Era por el mes de Marzo de 1468.

Después de conquistar Tuy partieron los “Irmandiños” para Sobroso, propiedad de García Sarmiento, cuyo castillo también derribaron, y en su marcha destructora siguieron con Puente Sampayo, Penso de Vigo, (en la ladera norte del Castro), que pertenecía a la Mitra compostelana, Darbo y Meira.
Las fortalezas destruidas en Pontevedra como mínimo fueron:
Torre de Pontevedra, Lobeira, Lanzada, Ponte Sampayo, Penso de Vigo (Castro), Darbo. Torre de Caldas y Castro de Montes, propiedad del Arzobispo de Santiago. Tenorio, Cotobade, Sotomayor y Tuy de Álvaro Pérez Sotomayor. Gondar de Pedrades de Aldao. Peña Flor de Bermúdez de Castro. Lantaño de Suero Gómez de Sotomayor. Sobroso de García Sarmiento.
Fueron un mínimo de 16 las fortalezas destruidas en la comarca de Pontevedra.

FRENTE DE LUGO

Era en esta ciudad de Lugo en donde se concentraba la iniciativa del movimiento “Irmandiño” de toda la provincia. De ahí provenían los tres grandes señores que capitaneaban la rebelión: D. Pedro Osorio, hijo del fallecido Conde de Trastámara,Alonso de Lanzós y Diego de Lemos. El primer enemigo a batir por ellos era el Conde de Andrade, a quien Alonso de Lanzós aborrecía. Eran Alcaldes de Lugo en la “Hermandad”, Pedro da Rúa, Lopo de Riasco y Álvaro López de Ferreira, escudero y ejecutor de la “Hermandad”, así como Pedro Méndez de Fornins, Canónigo de la S. I. Catedral de Lugo y Vasco Vilachán, zapatero.

En Monforte, celebraban las juntas en el monte donde estuvo el convento de San Francisco, y reunidos hasta 6.000 hombres, deciden atacar al Noble local, destruyeron la casa fortaleza del Conde de Lemos, y las murallas de la ciudad. Detienen al Conde de Lemos, que sería liberado previo el pago por su rescate.
La “Hermandad” de Lugo se juntó con las de Sarria y Monforte. El capitán de
esa tropa, Diego de Lemos, recorría esos lugares, así como Chantada, con casi 16.000 hombres. 

Su campo de operaciones era Lugo, Monforte, Sarria, Chantada y demás
villas importantes. Se supone que fueron los que destruyeron las fortalezas de Sarria y Chantada, y todas que encontró a su paso, venciendo parcialmente las fuerzas que en esos sitios contaría el Conde de Lemos. Solo quedó en pie la de Pambre en su territorio Se dieron casos de que algunas fortalezas fueron entregadas voluntariamente por sus propietarios a las “Hermandades”, pero éstas “Hermandades” como no lo tenían claro, discutían por la posesión de ellas, y entonces la solución era destruirlas.


Derribaron en Lugo parte del castillo del palacio episcopal, siendo Obispo D García de Vaamonde. Lo fue de 1441 a 1470.Según el testigo del pleito Fonseca/Tabera, el carpintero Lope Alonso, conoció al que había sido Alcalde o Cuadrillero, Álvaro de Rodal, que había prendido al Conde de Lemos, Pedro Alvarez Osorio, teniéndolo en prisiones hasta su redención, mediante el
pago de 5.000 maravedíes.

Al término de esas operaciones se reunieron todas las facciones militares, con un total de 30.000 hombres, para marchar en persecución del Conde de Lemos, (liberado por el Alcalde Álvaro de Rodal, previo el pago de 5.000 maravedíes). Cuando fue liberado se había enterado de que habían caído las fortalezas de Sarria y Chantada en manos de los rebeldes, y entonces huyó, siendo perseguido hacia el Castillo de Ponferrada que era propiedad de su mujer, en donde se atrincheró. 

Lo tuvieron cercado en él, pero no fueron capaces de tomar el castillo. Regresaron “Os Irmandiños” sin conseguir su propósito, y fueron a reforzar otros frentes de batalla. Por los relatos de los testigos de la provincia de Lugo, derrocaron al menos las siguientes fortalezas:
Lugo, Bande, Bolaño y Ansián del Marqués de Astorga. Aguieira de González
Rivadeneira. Sarria, Monforte (fortaleza, casa y cerca), Caldelas, Castillo de Grabullo, Castro de Rey, y en el Vierzo, Cornatell, Peña Ramiro y Moeche, del Conde de Lemos. San Vicenco de Goldrame del Comendador de Puertomarín. San Payo de Vasco das Seixas.

Santa Eugía de Pedro Alvarez de Pallares. Castillo de Arcos del Conde de Rivadavia. Castro Caldelas y Candaz de Fernán de Camba. Peña Aguieira, Villar, Mosteiro y Barrera de Álvaro González Ribadeneira. Ansián, del Conde de Trastámara. Bande de Fernández de Ribadeneira (padre de Pedro Bolaño). Tamego de Fernán Sanjurjo (Alcalde de Villalba por Diego de Andrade).

 Vaamonde de Dª Mayor Vaamonde. Santa Euxía de Pérez Álvarez de Puerto Marín. Ponferrada, Corrillón, Serrasín y Balboa. Arcos del Conde de Santa Marta. Marante de Rodrigo Fernández de Marante. Benquerencia y San Jurjo de Abeancos de Sancho de Ulloa. Juvencos y Castro Cabadoso del Conde de Ribadavia y del Conde Sancho. Moreda de Juan de Sotomayor. Fragio de Fernando de Castro el viejo. Caldelas, Dorcillón, Juvencos, Vilaboa y Figueiroa del Conde D. Sancho. Castroverde, Rocha de Nerla de Pérez Alvarez de Puerto Marín.Fueron como mínimo 49 las fortalezas derribadas.

FRENTE DE CORUÑA / BETANZOS

Era esta una zona muy reprimida por la Nobleza. Estaba especialmente Gómez
Pérez das Mariñas, señor de Suevos. Era Gómez Pérez das Mariñas de una de las estirpes de la vieja Nobleza gallega. Fue paje de Juan II y vencedor en muchos torneos en la Corte.Su servicio a la Corte de Juan II, le valieron unas rentas que le habían permitido una boda ventajosa con la hija del Conde de Haro. Cuando regresó de la Corte a sus posesiones,se convirtió en el terror de las Mariñas. Le temían más que al propio señor de Andrade.

Según testimonios que quedan de los vecinos, y recogidos por Couselo Bouzas,
“hacían muchos males, robos y rescates de hombres, que no salían de sus casas a cavar las viñas ni a otra cosa, sin ir bien acompañados y armados; solían ir para estos menesteres diez, doce o hasta veinte hombres juntos, armados de lanzas y escudos y tenían espías para ver si venían a ellos los malhechores a forzarlos y robarles los bois o facendadas que tenían”. 

Cuando los vecinos se consideraban inseguros en su domicilio se iban a dormir a las iglesias. Esto mismo lo reflejan en la declaración del pleito Fonseca/
Tavera testigos del levantamiento, que así era el temor que infundía las gentes de Gómez Pérez das Mariñas. Los vecinos no osaban salir solos a los caminos por miedo a que los secuestrasen y los vendiesen, o pedían rescate por ellos. Cuando tenían que ir a las viñas o campos, iban en grupos y armados para que no les robasen a ellos, a los bueyes u otros animales.

Como en una fortaleza de Gómez Pérez das Mariñas, “O Baroco” estaba refugiado, entre otros, “Os Esquerdos”, que eran 4 asesinos que tenían atemorizada la comarca, siendo en estos casos los más perjudicados los campesinos que vivían alejados de los centros urbanos de la época, Lanzós cerca esta fortaleza auxiliado por una partida de “Irmandiños” llegados de La Coruña, al mando del Bachiller Patiño y del Alcalde Perianes de Nostián, Arrasaron la fortaleza y sus moradores.

Cuando comenzó la revuelta, Gómez Pérez das Mariñas se hizo fuerte en su casa de San Martín de Suevos, desde donde se dominaba todo el valle de Betanzos. Se cree que Lanzós, que estimaba a Gómez Pérez das Mariñas por considerarlo un rival en potencia de su odiado enemigo y antiguo protector Fernán Pérez de Andrade,pactó con él, y garantizó su seguridad personal y la de su familia. Es más que probable que Pérez das Mariñas se refugió durante la revuelta en las posesiones monásticas de Samos, o en el propio Monasterio de Samos.

Era Capitán de la “Hermandad” en Betanzos el escribano Juan Blanco, al cual los vecinos y la “Hermandad” le tenían gran respeto y consideración, y que decían había conseguido del Rey Enrique IV una copia del original de la autorización para la formación de las “Hermandades”.En Puentedeume, Alonso de Lánzos después de apoderarse con sus gentes de esa plaza, cuna y solar de sus familiares los Andrade, y haber puesto en fuga a Fernán Pérez de
Andrade, fue a unirse con sus correligionarios que venían del Este para dar la batalla final a Pedro Pardo de Cela, (que también había sido un vasallo de los Andrade, pero salido de su tutela al casarse con Isabel de Castro, hija del Conde de Lemos), que dominaba el norte de Lugo: Mondoñedo, Vivero y Ribadeo. 

Este Noble estaba confederado con su yerno Pedro Bolaño de Rivadeneyra, y con su primo Pedro Miranda, señor de la casa del Renegado. A tenor de lo mal que se querían Lanzós y Pardo de Cela, debió ser una lucha encarnizada. En el enfrentamiento, Alonso de Lanzós hizo matar al primo de Pardo de Cela, Juan Nuñez Pardo de Cela y derribó varios castillos. La victoria fue para los “Irmandiños”. Lanzós no debía haber olvidado lo que había sufrido su esposa cuando Pardo de Cela ayudó a Fernán Pérez de Andrade a la rendición por hambre de la fortaleza de Mesta.

Pardo de Cela se refugió en una de sus fortalezas, A Frouseira, que se consideraba inexpugnable. Pero se vio cercado por los rebeldes, y forzado a capitular, pues no había muros que se resistiese a la furia de los “Irmandiños”. Mas tarde consiguió escapar a Asturias, y finalmente exiliarse en Castilla, lo cual fue una humillación para él, dado su orgullo. Acaso contara en ultima instancia con la complicidad de Lanzós, que aunque quería mal a Pardo de Cela, era persona poco sanguinaria, y que no quería víctimas.

Aunque estaban en bandos opuestos, habían sido compañeros bajo la tutela de los Andrade.Tal vez hayan sido más las fortalezas derrocadas por la “Hermandad” de Coruña/Betanzos que aquellas que constan en relatos testificales, pero atendiéndonos a estos,podemos señalar los siguientes:
Mourel de Juan Lóez Varela. Porras de Fernando de Andrade. Cadelo de Juan López de Cadelo. Aranga de los Vilarullo. Seixo, Parada, Broco, Bal-da-Veiga, Cillobre, Albroco y Ozejo en tierra de Parada y Miraflores de Gómez Pérez das Mariñas. Figueroa de Lopo Pérez de Meira.

 Puebla de Parga de Pedro de Parga (padre de Parragués). Guitiríz, Insua,
Moreda y Samartiño de Ares Vázquez de Parga. Asías y Otero del Rey del Conde de Lemos. Mellid, Lama y Grovas de Martín Sánchez das Mariñas. Morgade del Conde de Altamira y Mens de Lope Sánchez de Moscoso.
Suman un total de 31 fortalezas destruidas.Faltan por contabilizar las fortalezas de la zona de Mondoñedo por falta de datos,pero fueron varias, entre ellas la más famosa era la de Frouseira, del mariscal Pardo de
Cela.

FRENTE DE SANTIAGO

Es esta ciudad centro de un gran núcleo “Irmandiño” de la que dependían otros
varios. Fue su actividad también grande, y destruyeron muchas fortalezas, aduciendo los mismos motivos: “ser estas sitio de refugio de gentes de mal vivir, verdaderas guaridas de ladrones”.Coordinaba estas fuerzas D. Pedro Alvares Osorio, hijo del fallecido Conde de Trastámara.Reunida un gran grupo de 12.000 “Irmandiños” armados con lanzas, espadas,ballestas, escudos y otras armas, mandado por el jefe de la “Hermandad” de la ciudad Álvaro García Chantrero, y por varios regidores alcaldes y cuadrilleros, fueron y derribaron las torres de la Trinidad y de la Plaza, dejando de esta la pared unida a la muralla, para conservar el cierre de la ciudad. 

Mientras arrasaban las fortificaciones militares de la Catedral, los “Irmandiños” repetían una invocación religiosa, (Dios y los hermanos de Galicia”), que se sospechaba había sido autor el Canónigo Vasco Martínez, el que redactó la constitución de la “Hermandad”.Dirigió el derribo el experto en ese menester, Gonzalo “O Bispo”, que era el maestro de Obras de la Catedral de Santiago. Tenían refuerzos venidos de Padrón y otros lugares cercanos, así como los 10.000 que regresaron de la persecución infructuosa al Conde de
Lemos, al que habían perseguido hasta Ponferrada, sin haberla podido tomar el Castillo..

Estos 10.000 “Irmandiños”, que habían regresado de Ponferrada, fueron a Santiago a reforzar a los rebeldes que cercaban el Castillo de Rocheforte. Este Castillo perteneciente al Arzobispo y estaba de Alcalde, Álvaro Sánchez Vila, uno de los caballeros que había traído consigo Fonseca II. Emplazaron las baterías de entonces, y le tomaron y derrocaron.No existen documentos ni escritos que mencionen estos hechos, pero debió ser una reciabatalla a juzgar por la solidez, resistencia y medios de defensa de la fortaleza. 

Fueron seguidamente a Noya, y arrasaron El Tapal, la encantadora residencia que allí tenía el Arzobispo, que por entonces estaba exilado en Monzon, Portugal, a orillas del Miño.Después Fonseca II se fue para Castilla, y volvió a retornar a Monzon.Estas fuerzas “Irmandiñas” siguieron con su labor destructiva en todas direcciones.En la fortaleza de la Barrera, a un kilómetro de Oca, que tenía como jefe a Betote Freiría,y estaba bien defendido, le pusieron cerco. 

Según un testigo del Pleito Fonseca/Tabera este cerco duró 3 semanas, hasta que el Alcalde de la fortaleza Álvaro Sánchez salió de esta, con la artillería y ballestería que en la misma tenía, entregándola a los “Irmandiños”,para dar libertad a la obra de demolición, que realizaron con picos, barras de hierro y otras herramientas. Siguieron derrumbando las fortalezas de Cira e Insua de Vea Los “Irmandiños” que fueron en dirección a Padrón, Rianxo, Puebla y Noya, destruyeron las de esas zonas. 

También cayeron Altamira, Broño, Vimianzo y tal vez Mens y Ferreira. Otros grupos asolaron la torre de Junqueras, las casa fuertes de la Puebla
y Palmeira que eran del Arzobispo de Santiago. Destruyeron las defensas de Noya y la torre de Peña Fiel. Siguen las fortalezas de Mesía y Grovas así como Jallas. La Hermandad de Santiago con sus afiliados y aliados, debió destruir las fortalezas siguientes:

Las torres de la Plaza, de la Trinidad y la Nueva de los palacios viejos en la ciudad de Santiago. Las fortalezas de Cira, Altamira, Morgade, Broño y Vimianzo del Conde de Altamira. La Barrera, la Rochafuerte, la Rochablanca, la torre de Padrón, la del Oeste (parte sigue en pié actualmente), la de Noya y la de Palmeira, la de Peña Fiel y la de Jallas del Arzobispo de Santiago. La de Rianxo de Suero Gómez. La casa de la Puebla del Deán. La de las Junqueras de Esteban de Junquera. La de Insua de Vea, de Suero Gómez de Sotomayor. La de Mesía de Pérez Gómez das Mariñas. La de Castenda de Fernando de Castro.
Un mínimo de 23 fortalezas torres fueron destruidos en la zona.

FRENTE DE ORENSE

Fue de esa parte de Galicia de donde menos testigos declararon en el proceso
Fonseca/Tabera, y por ese motivo se tiene menos información.Algún testigo testifica que estando en la ciudad de Orense, vio echar un pregón a un
enviado del Rey de Castilla, D. Enrique, el cual mandaba a las gentes de Galicia a que se juntasen en Hermandad e hiciesen Alcaldes y Cuadrilleros, y que todos juntos derrocasen los castillos y fortalezas de dicho reino.

Hay una crónica sobre el asedio al castillo de Allariz. Dice así: “Este ejército
tumultuario (los “Irmandiños”) estaba armado de escopetas, ballestas fuertes y lanzas.No tenían artillería, pues aún en ese tiempo en Galicia había poca. (Se ve el notable atraso de Galicia, pues hacía tiempo que se empleaba en las guerras). Los del castillo tenían las mismas armas, y además una maquina que se llamaba onda-palas, con la que arrojaban piedras redondas de una arroba de peso, que hacía mucho daño a la gente del bando “Irmandiño”. Entonces los sitiadores construyeron un trabuco en una torre nueva con la que arrojaban piedras redondas de 2 quintales. Estaba al mando de la defensa de la villa el caballero Luis de Abreu”.

Como se dice, pocos datos se pueden ofrecer de momento de Orense, aunque
el reclutamiento y comportamiento tanto de la nobleza como de “Os irmandiños” es semejante a las otras provincias.En este frente la actividad de los “Irmandiños” es semejante a los otros. Impartir su justicia, y derribar fortaleza.

RESISTENCIA SEÑORIAL

Excepcionalmente algunos señores resisten en Galicia a los “Irmandiños”, y
consiguen éxitos parciales en la lucha. Como el dominio de los “Irmandiños” fue escasamente de dos años, éste dominio no se consolidó totalmente en todo el territorio.Un acoso de los rebeldes se rechazó en Allariz por el caballero Luis de Abreu, tal como lo reflejamos. No hay constancia que los “Irmandiños” se adueñaran de la villa.Otro señor que no se dio por vencido fue el padre del capitán rebelde Diego de Lemos, Alfonso López de Lemos, a pesar que le derrumbaron las fortalezas de Sober y Ferreira .

Sin embargo, hasta la primavera de 1469 las victorias de las fuerzas señoriales, debidas a la resistencia individual y aislada de algunos Nobles, son muy escasas, y las poblaciones tomadas por éstos, o que resistieron al acoso rebelde, son por así decir, pequeñas islas en medio del territorio gobernado por la “Hermandad”.

EXPECTATIVAS DESPUÉS DE LA REVOLUCIÓN

ACTITUD DE LA CORONA

El movimiento y revolución de “Os Irmandiños” había cumplido su fin, pero
carecían de ideal político, o algo parecido. Estaba orientado hacia quedar en nada. Por otra parte, el apoyo de la Corona era más bien una conveniencia del Monarca Enrique IV, para que con la ayuda de los revoltosos, poner un freno al poder de la Nobleza gallega,que a veces no hacía caso al Rey de turno. Galicia estaba como olvidada por sus Reyes,pues hacia un Siglo que no recibía una visita Real. La ultima visita había sido de Enrique II, tatarabuelo del Rey actual Enrique IV, en 1376.

El Rey y sus asesores se dan cuenta que puede ser un peligro que la revuelta de Galicia se extienda al resto del reino. Es hora de marcar las diferencias con el movimiento rebelde, y comenzar a ponerle un freno, poniéndose, aunque tímidamente, al lado de la Nobleza.

COMPORTAMIENTO DE LOS “IRMANDIÑOS”

Durante la breve dominación de la “Hermandad”, éste es el organismo ejecutor de la justicia, que castiga severamente los delitos comunes. Sus jueces suelen ser severos en las penas de condenas. Se dan varios casos de ejecuciones, sobre todo por delitos de robos. Tal es el temor que la “Hermandad” infunde a los malhechores que escaparon de la quema de la guerra, que hay una frase del cronista Palencia que la refleja: 

“Finalmente,las “Hermandades” de tal modo aterrorizaron a los ladrones que por doquier vagaban, que el caminante cargado de dinero marchaba descuidado por las más solitarias sendas”.Con respecto a los Señores, que hasta entonces los tenía oprimidos, la “Hermandad” no dispone su muerte, pero establece en cambio la prisión como castigo.La Iglesia gallega estaba dividida. Mientras los Prelados por lo regular se emplazaban con los señores feudales, el bajo clero confraternizaba con los “Irmandiños”. 

Fue el bajo clero el que indirectamente hizo posible la revolución. No fue casual el entendimiento entre la base de la iglesia y los “Irmandiños”. Por un lado el bajo clero comenzaba a entender la opresión que pesaba sobre el pueblo. Por otra parte los vasallos vieron que necesitaban el apoyo, la benevolencia y neutralidad de la Iglesia. De ahí que persiguieran a los señores feudales con el pendón de Santiago el frente.

Durante los 2 años que mantuvieron el poder (1467/69) los “Irmandiños” no
volvieron a preguntar “de que color era la excomunión”, no quemaron ni iglesias ni monasterios que eran lugares de culto, ni molestaron a ningún eclesiástico. (Las Iglesias y Catedrales formaban parte del poder espiritual. Pero las fortalezas y castillos de la Iglesia no formaban parte de ese poder espiritual, sino tan solo el símbolo del dominio feudal eclesiástico, que en caso de triunfar la rebelión, desaparecería con los demás señoríos) 

De ahí que asolaron fortalezas de la Iglesia.En esos dos años de revuelta, los más perseguidos fueron los malhechores comunes,escuderos y otros servidores de las fortalezas señoriales, que amparándose que estaban al
servicio de un Noble, cometían las fechorías, y después se refugiaban en las fortalezas.Durante ese tiempo de revueltas, a pesar de que algunos caballeros amparándose en su poder había cometido robos o usurpaciones, no se sabe de venganzas personales de sus vasallos en contra de ellos. 

Todo el odio lo volcaban en el derrumbamiento de las fortalezas, por ser el nido de la mala gente.Cita D. Benito Vicetto que al decir de algunos cronistas antiguos “En guerra los vasallos contra sus señores en Galicia, por donde quieran que pasaban aquellas hordas o Hermandades de la común, semejaban el impulso incontrarrestable del huracán, porque,sobre atentar (en vez de) a la vida de los Nobles, derribaban con encono frenético sus castillos feudales”. 

Da a entender que no había represalias contra aquellos Nobles que tan mal los habían tratado Pero no siempre había unanimidad en el derrumbamiento de las fortalezas. En Orense, en Abril de 1467, al principio de la revuelta, parte de la “Hermandad” que era del sector moderado, no estaba de acuerdo para que se derribasen las fortalezas del Ribeiro, después de haberlo hecho los radicales con las de Castelo Ramiro. Los radicales eran la gente común, campesinos y artesanos que eran los que más habían sufrido, y que nutrían mayoritariamente el ejercito.

Enrique IV al principio no dio autorización para derribar las fortalezas de la Nobleza que le era fiel, pero los “Irmandiños” no le obedecían. En su entendimiento estaba que en las fortalezas está el mal, por que en ellas se cobijan y refugian los que les causan los males, les roban y oprimen. Hay un cambio de correspondencia entre el Monarca y los dirigentes “Irmandiños”. Al final el Rey envía una carta firmada en que autoriza el derrocamiento de las fortalezas de Galicia, y ordena a los Alcaldes de las mismas que se las entreguen a los “Irmandiños”, agregando siempre “de las cales se fasian robos et mortes”. 

Naturalmente, para los “Irmandiños” estas eran todas fortalezas de Galicia. Esta carta da luz verde para que no quede en pie la mayor parte de las fortalezas de Galicia.

ACTITUD DE LA NOBLEZA ANTE SU DERROTA

Los señores, ante aquel imponente y devastador aluvión, hicieron lo que aconsejaba la prudencia, esquivaron su encuentro, y se pusieron a salvo como pudieron, esperando a que las cosas volvieran a su sitio. La mayoría de los Nobles se exilaron en sobre todo Portugal. A Castilla fueron los menos ante el temor a la Corona, por que la Nobleza gallega apoyaba al hermanastro del Rey Enrique IV, llamado Alfonso, en quien hicieron abdicar los Nobles de Castilla, aunque Enrique dio marcha atrás de inmediato.

 Enrique tuvo problemas por su débil carácter, al punto que queman una efigie suya en Ávila y después la arrastran por el suelo.Algunos, los menos, se vieron esforzados a alojarse en albergues de vasallos fieles, y por las Iglesias y Monasterios como Suero Gómez de Sotomayor, señor de Lantaño, que el
testigo del pleito Tabera-Fonseca, llamado Alfonso de Piñeiro, vio que andaba escondido, acompañado por un mozo, y le daban de comerlos los labradores escondidamente. 

Este testigo tenía constancia de otros señores estaban en la misma circunstancia. Gómez Pérez das Mariñas. Este señor al recuperar sus bienes hace fuertes donaciones al Monasterio de Samos, por lo que se cree que fue su lugar de refugio. Lope Sánchez de Moscoso muy joven, y recién llegado de la Corte, para hacerse cargo de la casa de Altamira al fallecer sus tíos Bernal Yáñez y Álvaro Pérez de Moscoso,no es acosado por los rebeldes, como tampoco lo fueron sus fieles caballeros Martí de Barbeira, Alvarez de Carantoña y Pérez de Castela. No solo no fueron importunados por
los “Irmandiños”, sino que no sería extraño hubiesen confraternizado con ellos.

El Arzobispo D. Alonso de Fonseca II, después de haber pasado más de dos años encerrado en Vimianzo por el fallecido Conde de Altamira, y desterrado después por su hermano a Redondela, se exila primero en Castilla, en donde tenía posesiones, después en Monzon, Portugal.El Conde de Lemos, que temporalmente fue preso por los rebeldes, y liberado después de pagar el rescate, había huido perseguido por 30.000 “Irmandiños” que acaudillaba Diego de Lemos, y estuvo refugiado en el Castillo Ponferrada, que era propiedad de su mujer. 

Pedro Pardo de Cela, incapaz de sufrir la presión a la que le había sometido Alonso de Lanzós, se va con otros magnates más a Castilla. El Conde
D. Sancho de Ulloa con mucho miedo, se va para Castilla, para desde allí observar los acontecimientos, acompañado de otros Nobles Y así casi todos propietarios de Galicia cuyos bienes habían asolado.

Pedro Alvarez de Sotomayor (después Pedro Madruga), dueño ya del patrimonio de su hermanastro Álvaro, emigrado en Portugal, en compañía de deudos y amigos que allí tenía, estrechando relaciones con la Nobleza y el propio Rey de Portugal Alfonso V, y casándose con la Noble portuguesa Dª Teresa de Tabora, hija de Álvaro Pérez de Tabora.

Pero pasados dos años, los señores emigrados, que estaban a la mira de lo que pasaba en Galicia, y observaban el decrecimiento “Irmandiño”, vieron que era el momento de recuperar sus estados.

INDECISIÓN DESPUÉS DE LA VICTORIA

La revolución “Irmandiña”, con tantos bríos comenzada y con tanta rapidez llevada a cabo, no podía tener un fin permanente, por falta de un ideario político, cosa que entonces era desconocido. Tampoco lo tenían los Nobles rebeldes que en ella habían tomado parte.Tampoco los dirigentes del pueblo, ni las masas sublevadas.Los Nobles que habían apoyado y dirigido la revuelta se proponían, salvo excepciones, vengar resentimientos, adquirir gloria popular, y recuperar posesiones perdidas, un fin personal no muy noble.

El pueblo, vengar las ofrendas y agravios recibidas: males, presiones, robos,
extorsiones, rescates, abusos, etc. Como todo esto se fraguaba en las fortalezas, y en ellas vivían los causantes de sus males, la manera de infligir un castigo a los culpables era destruir el lugar donde se refugiaban una vez cometido el delito, las fortalezas, Cumplido este fin de destruir los refugios del delito, no sabían lo que tenían que hacer. Les faltaba un plan o fin político. Un líder que quisiese hacer algo por el pueblo. 

Hay que considerar que a esa altura de la historia no existía conciencia política.
Cuando en la primavera de 1469 Pedro Alvarez de Sotomayor con el Arzobispo Fonseca II y D. Juan Pimentel salen de Portugal a reconquistar sus bienes, había fuertes tensiones entre los propios “Irmandiños”. En una fuerza tan heterogénea, era de esperar que aflorasen las discrepancias. Durante la lucha contra el enemigo común, los rebeldes dejaron aparcadas las diferencias. 

Pero vencido el enemigo, que era la Nobleza, salió a relucir los distintos puntos de vista entre los miembros de las Juntas, y entre las Juntas mismas, y con algunos planteamientos campesinos.La mediana Nobleza y los Hidalgos que había apoyado el movimiento, se da cuenta que durante el fragor de la revolución en el derrumbe de las fortalezas, no respetaron las suyas, que también tiraron. A pesar de que ellos estaban apoyando la causa, y luchado por ella. Termina la guerra, son vencedores, y se encuentran sin sus bienes. 

También notan que el régimen de la “Hermandad” esta en contradicción total con el régimen feudal, y ellos como Hidalgos no están dispuestos a perder el privilegio de seguir siendo los señores de la plebe. (Parece que la excepción fue en los Hidalgos que estuvieron en las fuerzas de Pedro de Osorio, que le fueron fieles hasta las ultimas derrotas).Comienza a haber un cambio de postura en la clase dirigente. Los que iban con ánimo de revancha la satisficieron al vencer en la revuelta, pero los idealistas comprobaron que no iban estar mejor que antes de la revolución. Los campo no se cultivan, y el hambre puede acechar al pueblo.

CONTRAOFENSIVA DE LA NOBLEZA

ALIANZA DE LA NOBLEZA

Rehechos del susto que les dieron los “Irmandiños”, la Nobleza comienza a tomar posiciones.Los Señores que estaban a la mira de lo que en Galicia pasaba, observan las indecisiones de los “Irmandiños”. Los grupos o dirigentes, cada uno anda por su lado.La Nobleza vio que era la ocasión para recuperar sus bienes. Empiezan estos con los preparativos, reuniendo gente los que contaban con medios y facilidades para ello.

El Arzobispo D. Alonso de Fonseca, residía en Monzon, Portugal, enfrente a
Salvatierra haciendo frecuentes viajes a Castilla, con el objeto de conseguir refuerzos y reclutar mercenarios. En Salamanca coincide con el hermano del Conde de Benavente, D. Juan Pimentel que andaba con mismo propósito. Pedro Alvarez de Sotomayor, también en Portugal, planea sus alianzas, pidiendo ayuda a sus parientes por parte de su esposa portuguesa, y a la Corte portuguesa, que buenamente se la concede, y por otro lado procurando reunir los fieles que en solar gallego les quedaban.

Hacen una alianza entre los tres, acordando recuperar primero Santiago, que era la ciudad más importante y de referencia, y desde allí, después de hacer un llamamiento a todos los Señores que andaban escondidos o residían en el exilio, extender la reconquista, y formar unos frentes que les permitieran recuperar sus bienes. Para la formación de esos ejércitos, precisaban disponer de dinero, cosa que solo disponían aquellos Nobles, que aparte de tener bienes en Galicia, también los tuviesen en Castilla, caso de Fonseca y Pimentel, o en Portugal, caso de Sotomayor. También es el caso de los Lemos, Sarmiento, Ulloa, etc.Es Pedro Alvarez Sotomayor el que se pone al frente de la coalición.

RECONQUISTA DEL SUROESTE DE GALICIA

No se sabe el camino que tomarona D. Alonso de Fonseca (que después de estar un tiempo en Portugal, y después año apx. en Castilla, venía acompañado por 300 de a caballo y gente de a pié ), y con él D. Juan Pimentel, para poder llegar a Santiago. Se sospecha que entraron por el Cebreiro. Tampoco se sabe si en el camino conquistaron las muchas posesiones que los Pimentel tenían en la provincia de Orense. Se cree que avanzaron directamente hacia Santiago, siguiendo el plan de invasión diseñado por Pedro Alvarez Sotomayor.. Ambos señores, el Religioso y el Noble llegaron a Santiago en la primavera de 1469, con un ejercito de 4.000 hombres. Al llegar le pusieron cerco, pues pasaba ya de un año que los “Irmandiños” la dominaban, y eran sus dueños.

Por su parte, D. Pedro Alvarez de Sotomayor, (Pedro Madruga), concertado su matrimonio en Portugal, procuró valerse de éste y de las amistades que allí había adquirido, a fin de conseguir gente que le sirviera para las futuras reconquistas. Tenía una relación muy estrecha con el Rey de Portugal Alfonso V. Estaba convencido que era precisa una alianza entre los magnates gallegos desposeídos de sus bienes, para llevar a buen termino su reconquista. Con el beneplácito del Rey portugués Alfonso V, recluta un ejercito de mercenarios extranjeros y tropa portuguesa, aparte de la gente que le sigue siendo fiel en Galicia.

Salió Sotomayor con sus amigos y aliados de Portugal. Juntamente con los vasallos que se mantenían fieles en su solar gallego, reunió un ejercito de 100 lanzas y 2.000 peones aprx., pero había adquirido arcabuces y culebrinas, por lo que iban con ventaja a las batallas. Estas armas de fuego que se supone aportaron los mercenarios extranjeros, causarán estragos entre las fuerzas “Irmandiñas”, pues estos siguen luchando con flechas y aperos del campo, y poco más.

D. Pedro Alvarez Sotomayor, contando con el apoyo de la gente que le sigue fiel en Galicia, cruza el río Miño. Teniendo conocimiento de su llegada, le salieron al paso los “Irmandiños” de Orense, Tuy y Santiago coaligados, en un numero entre 4.000 y 5.000 rebeldes, que se habían acuartelado y parapetado en el camino con animo de prenderle y matarle en el castillo de La Framela o Famela cercano a Tuy. El encontronazo fue terrible,dando lugar a una lucha feroz cuerpo a cuerpo, él en medio de sus hombres, animándolos con gritos y sus arengas que se harían habituales, haciendo numerosos muertos. 

Atendió a sus heridos, y no paró hasta desbaratar por completo a los que intentaban detenerle Vencidos los “Irmandiños” que le cortaban el paso, continuó su marcha hacia Pontevedra, que tendría entonces unos 1.000 vecinos, pero a los que se le había agregado mucha gente de otros lugares. Sobrepasaban con mucho a la tropa de Sotomayor. Estaban mandados por el Capitán Lope de Valladares o Lope Pérez Mariño, hijo de Payo Mariño de Lobera y Dª. Elvira de Valladares. Dispuestos a cortarles el paso, tomaron posiciones para que no pasara Sotomayor con su gente. 

Pero él vigilaba estos movimientos de los pontevedreses, y tomó disposiciones fuera de la villa, poniendo delante largas lanzas y ballesteros, detrás de las cuales iban los caballeros pegados, con él en medio. Viéndolos en esta actitud los de la villa, los “Irmandiños dijeron a su capitán que era mejor encerrarse en la ciudad, y esperar allí, pensando que les ganaría el miedo a la tropa de Sotomayor, al ver la cantidad de gente que estaba dispuesta a no dejarles pasar.

Pero éste, al encontrarse sin enemigos que le cortasen el paso, y  aprovechando la bajamar, pasó el río Lérez, dirigiéndose a toda prisa a Santiago, pasando puentes y pasos peligrosos, sin que nadie le cortara el paso, “por que lo vieron muy feroz”.(Hay otra versión muy discutida, que dice que la marcha de Sotomayor fue detenida en Pontevedra por el capitán Lope Pérez de Mariño, pero D. Pedro empleando su artillería, que por primera vez se empleaba en Galicia, se abrió paso y cruzó el Lérez).

RECONQUISTA DE SANTIAGO

En Santiago recibieron con gran placer a Pedro Álvarez de Sotomayor, el Arzobispo y D. Juan Pimentel, que mantenían el cerco a la ciudad, en la que se encontraba defendiéndola el ejercito “Irmandiño” con más de 10.000 hombres, al mando del capitán D. Pedro Alvarez Osorio, hijo del fallecido viejo Conde de Trastámara. En este ejercito “Irmandiño” había gran numero de Hidalgos que se había adherido a la causa rebelde, y el grupo lo componían tanto gallegos, como muchos asturianos venidos de las zonas de Návia y Burón, (hoy León). 

Estos combatientes no eran gallegos, pero apoyaban a las fuerzas de los “Irmandiños, por que eran vasallos del nuevo Conde de Trastámara, y este los agobiaba con sus injerencias en los asuntos internos en esas villas. Habían presentado sendas quejas al Rey, pero éste no parece les hiciera caso, como
tampoco antes no lo había hecho con las quejas gallegas Todavía los rebeldes esperaban más gente.No se sabe por que Pedro Alvarez Osorio el capitán de los “Irmandiños” no atacó a las fuerzas feudales antes de la llegada del refuerzo de Pedro Alvarez Sotomayor, cuando éstas estaban en desventaja, y su victoria parece que podía ser fácil. 

Hay quien supone que en el fuero interno de Alvarez Osorio, éste deseaba perder.El grueso de las fuerzas de los “Irmandiños“ estaban concentradas en una zona próxima a Santiago, llamada la Almaciga. En la Catedral había quedado atrincherado un grupo lo suficientemente poderoso como para aguantar un cerco.Los dos ejércitos estaban a la expectativa, y se observaban mutuamente, como si temiesen aventurar en una sola acción el éxito de la campaña. Cuando llegó Sotomayor,sabiendo que los rebeldes estaban esperando refuerzos, y viendo a sus aliados en esa actitud expectante, D Pedro Alvarez Sotomayor, les dijo al Arzobispo y a D. Juan Pimentel: “si esperaban a que se juntasen todo el mundo contra ellos.

 “Somos entre gallegos, portugueses y castellanos 300 lanzas. Arremetamos a D. Pedro Osorio, que si lo desbaratamos, todos los otros huirán”. En el campo “Irmandiño” militaban unos 10.000 hombres. Los feudales eran la mitad, pero contaban con 300 lanceros de primera categoría, y sobre todo con el auxilio de una pequeña elite de mercenarios acostumbrados a las batallas, que manejaban los arcabuces y culebrinas. Dicho esto, Sotomayor se disfrazó con unas ropas viejas y armaduras mal bruñidas para que no lo reconociesen, y puesto al frente de su ejercito les animaba diciendo ”¡A D. Pedro, a D. Pedro!”. (Por Pedro Osorio).

 Excitados con estas voces, acometieron los suyos a los “Irmandiños” tan reciamente, que estos no se atrevieron a esperarlos en
el campo, huyendo en pos de D. Pedro, que al oír aquellas voces que lo mencionaban a él como objetivo a liquidar, se descompuso, y tirando al suelo la espada, comenzó a escapar en cabeza de los que huían. Le siguieron los que pudieron. Las fuerzas feudales alcanzaron a muchos, matando, hiriendo y prendiendo. En esta batalla quedó desbaratada la “Hermandad” de Santiago.

Según un testigo del proceso Fonseca/Tabera, esta batalla de la Amáciga, cerca de Santiago, “se juzgaron y mataron a muchos de ellos”. Comenzaba a aparecer la crueldad de Sotomayor Pero los “Irmandiños” que estaban dentro de la ciudad Santiago, siguieron soportando el cerco durante dos meses. Manifestaron que solo cesarían en su defensa y entregarían la ciudad, si respetaban sus usos y costumbres de siempre, cosa que aceptó y respetó el Arzobispo Fonseca II, quien entró en la ciudad, cojeando a causa de una herida
ocasionada por los rebeldes.

Esta victoria feudal no solo abrió las puertas de Santiago al Arzobispo Fonseca II, sino que lo puso en posesión de toda su Diócesis. Entretanto los Nobles, comprendiendo que el furor y el poder de los “Irmandiños” comenzaba a declinar rápidamente, comenzaron a salir de sus escondrijos y plantearse la reconquista de sus posesiones.

RECONQUISTA DEL NORTE - FINAL DE LANZÓS

Después de la reconquista de Santiago, que era la ciudad emblemática de Galicia,Sotomayor mandó llamar a Fernán Pérez de Andrade, Gómez Pérez das Mariñas, Sancho Sánchez de Ulloa y Lope Sánchez de Moscoso. Vienen estos con sus mesnadas, y juntas todas las fuerzas, comienzan a recuperar las tierras y bienes que habían perdido durante la revuelta. Pedro Alvarez Sotomayor se convierte en el líder de la reconquista.

Pérez de Andrade y Pérez das Mariñas que eran encarnizados enemigos, estaban ya ancianos, pero el odio a los “Irmandiños” los mantenía a caballo. A pesar de lo mal que se querían, durante la recuperación de sus bienes limaron sus diferencias, y hasta se llevaron bien.Lo más difícil de recuperar fueron los bienes de Fernán Pérez de Andrade II, que se los tenía tomados su familiar Alonso de Lanzós, enemigo encarnizado del de Andrade.Había hecho de Puentedeume su eje de actividad. Recorría aquellas tierras reclutando
más simpatizantes, y animando a todos a resistir.

Cuando los caballeros de la zona de Betanzos y Puentedeume con Gómez Pérez das Mariñas a la cabeza andaban abatiendo a los revoltosos, y recuperando bienes arrebatados por éstos, se encontraron inesperadamente con un sorprendido Alonso de Lanzós, el cual estaba muy acompañado de tropa, e iba a buscar más gente para pelear contra ellos.Sin darle la oportunidad de que se le agregase más “Irmandiños” a su tropa, los señores cargaron contra él, obligándolo a encerrarse en el Castro de Gundián, que era de su propiedad, y uno de los pocos puntos fortificados que aun quedaban en la zona de Puentedeume. 

Previamente, viendo la avalancha de gente que se venía encima, Lanzós
mandó emisarios a Diego de Lemos, que con su ejercito estaba en Orense, diciéndole que contaba con su auxilio para resistir al enemigo.Tan grande fue la presión que ejercieron los señores sobre los rebeldes, que a pesar
de ser el Castro muy fuerte, le hubieran cortado la cabeza a él y a los suyos, si no fuera por que en la enconada batalla, entre las muchas bajas estaba la de un Alférez porta-estandartes de los señores, que allí ocurrió, y que su muerte debió desconcertarles. 

Pero siguieron con el acoso sin que la lucha decayese, luchando por ambas partes con denuedo, hasta que la noche se echó encima, y las tinieblas les impidieron continuar la pelea. Los caballeros dejaron el combate para el día siguiente, pero cuando al alba quisieron proseguir en el acoso, advirtieron que aquellos a quién querían combatir ya se habían fugado todos ellos
a todo correr durante la noche, sin esperar el refuerzo del otro capitán rebelde, Diego de Lemos, que estaba a punto de llegar, puesto que temían que el socorro de Diego de Lemos no llegase a tiempo

Cuando al siguiente día llega “muy poderoso” y con un numeroso ejército Diego de Lemos a socorrer de su cerco a Lanzós, se encuentra de que éste se había fugado. Si éste se mantuviese dentro del Castro aguantando el cerco, los dos unidos, Lanzós y Diego de Lemos, hubieran desbaratado aquella confederación de los Nobles, y abortado la obra de recuperación por los señores, tan admirablemente comenzada.

Cuando llegó Diego de Lemos oyó a lo lejos gritar a grandes voces a Gómez Pérez das Mariñas: “Déjemos a Diego de Lemos el despojo, y vaya en paz”. (Otros dicen que Gómez Pérez das Mariñas pide la cabeza del capitán rebelde). Oído esto por Diego, le produjo tal indignación, que se dispuso a atacar a los señores, de no mediar Pedro Alvarez de Sotomayor, que dijo a Pérez das Mariñas: “Señor tío, déjeme usted hablar con mi cuñado Diego de Lemos”. Se alejaron los dos, pero no transcendió lo que entre ellos hablaron, pero el historiador que da cuenta de este episodio (Vasco da Ponte) dice que
fueron tales las razones de D. Pedro Alvarez Sotomayor, (Pedro Madruga) que movieron a D. Diego de Lemos a marcharse a casa de su padre en Ferreira a los pocos días.

 Otros dicen que Diego de Lemos tenía tan pocas ganas de luchar, que facilitó el acuerdo. Puede que fuese un alivio para él terminar con esa guerra.
Parece que Sotomayor no era ni cuñado de uno ni sobrino del otro, pero por espíritu de cuerpo, los feudales siempre se trataban de parientes. Pero no es de extrañar, por la gran cantidad de cruces por matrimonio, que ellos fuesen parientes, aunque lejanos.

Alonso de Lanzós después de la huida nocturna, alejado de Diego de Lemos, y
mermado en fuerzas, se da cuenta que no puede conservar la villa de Puentedeume.Entonces prefiere entregársela al Arzobispo de Compostela, que una vez curada la pierna herida, participaba de nuevo en la lucha. Se la entrega al Arzobispo en vez de hacerlo a su dueño, Fernán Pérez de Andrade, con la esperanza de llegar a un arreglo con Fonseca.Cierto día, marchaba Alonso de Lanzós un poco a la deriva, intentando reclutar gente, y tratando de recuperar alguna fortaleza, sin poder hacer base en ningún lugar,por que se encontraba aislado y rodeado por enemigos, cuando fueron sorprendidos por
fuerzas feudales. 

Cayó en manos de un Hidalgo hasta entonces poco conocido, Fernán 
Pérez Parragués, que había sido paje del señor de Suevos, Gómez Péres das Mariñas, pero estaba ahora al servicio del enemigo escarnecido de su prisionero, Fernán Pérez Andrade.Capturado Alonso de Lanzós, Parragués esposó al jefe “Irmandiño” y se lo entregó a su señor Fernán Pérez Andrade, quien dio orden de que le colgaran en una de sus almenas de la torre. (Hay otras versiones).

 Muere poco después, en 1470, el señor de Andrade sin poder entrar en Puentedeume, todavía en poder de la gente de Fonseca II. Le sucede su hijo Diego, que había estado prisionero de la Condesa de Rivadavia, tía de “Pedro Madruga” en Castilla, y liberado después de pagar el rescate. Recluta Diego toda su gente, avanzan sobre Puentedeume, y expulsan al Arzobispo de la villa.

Diego de Andrade rehace el ruinoso Castillo de Puentedeume, y hace construir una nueva cárcel para encerrar al líder rebelde Pedro Osorio, que había sido capturado, y en donde muere de pesar.

RECONQUISTA DE MONFORTE Y LUGO

El señor de Balboa, Alonso López de Lemos, que era padre del capitán rebelde
Diego de Lemos, a quien los “Irmandiños” habían destruido sus fortaleza, entre ellas las de Sober y Ferreira, reúne a su gente, y saliendo de esta última, va al encuentro de los que están derrumbando los castillos. Se encuentran con los rebeldes en la Pedrosa y se enfrentan en batalla. De dos pedradas derriban a Alonso López de Lemos del caballo, pero volvió a montar en él, y luchando bravamente los desbarató y persiguió hasta Monforte,que estaba en poder de los rebeldes, pues en su día se la habían conquistado al Conde de Lemos, a quién a la vez le habían detenido.

Cerca López de Lemos a la villa de Monforte, atacando a los “Irmandiños”. Hay
una lucha feroz casa por casa, y los van echando de la villa, hasta que reconquista ésta,consiguiendo retenerla. Cuando regresa el Conde de Lemos al acabar la reconquista, López de Lemos se la entrega.

En Ponferrada, el Conde de Lemos, D. Pedro Alvarez Osorio, (cuyo castillo era de su mujer), en donde se había refugiado escapando de la persecución “Irmandiña”, pasa al contraataque y desbarata el cerco al que estaba sometido. Se rehace y parte hacia Galicia acompañado de su yerno Pedro Pardo de Cela, que había estado exilado en Castilla.

Entre el Conde de Lemos y Pedro Pardo de Cela, con un ejercito de unos 6.000
hombres, reconquistaron después Lugo.De esta manera se fueron los señores adueñando de sus propiedades y jurisdicciones,quedando no obstante muchos focos “Irmandiños “, que poco a poco habrían de desaparecer.

ULTIMOS FOCOS “IRMANDIÑOS

Cuando finalizó la resistencia “Irmandiña”, aun quedaron algunos focos de rebeldes repartidos por toda geografía gallega, que para vivir, lo hacían mediante el robo y los raptos.En la fortaleza de la Lanzada se refugiaron entre 20 o 30 revoltosos, al mando de unos de Pontevedra, Juan García de Barca, y Juan García de Chinchon, los cuales hicieron una empalizada dentro de la torre de la parte derrocada, y un muro, para que no pudiesen dar con ellos. Pero el Arzobispo envió unos escuderos a los que acompañaban otros de D. Pedro Alvarez de Sotomayor a echarlos de allí. 

Salieron los rebeldes de la fortaleza e hirieron a dos, y mataron a uno, que era de Nogueira. Parte de las fuerzas de los Nobles se marcharon a “Fefiñanes”, Cambados, dejando un retén para mantener el cerco a los sitiados. Viendo estos las pocas fuerzas que los estaban sitiando, salieron del cerco los
revoltosos, y prendieron a dos de los escuderos, yéndolos a ahorcar a Pontevedra. Enojados a causa de esto, D. Pedro Alvarez de Sotomayor, Tristán de Montenegro, Fernán Dianes, etc., fueron sobre la torre donde estaba Juan García con 7 u 8 hombres, la tomaron, debido a la traición de uno de los que estaban dentro, ahorcando a dos de ellos, y a los restantes los mataron a lanzadas

Hay pocos datos de esta reconquista de los Nobles, y casi todos estos son del vasallo de Fernán Pérez de Andrade, Vasco da Ponte. Otros datos fueron aportados por testigos del pleito Fonseca/Tabera

REPARACIÓN DE DAÑOS

Vencidas las fuerzas “Irmandiñas” en los distintos puntos de Galicia, quedaron de nuevo los señores dueños de sus bienes, aunque algunos en mal estado. Los estados de ánimo se iban aquietando y se suavizaban las diferencias entre vencedores y vencidos. Naturalmente, en los primeros momentos los vencidos huyeron, sobre todo los cabecillas,pero a los señores les hacía falta su aportación personal para seguir trabajando las tierras,y además de su trabajo. También para recaudar impuestos. 

Así que al poco tiempo todo volvió a ser como antes de la revuelta, más o menos.Cuando regresan de su exilio en Castilla, (cuenta un testigo del pleito Fonseca/ Tabera), que paseando por las cercanías de Monforte, el Mariscal Pardo de Cela le dice a su suegro el Conde de Lemos, “que llenase de vasallos los carballos (robles)”, a lo que contestó el Conde de Lemos “que no quería, por que no se iba mantener de carballos”.

Otra versión dice que la respuesta fue “¿y después van a trabajar para mí los carballos?”. Si ellos lo habían hecho mal, (los revoltosos), lo pagarían Lo debió entender así Pardo de Cela. El Conde da seguridad a todos los vasallos que andaban huidos, que no les pasaría daño. Ésta fue la tónica general, un trato benevolente y paternalista, aunque algún señor se ensañó más que otros con sus vasallos.

Pero en esa benevolencia no entraba la no obligación de reparar los daños, y
reconstruir las casas y fortalezas derruidas. Los “Irmandiños“ no fueron colgados, pero nada mas llegar del exilo los señores, comenzaron éstos con las obras, poniendo los vasallos al servicio del señor el carro, los bueyes y su prestación personal. Normalmente la manutención era a cuenta del propio peón. Dos o tres días a la semana tenían que ir a la obra los vasallos, y éstos, en algunos casos, tenían que aportar dinero para pagar a los oficiales que dirigían la obra. Solían ser vizcaínos estos oficiales canteros. 

Vigilaban la realización de las obras, y la asistencia al tajo, unos delegados de los Nobles, llamados pertigueros o executores.Se cuenta que estando el Conde de Lemos con una vara en mano inspeccionando unas obras, les iba diciendo a sus vasallos “Duro villanos, vosotros que las derrocasteis,vosotros las habéis de hacer”. Al fin de cuentas, las fortalezas ya habían sido construidas
al principio de la misma manera: Obligados por el señor, que como vasallos dependían de él.

En otra de sus fortalezas, la de Ponferrada, durante las obras, se murió un buey de un servidor. Fue a quejarse al Conde de lo que había sucedido, pidiendo al mismo tiempo que le facilitase otro, a lo cuál el Conde le contestó: “Hijos de puta, villanos, que os hacían mis fortalezas que estaban hechas, que si tú y los otros mis vasallos no me las derrocaseis, no os las mandaría hacer de nuevo”. Pero ordenó a un criado suyo que trajese otro buey, y se lo diese si era pobre, ahora si era rico, que el vasallo lo comprase.

Por lo visto era un trato de consideración con sus vasallos.No se tienen muchos datos sobre la reedificación de las fortalezas de los otros Nobles, aunque se supone que sería de un modo semejante, todas a costa del señor, salvo
la prestación personal del vasallo. Algún señor facilitaba la manutención, y alguno incluso les pagaba por su trabajo.

Consta que los Andrade no fueron tan benevolentes con su gente, pues levantaron sus fortalezas de Andrade, Narío y Villalba, con prestación personal de sus vasallos,castigando cuando se resistían con castigos corporales, encerrándolos en mazmorras, o con embargo de bienes, apoderándose de ellos, o de ambas cosas a la vez. Este tipo de maltrato en la jurisdicción de los Andrade, fue una de las causas de la rebelión de 1431.

Sotomayor exigió la prestación personal para la reconstrucción de las suyas. Los demás Nobles no se sabe que método emplearon con sus vasallos, pero no debió ser tan cruel como el de Andrade.El Arzobispo Fonseca II reedificó parte de su patrimonio, aunque no hay constancia de que manera, participando el maestro de obras Gonzalo o Bispo, entre otros. Pero debieron quedar muchas si reconstruir, de ahí el pleito que le planteó a su hijo el Arzobispo Fonseca III, su sucesor Juan Tabera.En quince años todas las fortalezas derruidas estaban nuevamente en pié.

DESTINO FINAL DE LOS CABEZILLAS DE LA REVUELTA

El final de los tres lideres de la revuelta, fue distinto para cada uno de ellos. Lo
fue en función de su status dentro de la Nobleza. Lanzós muerto dignominiosamente ahorcado. Osorio de despecho y pesar en prisión. Diego de Lemos de muerte natural en su domicilio.

ALONSO DE LANZÓS.-- Al finalizar la reconquista de los bienes por parte de los señores, Lanzós tenía en su poder la villa de Puentedeume, que era de los Andrade. Antes de entregársela a éste, prefirió hacerlo al Arzobispo de Santiago D. Alonso de Fonseca II, pues esperaba de él mejor trato que de su enemigo familiar. Después con un grupo de revoltosos fieles anduvo a la deriva, cuando fueron sorprendidos por una avanzadilla de las fuerzas feudales, que mandaba el Hidalgo Fernán Pérez Parragués, vasallo de Gómez Pérez das Mariñas. No se sabe si este le dio la muerte, o se lo entregó a su odiado enemigo Fernán Pérez de Andrade.

(Dicen que Andrade lo mandó colgar de una almena). Lo que sí se sabe, es que Andrade recompensó espléndidamente a Parragués, al regalarle los beneficios de Perves, Villamayor y el Coto de Leiro y Parga.Una hija de Lanzós, Isabel de Castro, se casó con un nieto de su enemigo, llamado también Fernán Pérez de Andrade

PEDRO ALVAREZ OSORIO.-- D. Pedro Alvarez Osorio, principal dirigente
“Irmandiño”, según el Sr. Portela Pazos, (tomando como referencia a D. José Villaamil y Castro), dice que durante cierto tiempo no perdió su poderío del todo. Se cita unas cartas de Enrique IV con fecha de 15 Enero, y otra de 20 Junio de 1470 emitidas en Salamanca, a los vecinos de Vivero, manifestando que quedaban bajo la protección de D. Pedro Alvarez Osorio ante las pretensiones del Mariscal Pedro Pardo de Cela, de hacerse con la Villa.
Lo que sí se sabe, es que cayó prisionero de Fernán Pérez Andrade. Pronto
murió el anciano Fernán Pérez Andrade. Su hijo Diego construyó una cárcel nueva en Puentedeume, en donde lo encerró. D. Pedro Alvarez Osorio murió de despecho en la prisión al poco tiempo.

DIEGO DE LEMOS.-- Cuando a instancias de Pedro Alvarez de Sotomayor abandona la lucha en el cerco al castro de Guntián, cuando pretendía socorrer a Lanzós cercado por las fuerzas nobiliarias, se volvió a casa de su padre en Ferreira (Monforte).Pasados dos años de la derrota de los “Irmandiños”, se casa con Dª Mayor de Ulloa,hermana del Conde de Monterrey y de la concubina de Fonseca II, Dª María, que era cuñada de Pedro Alvarez Sotomayor. Recibió de su padre Alfonso López de Lemos en 1471, como dote de casamiento, los señoríos de Amarante, Sober y Ferreira.

Testimonios no faltan de su honradez, rectitud y caballerosidad, en la designación que de él hicieron Sancho Sánchez de Ulloa, (su cuñado), y Lope Sánchez de Moscoso,Conde de Altamira, para servir de arbitro en unas diferencias surgidas entre ambos.También queda la confianza que en él depositó el Rey D. Fernando V el Católico al encargarle el Castillo y la jurisdicción de Allariz, mientras no se llegaba a resolver el pleito pendiente entre D. Rodrigo de Castro, (hijo y sucesor en el Condado de Lemos), y el
Conde de Benavente. 

Los Reyes Católicos le estaban muy reconocidos por su constancia y lealtad con que les sirvió. Dejó un mínimo de cuatro hijos, que emparentaron con otras
familias Nobles de Galicia.Vivió muy descansadamente D. Diego de Lemos en Ferreira, en donde murió cristianamente y de muerte natural en 1492.

                                                FUENTE:
                                         OS IRMANDIÑOS
                              REVUELTA POPULAR EN GALICIA
                                            1467 a 1469
                                    VIGO, ABRIL DE 2008

                                EMILIO QUIÑONES GIRÁLDEZ

3 comentarios:

  1. Dispongo de legajos que mencionan a Ines Alvarez de Montaos y Sotomayor, y Prego Montaos, asi como Miguel, Antonio y Alvaro de Troncoso y Ulloa

    Una muestra:
    http://www.vigo.comlu.com/Arquivo/legajos1505GenealogiaCarta.jpg

    Uxio Noceda

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    1. Muy interesante Uxio, muchas gracias por compartirlo.
      Yo tengo mucho interés en los Prego de Montaos anteriores a los árboles que has puesto en tu página, imagino que antepasados de estos, en concreto en Garcia Prego de Montaos padre de Pedro Bermudez de Montaos "o vello" que hace testamento en 1445. ¿tienes algo? mi e-mail amatses@et.mde.es
      muchas gracias.

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  2. Hola,muchas gracias por la aportación,lo consultaré ..

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